Cayó Mono Picacho

Publicado el: 23 Mayo, 2017

Por Luis Fernando Quijano Moreno

El 26 de junio de 2014, la ONG Corpades y la Agencia de Prensa Análisis Urbano iniciaron una serie de artículos donde anunciaban que en la comuna 10 (La Candelaria) se había desatado la guerra de las Convivir. La primera entrega fue: Guerra fría al interior del ´Pacto del Fusil´ (primera parte). En este artículo se planteó que la guerra de las Convivir venía arrojando muertos y desaparecidos, además de que era una guerra silenciosa por el control del centro de la ciudad —hasta ese momento—.

Era claro que había una disputa por el control territorial de la comuna 10; en ese momento la institucionalidad, representada por la Alcaldía de Medellín y la Meval de la Policía, presentaba las muertes violentas producto del enfrentamiento como hechos aislados, y obviamente no se hablaba de los desaparecidos —esos poco han importado—. Todavía hoy no se ha dicho quiénes ni cuántos fueron ni dónde yacen sus restos.

En el artículo también se evidenciaba que la institucionalidad había negado de forma constante que el centro de Medellín fuera controlado por una estructura poderosa de 35 Convivir que hacen parte de la Oficina del Valle de Aburrá; dichas organizaciones paralegales han ejercido el control del territorio a través de las armas. La intimidación es uno de sus instrumentos más utilizados.

Se explicó incluso en el texto referido que la guerra de las Convivir no era otra cosa que una guerra silenciosa adentro del Pacto del Fusil, además de que dos bandos se estaban enfrentando, uno respaldado por la Oficina del Valle de Aburrá y el otro apadrinado por las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) rebautizada actualmente como El Clan del Golfo pero que ya ha tenido nombres tan rimbombantes para cubrir su ascendencia paramilitar y mafiosa, Urabeños, Clan Úsuga, entre otros.

Acertadamente se mostró cómo el Pacto del Fusil, establecido en julio de 2013, seguía vigente a pesar de esta confrontación, lo que significaba que los respaldos dados no eran sinónimo de ruptura, era literalmente una guerra fría dentro del pacto.

En el segundo artículo: La guerra silenciosa de las ´Convivir´ (segunda parte), se mostraba cómo avanzaba la guerra, cómo estaban divididos los bandos, quiénes los apoyaban e igualmente quiénes los lideraban; se mostró que uno de los jefes, Diadema, apoyado por La Oficina, era el segundo de alias Carnero, y el otro era Monín de Barbosa, quien tenía a su cargo la zona norte del Valle de Aburrá, cuyo centro de operaciones estaba localizado en Barbosa, asiento de las Convivir también. Este además tenía el apoyo de las Convivir que se dirigían desde Picacho en la comuna 6.

Se presentó una reunión previa a la guerra de las Convivir; Diadema y su gente traicionaron a Monín matando al segundo de este, alias el Tigre, eso llevó a que Monín se le acercara a las AGC —denominadas Los Urabeños en ese entonces—, que lo apoyaron e inició la guerra el 12 de mayo de 2014 con la desaparición del Costeño y la muerte del Tigre. La institucionalidad se dio cuenta en julio de lo que pasaba y con evidencias y todo siguió negando, incluso después de nuestra primera publicación.

El resumen de los dos primeros artículos dejaba las claridades necesarias para una pronta actuación de la institucionalidad; incluso se presentó el mapa de la comuna 10 donde hacían presencia las Convivir, poco o nada importó. La Fiscalía, como suele suceder en el Medellín metropolitano, guardó silencio o, aún peor, obligó a guardar silencio a quienes desde allí se pusieron al frente de las investigaciones, era claro que estaba permeada por el crimen, al parecer hoy continúa igual.

En un nuevo artículo publicado el 4 de julio de 2014, titulado: Poder ilegal se reconfigura bajo amparo estatal (tercera parte) se denunció que alias Monín de Barbosa contaba con el aval de un sector de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, lo que demostraría que la connivencia estatal tendría altos cargos que dan protección oficial.

Se nombró varios de los niveles jerárquicos que estarían comprometidos en la nómina paralela. En su orden: un coronel, un capitán, un sargento, un subintendente, que eran los enlaces. Al parecer no son los únicos que daban protección a quien mejor les pagara, la lealtad a los criminales no ha existido por parte de estos uniformados criminales.

En el cuarto artículo, Crónica de una guerra anunciada (cuarta parte), se recordó que se había elaborado un mapa que mostraba cómo se dividían el centro de la ciudad las Convivir, además de quién era el encargado de cada sector. Lo lamentable es que la institucionalidad, en cabeza de la Meval, seguía sin escuchar, lo que llevó a que no se generaran medidas que contrarrestaran la confrontación dándole seguridad real y efectiva a la población de los territorios involucrados. La omisión del entonces comandante de la Meval y el director de Fiscalías de Medellín ocasionó que se produjeran cuatro muertes y 32 heridos.

También se evidenció cuáles eran las principales Convivir y sus respectivos jefes, nada de esto sirvió para que las autoridades avanzarán en el desmantelamiento real de estas organizaciones que han sido parte sustancial del modelo de seguridad compartido que ha tenido el centro y la periferia de Medellín.

En el quinto artículo, Plazas de vicio: ¿cómo funciona el tráfico de drogas en el centro? (quinta parte), se presentó todo lo relacionado con el tráfico de drogas, incluso con direcciones de algunas bodegas de distribución de alcaloides. Tampoco se hizo nada al respecto, lo que mostraba a leguas que el negocio criminal tenía control del centro, además de que el famoso Monín de Barbosa era Mono Picacho, sí, el recién capturado que cayó tres años después de no tener el control de Las Convivir del norte del Valle de Aburrá. ¿Quién lo protegió todo este tiempo? Pregunta que no será respondida por los que omitieron investigar las denuncias con pruebas presentadas públicamente, uno de ellos es hoy un mayor general de la Policía, director de la Diran, que siempre ocultó lo que en verdad pasaba y hasta el momento no ha sido llamado a responder por sus actuaciones.

En la sexta parte, ¿El centro en manos de quién? de Diadema. ¿Quién es Diadema? La Oficina (sexta parte), no solo se mostró el rostro de Diadema y su nombre de pila Julián A. Agudelo, también se publicó el nombre de John J. Mira Taborda conocido con los alias de  Mono Picacho o Monín de Barbosa quien comenzó a llamarse Negro Picacho.

Además se anunció el fin de la confrontación donde John J. Mira fue derrotado, se habló de la nueva cartografía criminal del centro, además de la reunión donde se acordó la entrega de miembros rasos de las Convivir y de la Policía, un coronel activo al parecer participó en la misma, esto habría ocurrido en una finca de Sabaneta, Antioquia.

Entre octubre e inicios de diciembre se confirmó lo denunciado, eran capturados 19 policías y 23 miembros de las Convivir, todos rasos, nadie de poder, en enero caía capturado alias Diadema, ya no le servía a nadie su permanencia en la coordinación de las Convivir.

¿Cómo es posible que ante las contundentes denuncias el silencio cómplice de un sector de la institucionalidad permitiera que pasara todo esto? 32 heridos, 4 muertos —sin contar los que cayeron de los bandos en contienda y los desaparecidos—. Con la captura de Mono Picacho, recordé todo lo que se había dicho y la indolencia de personas con cargos importantes y claves en la seguridad de Medellín, pensé y me pregunte: ¿Cuándo responderán por todo esto? Entendí que nunca, mentir como funcionario público es un deporte nacional en Colombia, así las mentiras oculten los muertos, heridos y desaparecidos en una guerra en pleno centro de la ciudad que se jactaba de ser la más innovadora del mundo.

Finalmente, debo recordar que diariamente se sacan investigaciones y denuncias sobre los hechos que se presentan en el conflicto urbano y todavía hoy, al igual que en esos tiempos de cortinas de humo en 2014, organismos como la Fiscalía, en el Medellín metropolitano, no han tenido ni el decoro ni el respeto de investigar; prefieren pensar que quienes denuncian son enemigos de ellos y del resto de la institucionalidad, extraña cosa.

Por eso, personajes como el Diablo, Julián Machete, Camilo A., Queso, Kilín, Pichi, podrán estar tranquilos muchos años, aquí no se investiga lo que se denuncia y eso en últimas sirve para que sujetos como Sólido y Diego Chamizo la saquen barata cuando son capturados y pagan penas irrisorias. En últimas son acuerdos jugosos donde solo ganan los que tienen poder en el crimen urbano.


Apunte Urbano

Ningún medio de comunicación ni organización dedicada a la investigación o defensa de derechos humanos está obligada a recurrir a la Fiscalía para denunciar «cualquier situación irregular». Los funcionarios públicos, en este caso los de la Fiscalía, deberían tener como requisito leer y comprender la estructura del procedimiento penal del Sistema Penal Acusatorio (Ley 906 de 2004), que aclara que la denuncia de conductas con características de delito, emitida por un medio de comunicación, se constituye en sí como una noticia criminal y es de obligatoria indagación por parte de la Fiscalía, a través de la Policía Judicial. ¿Por qué la Fiscalía en Medellín y el resto del Valle de Aburrá, no lo ha hecho? ¿Será entonces necesario recoger gran cantidad de investigaciones periodísticas que traen la denuncia en el contenido y mandárselas de oficio al Fiscal General de la Nación o en su defecto a la Vicefiscal? Parece que sí. Allá, creo yo, sabrán definir qué hacer con las mismas. Aquí, en el Medellín metropolitano, no lo saben o no les importa hacerlo, por ejemplo, el caso del Diablo o Demonio de la Tinta.

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