El paramilitarismo no negocia, no se entrega

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Imagen tomada de Kavilando.

Por Monkey D, Dragon*

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IMAGEN TOMADA DE INTERNET.

En más de una ocasión ha salido a relucir la idea de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) conocidos como el Clan Úsuga, Urabeños o bautizados recientemente como el Clan del Golfo de entrar en un proceso de paz. Muchas personas vociferan con júbilo estas acciones de los paramilitares para llegar a un proceso de paz, sin embargo, pocos analizan cuál es el accionar de estos grupos y su proyecto de país.

Los paramilitares proyectan un país medieval, con una ruralidad sometida al latifundio, ojalá con posibilidades de esclavizar personas para que trabajen en sus grandes haciendas. Sueñan con un país donde las mujeres no tengan derechos, las empresas no tengan sindicatos, los estudiantes no se movilicen, los docentes reciten un catequismo… Un país donde los niños disparen desde chiquitos, los abuelos abusen de sus nietas y nietos, donde la justicia deje de ser decorativa y se extinga de una vez; sueñan un país sin democracia y donde el plomo, el machete y la motosierra sea la herramienta para dirimir cualquier diferencia.

Con este sueño han lanzado la idea vaga y risible de querer negociar con la justicia, pero, ¿negociar qué?, supongo que entregar a algunos de sus empleados para que paguen algunas penas a cambio de que el empresariado pueda lavar todo su dinero untado de sangre; enviar unos jóvenes de la ciudad con pistolas a someterse a la justicia mientras los empresarios de la muerte legalizan sus haciendas, parcelas, fincas fruto del despojo y el desplazamiento forzado.

Los paramilitares no quieren negociar, ellos solo bromean y lanzan chistes de este tipo, porque nunca han tenido una actitud de paz, todos los días matan líderes sociales, asesinan campesinos, desaparecen personas que reclaman tierras, persiguen estudiantes, intimidan sindicatos y apoyan a grupos políticos de lo más rancio y corrupto que existe en el país.

La paz es una actitud, una ética de vida. La paz es un principio que estos señores no tienen en su mente, no vivencian, no conocen; saben de lejos que la ética existe, pero la desprecian. Por eso de dientes para afuera dicen que apoyan el proceso de paz, pero matando líderes sociales amenazan a las FARC-EP de manera subrepticia diciendo: “acá en la ciudad los esperamos”.

Un grupo históricamente dedicado al exterminio de líderes sociales, líderes que nada han tenido que ver con la insurgencia, un grupo que mata lideres deportivos, madres comunitarias, lideres juveniles y culturales, presidentes de acciones comunales, desplazados, reclamantes de tierras. Un grupo que jamás ha sido combatido por el Estado, que le rehuía a la guerrilla porque era preferible matar desarmados, es un grupo que vive de agache en un país de impunidad, en un país donde ser paramilitar es un negocio rentable y con un riesgo de seguridad jurídica mínimo.

Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Análisis Urbano.

 

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