Gente de bien

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Por Maveza 

En días pasados, y tras la ola de homicidios que se presenta en el Valle de Aburrá, especialmente en Medellín, el comandante de la Policía Metropolitana, general Óscar Gómez Heredia, en una desafortunada intervención, aseveró: «Aquí a la gente de bien no la asesinan, a los que están matando son aquellos que tienen problemas judiciales», podría pensarse entonces que el general aplaude la violencia por mano propia y se olvida de su deber constitucional y legal de salvaguardar la vida, honra y bienes de todos los habitantes del territorio nacional, sin distingo de clase, posición, ideología o situación jurídica. Ídem, podría pensarse que para el alto mando policial se justifica la pena de muerte, así esta esté proscrita de nuestro ordenamiento jurídico. Sin embargo, y en aras a la prevalencia del principio de buena fe, daremos por sentado que la expresión del comandante fue producto de un lapsus frente el asedio de los medios de comunicación.

No obstante, es importante analizar la expresión «gente de bien», que según la Real Academia de la Lengua Española, se refiere a las personas de «posición social y económica elevada», es decir, solamente aquellos seres humanos de alcurnia y de excelente situación económica caben en dicha definición, y es precisamente allí donde la frase se torna en sí misma excluyente y discriminatoria y, por lo tanto, agresiva frente al concepto primario de dignidad humana. En verdad, el vocablo se encuentra más acorde con la realidad de la época del oscurantismo de la Edad Media, que con la situación actual de una sociedad en búsqueda de romper paradigmas arcaicos que solamente generaron odios y divisiones sociales inadmisibles.

A pesar de ello, en el presente, algunos grupos sociales se resisten a una sociedad igualitaria sin distingos de raza, nacionalidad, posición económica o social, ideología política o religiosa u orientación sexual, etcétera. Dichos grupos se califican a sí mismos como «gente de bien», «gente buena», «gente decente», con lo que pretenden diferenciarse del resto de los mortales, creyéndose titulares de una condición especial que los alucina con ser moralmente superiores frente a quienes no ostentan su «honrosa» condición. En la actualidad, grupos políticos, religiosos, sociales y empresariales, entre otros, dicen gozar de una condición de bondad que los distingue de «los demás», quienes, dicho sea de paso,  no se consideran dignos de alcanzar la «perfección».

Empero lo expresado hasta ahora, no se puede dejar a un lado la historia que constantemente nos recuerda las «memorables» acciones de la gente de bien, verbigracia:

  • Condenaron a Sócrates a beber cicuta.
  • Arrasaron con la cultura griega.
  • Condenaron a Jesucristo y liberaron a Barrabás.
  • Con las denominadas «cruzadas», durante casi 200 años, los «magnánimos» cristianos masacraron a todo aquel que no profesara su religión.
  • En la Edad Media, época del oscurantismo, a través del terror y la intimidación se impidió que el conocimiento científico fuera difundido en general.
  • En el feudalismo, la constante era la esclavitud y el abuso de los señores feudales en contra de sus vasallos, llegando incluso a considerar de su propiedad a estos últimos.
  • En la Primera Guerra Mundial la defensa del imperialismo ocasionó la muerte de al menos dieciséis millones de personas.
  • En el descubrimiento de América, amén de la «evangelización», fueron masacrados, según las cifras más conservadoras, al menos diez millones de aborígenes.
  • En el holocausto nazi, en la Segunda Guerra Mundial, fueron exterminados al menos seis millones de judíos, sin contar los muertos de otras nacionalidades.
  • En Hiroshima y Nagasaki, gracias a la «humanidad» de los Estados Unidos, fallecieron al menos 200.000 personas, sin contar las consecuencias posteriores.
  • Entre 1946 y 1984, la Escuela de las Américas, organización militar norteamericana, graduó 60.000 militares de 23 países, para que a través de la tortura, la desaparición, la ejecución sumaria y la extorsión acabaran la «amenaza comunista».
  • Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha invadido más de cincuenta países alrededor del mundo.

Lo anterior, es un breve recuento de las «virtuosas» acciones de «los escogidos» a lo largo de la historia de la humanidad. Ahora veamos algunos de los preciados actos de la gente de bien en Colombia, en los últimos tiempos:

  • Mediante el Frente Nacional eliminaron la posibilidad del disenso político.
  • Para eliminar la amenaza comunista, se aliaron con los paramilitares y generaron en dos décadas el triple de las víctimas mortales ocasionadas por la guerrilla durante 50 años; además de ocasionar el 80 % del desplazamiento forzado que se cuenta en por lo menos seis millones de personas.
  • Han permitido que durante décadas sean asesinados al menos cien líderes sociales anualmente.
  • Consintieron el genocidio de la Unión Patriótica, caso único en el mundo donde se aniquila físicamente un partido político.
  • A través del clientelismo y el tráfico de influencias han logrado mantener un poder político hegemónico.
  • La corrupción ha hecho metástasis y ninguno de los poderes públicos ha sido inmune a la misma.
  • Los «iluminados» por la divinidad, se valen de la manipulación de conciencias para imponer sus creencias por encima de las certezas científicas.
  • La eficiencia brilla por su ausencia, ante la problemática de los vergonzosos niveles de mortalidad infantil.
  • Amén de lo anterior y entre muchas otras problemáticas, han sido ineptos ante los altos índices de violencia, la precaria atención en salud, la concentración de la riqueza, la exclusión, la discriminación y la inequidad.

Por último, y para quienes crean que faltó incluir los actos de las guerrillas, la izquierda democrática, los opositores políticos, el narcotráfico y la delincuencia común, etcétera, les recuerdo que ellos pertenecen al listado de la «gente mal», la que el general Gómez Heredia, con sus declaraciones justifica matar.

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