Alcalde y exalcalde de Nechí en la cárcel por corrupción

«eso pasó por allá en el 2010, alguien se acercó a mí y me dijo que había la posibilidad de un contrato en Nechí… me pidió la documentación para ser director de un proyecto […] yo se la pasé […] después le pregunté cómo iba el proyecto y me dijo que no lo habían hecho […] que no se había dado. Yo me quedé tranquilo y años después —3 años— me llaman [a decirme] que el contrato sí se había ejecutado […] y yo nunca he hecho contratos con el municipio de Nechí […] Ahí fue cuando me enteré, me mandaron toda la información que supuestamente había firmado, unos pagos muy grandes, y yo todo eso lo pasé a la Fiscalía y ahí fue cuando coloqué la denuncia contra el ordenador del gasto, porque yo en ningún momento firmé un papel o un documento […] Aún al alcalde no lo conocía».

El problema ha dejado de ser las FARC

Entonces, ¿por qué pasó inadvertido todo esto? Porque hubo toda una estrategia mediática que señalaba como principal problema del país a las FARC, así nos estuviera carcomiendo la corrupción y así la falta de ética en las instituciones no fuera culpa de la guerrilla y, por el contrario, esto hubiera ayudado históricamente al recrudecimiento de la guerra y a la violación sistemática de los derechos humanos.

Impunidad directamente proporcional a corrupción

Del lado del legislativo y el ejecutivo el panorama no es menos desolador, dichas ramas del poder público se han visto inmersas en escándalos como el de la parapolítica, la financiación ilícita de campañas electorales, cuyo primer capítulo se encuentra en el proceso 8000 y hoy se ratifica con el ingreso de dineros de Odebrecht a las campañas electorales de 2010 y 2014, e igualmente con los casos de la DNE, Agro Ingreso Seguro, Reficar, Navelena…