Talento de exportación

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Contrario a lo que muchos puedan pensar, al leer el título del presente artículo, el mismo no se refiere a la grandeza de nuestros deportistas que, sin duda alguna, se merecen todos los honores que reciben, más aún cuando en la mayoría de los casos, su primera competencia es contra la pobreza y la exclusión que sufre gran parte de la población colombiana. Nuestros deportistas, en los últimos años, a punta de tesón y esfuerzo, vienen realizando épicas gestas. Son muchas las competencias en el ámbito global en las que aparecen nuestros aguerridos compatriotas dejando en alto el nombre de la nación. Pero tampoco nos referiremos a los compatriotas que realizan grandes aportes a la ciencia y la tecnología desde instituciones como la Nasa, por mencionar solamente una, y que se han convertido en dignos exponentes de la grandeza del pueblo colombiano, que resiste y persiste a pesar de las graves dificultades que afronta.

Contrario a ello, pero no por eso menos importante, nos enfocaremos en la loable gestión que viene realizando el exmagistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia de Colombia, Iván Velásquez, quien, desde finales de 2015, funge como comisionado internacional contra la Impunidad en Guatemala, designado por la Organización de las Naciones Unidas, ONU.

La semana pasada, y como consecuencia de la solicitud elevada por el comisionado Velásquez, en el sentido de levantar la inmunidad al presidente de la República de Guatemala, Jimmy Morales, por actos de corrupción durante la campaña electoral que lo llevara a la presidencia, este último declaró al primero como persona non grata y ordenó su expulsión del territorio guatemalteco, situación que generó gran revuelo en el país centroamericano y un amplio respaldo para el comisionado por parte de la población y de la dirigencia política y judicial, así como de la comunidad internacional y especialmente de la ONU.

Afortunadamente, la Corte de Constitucionalidad en Guatemala decidió, en primer término, suspender provisionalmente la orden de expulsión del país de Iván Velásquez, y tres días después confirmar dicha decisión de manera indefinida, lo que permitirá al comisionado continuar con su labor al lado de la fiscal guatemalteca Thelma Aldana, una de sus principales aliadas en la lucha frontal contra la corrupción en ese país. Según las investigaciones adelantadas hasta la fecha, el señor Jimmy Morales, derechista, protestante y quien antes de ser presidente ejerciera como comediante, en su calidad de secretario del partido FCN-NACIÓN —que lo llevó a la presidencia—, recibió donaciones anónimas y omitió declarar ante la autoridad electoral guatemalteca el origen de algunos de los fondos de su campaña.

Hay que recordar que Iván Velásquez lideró en Colombia el denominado proceso de denuncia de la «parapolítica», en el que el 30 % de los congresistas fueron investigados y condenados por sus vínculos con los grupos paramilitares, amén de por lo menos, más de 500 investigaciones que vinculan a funcionarios locales, regionales y de la fuerza pública colombiana con los grupos ilegales reseñados. No obstante, el reconocido investigador fue removido en 2012 de su cargo por razones que aún hoy son desconocidas, y misteriosamente, desde ese momento, se frenaron las investigaciones que cursaban en la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia por el fenómeno descrito. Habrá que preguntarse entonces, ¿qué intereses «superiores» al de la verdad y la justicia, ocasionaron la salida de su cargo de Velásquez? Igual es necesario reseñar que como consecuencia de sus investigaciones en Colombia, el exmagistrado fue perseguido y, por lo tanto, convertido en una víctima más de las llamadas «chuzadas», nombre con el que se conocieron las interceptaciones ilegales que desde el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), ordenadas para espiar a magistrados, periodistas y líderes de oposición.

Por lo anteriormente reseñado es que no debe extrañarnos que ante el anuncio del presidente de Guatemala de expulsar de su país al Comisionado Velásquez, algunos sectores de la sociedad colombiana manifestaran su beneplácito con dicha decisión y una vez conocida la misma, a través de las redes sociales, iniciaran una campaña de desprestigio en contra de la probidad del implicado. El expresidente Álvaro Uribe fue uno de los más acuciosos con sus comentarios en las redes sociales, actuando en contravía, incluso, de lo manifestado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, entidad que emitió un comunicado donde manifestaba su preocupación por la situación de Velásquez, a quien considera un líder efectivo en la lucha contra la corrupción en el país centroamericano.

Cuánta falta nos hace hoy Iván Velásquez, justo en momentos en los que parece que el velo de la corrupción se corre y que a pesar de los esfuerzos de los factores reales de poder en Colombia por desviar la atención de las investigaciones, y la intervención de los organismos de inteligencia de los Estados Unidos, parece que llevará a feliz término las mismas; definitivamente, hay que traer a colación el refranero popular de nuestros abuelos cuando afirmaban “nadie es profeta en su tierra”.

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