Nuestra historia colombiana ha tenido personajes influyentes, elocuentes, importantes y únicos. Nuestra historia reciente compleja, violenta y llena de problemas ha tenido personajes que han sacado la cara por el país, personas a quienes les ha cabido Colombia en su cabeza. Gente corriente que nos ha demostrado que así como tenemos personajes que dan pena, hay otros que nos llenan de orgullo.

Una de estas personas que cabe dentro de los adjetivos de influyente, elocuente, importante y único es Jaime Garzón. En vida fue abogado, pedagogo, humorista, activista, periodista e incluso político, pues se desempeñó durante un tiempo como alcalde menor de Sumapaz. Otro de los grandes logros que tuvo fue haber sido mediador con la guerrilla del ELN durante muchos años, y haberse sumado al movimiento que terminó por cambiar la Constitución del país en 1991. Además ayudó a traducir este documento a lenguas indígenas.

Jaime Garzón se burló de mucha gente del país en televisión y nunca tuvo pelos en la lengua para quejarse y exponer los problemas del país a través del humor. Caracterizó personajes que representaron la vida nacional como el famoso Godofredo Sínico Caspa, Dioselina Tibaná, John Lenin y Heriberto de la Calle. Esto lo hizo en los programas de Zoociedad, Quac, La lechuza y el noticiero de CM&.

El humorista era brillante, se preocupaba de sobremanera por la sociedad colombiana y hasta se podría argumentar que tenía un futuro en la política desde sus críticas y comentarios acertados de la actualidad colombiana.

Pero lo asesinaron.

Como algunos otros personajes con mucho que ofrecer en nuestra historia, fue asesinado por personas que estaban en su contra y lo consideraban un estorbo. Hoy, 20 años después de su muerte, el crimen aún no ha sido resuelto del todo. Lo que se sabe es que hubo una macabra alianza entre parte del Estado y grupos paramilitares para acabar con la vida de Garzón.

En la madrugada del 13 de agosto de 1999, Garzón se dirigía a un estudio de televisión en Bogotá para trabajar. Por esos días tenía agendada una reunión con el jefe paramilitar Carlos Castaño para hablar de paz y de liberación de secuestrados, pero esto nunca se dio. En un semáforo cercano a la zona de Corferias, una motocicleta con dos sujetos a bordo se le acercó, llamaron su nombre y le dispararon en 6 oportunidades. Apenas un par de días antes de esto Jaime le había dicho a su maquilladora que tenía los días contados y que sentía que en cualquier momento lo iban a asesinar.

Marisol Garzón, su hermana, hoy en día asegura el crimen de Jaime fue de Estado, y está convencida de que no solo fue Carlos Castaño el que dio la orden de la muerte. También, según ella, hubo funcionarios militares involucrados y también y el exdirector del DAS José Miguel Narváez, quien está vinculado a la investigación desde 2011.

La versión de que hubo militares involucrados en esta muerte también fue respaldada por el exjefe paramilitar Diego Fernando Murillo alias Don Berna, quien aseguró a las autoridades en 2015 que el coronel Jorge Eliécer Plazas Acevedo fue clave en la comisión de este crimen

La voz del humor y la sátira política

Garzón cantaba las cosas como era y se iba en contra de algunos personajes sin reparo alguno de lo que decía, e incluso lo hacía a veces a punta de humor y chistes. Aquí entra una de las realidades macabras de nuestro país: cuando alguien gana cierto reconocimiento por sus posiciones y críticas, le salen opositores que llegan hasta las últimas consecuencias para silenciar su voz. Es normal tener opositores y contradictores, lo que no es normal es terminar muerto por dar declaraciones.

A Garzón le encantaba tomar el pelo, pero lo hacía de una forma informada y crítica, y eso es algo que le hace falta a nuestro país. No solo era su gracia sino la forma en la que decía las cosas y su amor por Colombia.

Suyas son frases que hoy recordamos como “este país se escandaliza porque uno dice hijueputa en televisión, pero no se escandaliza cuando hay niños limpiando vidrios y pidiendo limosna. Eso sí no, eso es folklor”, o “si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselos”. También “porque el problema de los colombianos es que no tenemos una consciencia colectiva. Tenemos una posición cómoda e individual ante la vida”, y “En este país, el que no tiene untado el bolsillo con el narcotráfico tiene untada la nariz”.

Su amigo, compañero en televisión y reconocido actor nacional Diego León Hoyos dijo ante las cámaras una vez que “al haber asesinado de esa manera tan vil a Jaime, asesinaron un poco la risa, o sea asesinaron una parte de este país”.

Uno de los escándalos más grandes alrededor del crimen de Jaime Garzón es que estuvo a punto de quedar en la impunidad por casi pasar 20 años sin que fuera resuelto. Esto iba a terminar con la prescripción del crimen, lo que implicaría que los términos se iban a vencer y la justicia colombiana no iba a tener que resolverlo. Todo esto cambió cuando el asesinato de Jaime Garzón fue declarado como crimen de lesa humanidad.

Hoy en día aún esperamos que se sepa toda la verdad sobre el asesinato de este importante personaje de la vida nacional, y no queremos que su nombre caiga en el olvido.