A palabras necias, abrazos ancestrales de paz y amor 

FECHA:

Algunos opinarán que las afrentas personales a la senadora y a la candidata vicepresidencial no son más que ligerezas, sin embargo, dichas afirmaciones denotan el sentir de una gran parte de la población colombiana que se aferra al “statu quo”, al pasado, a lo que ellos consideran “normal”, que no toleran la divergencia, que no admiten que se ponga en riesgo un modelo económico que solamente privilegia a unos pocos, que a otro tanto le genera una ilusión, que aunque no lo crean es vana,  de algún día lograr dichos privilegios, pero que en definitiva, excluye a la gran mayoría de los ciudadanos de vivir dignamente.

Por Maveza

Colombia, 10 marzo de 2022.- El reciente suceso en el cual, Maureen Belky Ramírez Cardona más conocida como Marbelle, se refirió en forma despectiva a la candidata vicepresidencial Francia Márquez, comparándola con el gorila de la película de ficción, King Kong, me llevó a recordar un evento similar en el cual el señor presidente Iván Duque se refirió a la congresista Aída Avella como “la vieja esa”.   Nada que ver, dirán algunos de los adeptos a la corriente política de la cual son dignos representantes los dos contumeliosos; no obstante, pienso que en realidad los dos eventos demuestran a las claras el desprecio que las élites de este país y algunos advenedizos que seguirán intentando, sin éxito, subirse a dicho curubito, sienten por todo aquel que represente la diferencia, la diversidad, por quienes defienden a los excluidos, a los olvidados, a los humildes, a quienes hablan “raro” como homenaje y respeto a sus “mayores y mayoras”, en definitiva y para seguir incomodando a los “puristas” del lenguaje, a “los y las nadies”, tal como los describiera Eduardo Galeano.

OTRA COLUMNA

«La vieja esa»

Algunos opinarán que las afrentas personales a la senadora y a la candidata vicepresidencial no son más que ligerezas, sin embargo, dichas afirmaciones denotan el sentir de una gran parte de la población colombiana que se aferra al “statu quo”, al pasado, a lo que ellos consideran “normal”, que no toleran la divergencia, que no admiten que se ponga en riesgo un modelo económico que solamente privilegia a unos pocos, que a otro tanto le genera una ilusión, que aunque no lo crean es vana,  de algún día lograr dichos privilegios, pero que en definitiva, excluye a la gran mayoría de los ciudadanos de vivir dignamente.

Frente a los primeros, es obvio que se opongan a las transformaciones que les impedirían seguir usufructuando el Estado para su beneficio personal. Llevan más de doscientos años repartiéndose con una élite económica el erario, algunas veces unos, algunas veces los otros y cuando ya los identificaron plenamente como azules y rojos, se difuminaron en grupúsculos, como reza el refrán “la misma perra con distinta sarna”;  de otro lado, el segundo sector que anhela hacer parte del selecto grupo de “elegidos” termina instrumentalizado como consecuencia de ese casi seguro sueño frustrado, y como instrumento del poder logran convencerlo, y de esa manera lo terminan utilizando para someter consciente o inconscientemente a las mayorías y que el enemigo es aquel que nada tiene, aquel que a duras penas sobrevive, aquel para quien las oportunidades no existen, aquel que nació con la cruz a cuestas, en definitiva, aquel que no cuenta para quienes ostentan el poder.

La estrategia de los poderosos ha funcionado a la perfección ya que solamente necesita, de cuando en vez, repetir que aquellos que reclaman mayores oportunidades y una vida digna son los enemigos del desarrollo, de la democracia, de las libertades, que dicho sea de paso solo ellos ostentan, del progreso, que quieren todo regalado (mientras los poderosos logran todo robado), en definitiva, que son los enemigos de la patria.  Ello ha conllevado a que se pierda la empatía, la solidaridad, el amor al prójimo (entendido como el próximo y sin excepciones), la convivencia pacífica, el perdón, la tolerancia y hasta la paz misma, y en ese río revuelto donde ellos son los pescadores, prime el odio, el deseo de venganza, la exclusión, la discriminación, la ofensa, la agresión, en fin, que todo sea un caos y que unos y otros se enfrenten entre sí para que no puedan percibir la realidad, y para rematar, los poderosos y sus súbditos se autodenominan “gente de bien”, y así la bondad solamente es apariencia, su esencia se pierde en el templo de la egolatría y el egocentrismo.

No obstante, en medio de tanta confrontación, todavía existen voces valientes como la de Francia Márquez, mujer, negra, humilde, progresista, divergente, luchadora y mucho más, que al odio responde con amor, a la ofensa con elogios, al agravio con perdón, a la discriminación con inclusión y al grito de guerra con un abrazo infinito de paz, como el gorila de la ficción, “POR EL AMOR DEL OTRO HASTA LA VIDA MISMA”

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