Por: Iván Márquez

Celebramos que haya concluido el prolongado calvario de la injusticia al que fue sometido Jesús Santrich. Confieso que no estábamos preparados para una bienvenida a los tiempos del post acuerdo con los brazos abiertos de una justicia podrida, cuyo cabecilla era el propio ex fiscal general Nestor Humberto Martínez en concierto con el embajador de Estados Unidos Kevin Whitaker. Qué daño le hicieron a la inocencia, a la buena fe y a la credibilidad. Nada más abominable y absurdo que un montaje judicial para intentar destruir la esperanza de paz de un pueblo.

Los promotores de la lapidación mediática del negociador de paz, enceguecidos, nunca pensaron en la presunción de inocencia ni en el debido proceso. Para ellos la verdad revelada es lo que diga EEUU, sin ningún tipo de reflexión, ni análisis ni pruebas. En medio de la pataleta y la contrariedad que le provocó la decisión de la Corte Suprema de Justicia, el presidente Duque opinó que Santrich era un mafioso que debía estar tras las rejas, mientras una columnista gritaba casi histérica: EXTRADÍTENLO!

Tendríamos que ser unos caídos del zarzo para tragarnos el cuento que Santrich -un invidente- tenía acopiadas 10 toneladas de cocaína para enviarlas a los Estados Unidos. ¿Cuándo y en qué laboratorios la procesó? Sus escoltas policías que lo acompañaron desde que llegó a Bogotá desde La Habana, debieron darse cuenta… ¿Por qué no les preguntan? Ellos sí conocen el día a día de la agenda política del calumniado. ¿En qué lugar descubrieron las bodegas o depósitos? En ninguna parte, porque se trata de una invención delirante. ¿De dónde iba a sacar Santrich una flotilla de aviones para exportar el mayor cargamento de cocaína desde Colombia? ¿Quiénes eran los destinatarios en los Estados Unidos? Mentirosos descarados. Los colombianos tienen que creer toda esa basura? Con eso dañan el corazón de la paz porque lo intoxican con desconfianza e inseguridad jurídica. No se le puede creer a los tramposos. Se aprovecharon de la invidencia de un hombre para filmarlo como les vino en gana. Ahora están quedando al desnudo con la edición chambona de unos audios que solo confirman la mentira.

No queremos más falsos positivos; ni de estos -catalogados como judiciales-, ni de los que produjo la Directiva 029 del Ministerio de Defensa del Gobierno Uribe que segó la vida de miles y miles de jóvenes inocentes.

Mi propósito no es molestar a nadie con este análisis, sino llamar a la reflexión sobre este caso concebido de manera torcida para dañar la paz de Colombia.

Lo que ocurre es que aquí hay alguna gente que le tiene mucho miedo a la verdad y a que se conozca su gran responsabilidad en el conflicto, y por eso prefieren arrastrar la paz hasta lo más profundo del infierno.

Bueno es conocer a los responsables de la violencia, a los que emitieron las órdenes desde la cúpula política, y no solo, sino de la violencia más violenta que es la generada por las politicas económicas y sociales que han cobrado más víctimas que la guerra, no para que padezcan el castigo de las cadenas, sino para que se comprometan con el nunca más que no quieren pronunciar sus labios ni su conciencia. Eso es lo que diferencia a la justicia restaurativa convenida en La Habana con el el látigo cruel del derecho penal de enemigo que solo se descarga con rencor sobre el espinazo de la gente humilde.

Se puede vencer la mala energía que propagan los enemigos de la paz y la verdad. Hay un sin número de almas buenas desconocidas que desean con todas las fuerzas de su corazón el triunfo de concordia sobre el odio y la venganza.

Liberado Santrich hay que proceder ahora a la liberación de la paz. DEFENDAMOS LA PAZ con la movilización en masa de la conciencia nacional. Que la paz salga de la penitenciaría de La Picota para que pueda anidar, luego de muchas décadas sin rumbo, en el corazón ardiente de los colombianos.