‘Alfredillo’, el hijo de “El Chapo” Guzmán, estuvo meses en Medellín

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(La Agencia de Prensa Análisis Urbano publica este trabajo con la autorización de la revista mexicana Proceso)

Por Rafael Croda

MEDELLÍN.- Jesús Alfredo Guzmán Salazar, hijo del narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán y quien el mes pasado fue incluido en la lista de los 10 más buscados por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), estuvo varios meses viviendo en Medellín, la segundad ciudad más importante de Colombia y la cual se ha convertido en un sitio “seguro” para altos mandos del Cártel de Sinaloa con problemas en México.

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Así lo dice a Proceso un informante de organismos de seguridad colombianos que trabaja, además, con agentes de la DEA y el FBI que tienen su base en este país.

La fuente consultada, quien habló con este semanario con la condición de mantener su identidad en el anonimato, afirma que Guzmán Salazar, conocido como el “Alfredillo”, arribó a Medellín hace dos años, luego de que fuera secuestrado y liberado en agosto de 2016 por un grupo rival del Cártel de Sinaloa en el restaurante La Leche de Puerto Vallarta.

“Llegó a Envigado (un municipio del área metropolitana de Medellín) protegido por La Oficina (el grupo delincuencial dominante en esta urbe) y aquí se dio una gran vida y no dejó de hacer negocios de droga”, indica la fuente.

Un alto jefe de La Oficina confirmó a Proceso la información y en un celular mostró una foto en la que Guzmán Salazar aparece con una mujer parecida a la actriz Kate del Castillo.

“Es él. Es el hijo de ‘El Chapo’”, dijo señalando al joven de la foto, y aseguró que Jesús Alfredo Guzmán Salazar estuvo en Medellín con el conocimiento y el aval de una facción de La Oficina conocida como La Terraza, que tiene una fuerte presencia en Envigado y que se encargó de su seguridad.

La Policía Nacional de Colombia (PNC) y agentes de la DEA y el FBI en Colombia también tuvieron conocimiento de la presencia del hijo del “Chapo” en Medellín, pero nunca lograron ubicarlo.

“Actuaron tarde y siempre estuvieron un paso atrás de él”, considera la fuente consultada.

Un oficial de inteligencia de la Policía Nacional autorizado para hablar del caso con la reserva de su nombre dice que agentes de la institución investigaron el asunto, pero nunca lograr establecer si Guzmán Salazar estaba en Medellín.

“No descartamos que haya estado y que se haya ido antes de que llegáramos a él, pero, por la información que recabamos, no creemos que haya sido algo así como un jefe de plaza del Cártel de Sinaloa en Medellín o en Colombia. Nosotros seguimos varios indicios, hicimos los procesos investigativos necesarios, pero no pudimos comprobar algo así”, señala.

Las autoridades saben que el hijo de “El Chapo” estuvo en Medellín con otra identidad y que se movía con mucha discreción, cautela y resguardado a prudente distancia por sus escoltas entre Envigado y los exclusivos sectores de El Poblado y Las Palmas, donde tenía lujosos departamentos en los que hacía fiestas privadas a las que asistían mujeres jóvenes y atractivas y amigos que hizo en Medellín.

También se desplazaba frecuentemente con su séquito a fincas cercanas a la ciudad.

“Le gusta consumir whisky, mariguana y perico (cocaína) con sus amigos y sus amigas. Y de música, le gustan las norteñas mexicanas y el reguetón”, asegura el informante de la policía y las agencias estadounidenses.

Afirma que donde más tiempo pasaba era en el pent-house de un edificio de departamentos de personas de altos ingresos en un barrio de Envigado.

El inmueble siempre estaba custodiado por escoltas que hacían rondines en autos modestos y sin hacer ostentación de sus armas para no llamar la atención. Nunca salía sin al menos 15 de ellos, pero sólo él usaba un vehículo blindado. Era un Toyota Prado de color gris.

Sus escoltas eran gente de un poderoso sector de La Oficina que tiene presencia en esa zona del área metropolitana de Medellín. Allí, en Envigado, fue justamente donde el capo del narcotráfico Pablo Escobar fundó La Oficina hace tres décadas como brazo armado del Cártel de Medellín.

En Envigado sigue mandando el ala más tradicionalista de esa organización delictiva y una de las más conectadas con sectores políticos y empresariales.

Algunos de los escoltas del “Alfredillo” hicieron amistad con él y este los incorporó al negocio que había de emprender en Medellín, la ciudad que Pablo Escobar convirtió en el epicentro mundial del narcotráfico en los años 80.

De Vallarta a Medellín

De Jesús Alfredo Guzmán Salazar, el “Alfredillo”, se sabe que en mayo pasado cumplió 35 años y que es el segundo hijo varón de el “Chapo”. El primero es su hermano Iván Archivaldo, “El “Chapito”.

La madre de ambos es Alejandrina Salazar Hernández, la primera esposa del que fuera el jefe máximo del Cártel de Sinaloa y quien hoy está preso en Estados Unidos y sometido a juicio por varios cargos de narcotráfico en una corte federal de Brooklyn.

El 15 de agosto de 2016, el “Alfredillo” y su hermano Iván Archivaldo fueron secuestrados en el restaurante La Leche de Puerto Vallarta por un comando del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), como parte de la disputa territorial que libran ese grupo delictivo y el Cártel de Sinaloa en varias regiones de México.

Cinco días después, y gracias a las gestiones de Ismael “El Mayo” Zambada, los hijos de “El Chapo” –quienes junto con su medio hermano Ovidio Guzmán López encabezan una de las facciones del Cártel de Sinaloa— fueron liberados a cambio del pago de un rescate.

El arribo del “Alfredillo” a Medellín ocurrió a finales de septiembre de 2016, unas semanas después de su liberación en México.

“Lo primero que hace cuando lo liberan es arrancar (huir) para Colombia”, asegura el informante de las agencias de seguridad colombianas y estadounidenses consultado por este semanario.

La fuente explica que atuvo acceso a esa información muchos meses después de que el “Alfredillo” llegara a Medellín, cuando el heredero de “El Chapo” había decidido echar a andar un negocio de elaboración de cocaína en una zona semirural de Envigado.

“Primero montó un laboratorio de procesamiento de coca en el que tenía trabajando como 20 gentes. Yo ya tenía contacto con una de ellas y fue la me comenzó a pasar información del mexicano. Muy pocos sabían que era el hijo del ‘Chapo’, muchos le decían ‘El Charro’”, relata.

Dice que a través de un trabajo de inteligencia de varios meses por el que esperaba recibir una recompensa, se enteró de que “El Charro” era en realidad el hijo de “El Chapo” que había sido secuestrado y liberado por un grupo rival del Cártel de Sinaloa en México en 2016.

“Arriesgando mi vida, me reuní con una gente que estuvo muy cercana a él y que me contó su historia y lo que estaba haciendo en Medellín. Estaba manejando mucho dinero que invertía con un grupo de empresarios. Ahí hay metidas empresas conocidas que están bajo investigación”, asegura.

Dice que la facción de La Oficina que lo protegía y que lo contactó con empresarios locales recibía una participación de todos sus negocios en la ciudad, tanto de lavado de dinero como de producción y exportación de cocaína.

“Él llegó a tener dos laboratorios de cocaína (en los que se transformaba pasta base de coca en clorhidrato de cocaína) en los que producía unos 100 kilos semanales de cocaína. Cada mes sacaba de ahí un camión cargado con 400 kilos que mandaba por tierra a Buenaventura (el principal puerto del pacífico colombiano), de donde se iban por mar a México”, asegura.

El informante tiene fotografías del camión que utilizaba el hijo de “El Chapo” para transportar la droga a Buenaventura, así como de los vehículos que utilizaban algunos de sus guardaespaldas.

Proceso las conoció, al igual que agentes de inteligencia de la Policía Nacional, pero su publicación pondría en riesgo al informante y una investigación que está en marcha.

A finales del año pasado, cuando organismos colombianos de seguridad, la DEA y el FBI creían tener indicios para presumir que el hijo de “El Chapo” se encontraba en Medellín y realizaba actividades ilegales, este desapareció, lo que echó por tierra la investigación que se desarrollaba y en la que participaban las agencias estadounidenses.

Según la fuente consultada, Guzmán Salazar volvió a aparecer en Medellín a mediados de febrero pasado y se estableció de nueva cuenta en Envigado.

Asegura que, incluso, Guzmán Salazar patrocinaba un equipo de futbol de un barrio cercano al barrio semi-rural donde estaban sus laboratorios para procesar clorhidrato de cocaína.

Al regresar, “algunos sábados iba a ver los partidos de su equipo acompañado de sus amigos y de mujeres muy lindas”.

Hace cuatro meses, se le volvió a perder el rastro. Agentes de inteligencia de la Policía Nacional investigan si Guzmán Salazar fue alertado por alguna autoridad a través del grupo de La Oficina que lo protegía o directamente.

Los agentes creen que el hijo del “Chapo” regresó a México o está escondido en una ciudad del Eje Cafetero colombiano bajo la protección de los aliados del Cártel de Sinaloa en Colombia.

En cualquier caso, la DEA lo incluyó el mes pasado, por primera vez, en su lista de los 10 delincuentes más buscados.

Allí aparece junto a los también jefes del Cártel de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada y Rafael Caro Quintero, y al líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, quien lo mandó a secuestrar en agosto de 2016.

PROCESO

RC

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