El presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado (FOTO), aseguró este domingo que «hay que entender la lucha contra el cambio climático como un cambio global» en nuestra forma de vida, y que la humanidad «debe avanzar en bloque» para revertir sus efectos, no solo a nivel ambiental, sino también económico y social.

«Y esto no es opcional», dijo Alvarado en una entrevista con Efe en Madrid antes del comienzo de la cumbre mundial del clima o COP25, que se desarrollará del 2 al 13 de diciembre en la capital española.

Según Alvarado, que espera que de esta cumbre salgan «metas ambiciosas», la lucha por la conservación medioambiental del planeta debe ser «transversal» con los derechos de las personas, la inclusión, la equidad y el género.

«Nos hemos resistido a entender esto como una transformación total de nuestra forma de vida, de nuestra forma de producir, pero tenemos que entender que si no se hace, el futuro de la humanidad puede ser muy complejo», indicó el mandatario.

«Hay que aceptar la situación crítica en la que estamos, pero acto seguido cambiar», subrayó.

Según Alvarado, a diferencia de anteriores reuniones, ahora «ya no solo hablamos de cambio climático, si no de emergencia y crisis climática, es decir, ya no estamos en un plano meramente conceptual».

«Hay que tomar acciones porque es inminente, y no solo tiene que ver con un cambio climático aislado, si no que afecta a todas las dimensiones de nuestra vida», precisó.

COSTA RICA, UN REFERENTE EN LA LUCHA

Costa Rica se ha convertido en uno de los países referentes en la reducción de emisiones, las energías limpias, la electrificación del transporte, el manejo de residuos o las prácticas agropecuarias resilientes y adaptadas, que serán presentadas como propuestas en la COP25.

«Hemos planteado metas ambiciosas en nuestro plan, pero tiene que ser un movimiento común de los países y la humanidad. Venimos a la cumbre a hacer un llamado para eso», señaló Alvarado.

Ese necesario cambio, según el presidente costarricense, no significa que vaya a haber un impacto negativo en los países: «al contrario, generará nuevos empleos, formas de producción más económicas y para aquellos sectores que tengan algún impacto hay medidas de compensación».

LOS PAÍSES NEGACIONISTAS

Frente a la postura de los gobiernos de algunos países -como el de Donald Trump- que niegan la existencia de una crisis climática, Alvarado aseguró que prefiere apostar, más que por los mandatarios, por las personas.

«Encuentro esperanza más que en los países en la gente. Las personas tienen gran conciencia y desde su individualidad actúan cambiando sus formas de consumo, organizándose para trabajar en su entorno inmediato, regionalmente y a nivel político nacional», dijo.

Esas personas, fundamentalmente los jóvenes, cuando votan «quieren saber qué hacen sus líderes en materia de cambio climático y es esa responsabilidad la que me hace tener esperanza. Mientras la gente demande este cambio, hay esperanza en que haya cambio también en la esfera política».

Y en ese cambio, según el mandatario, tendrán mucho que ver los pueblos originarios, las mujeres y los jóvenes, por eso «debemos escuchar la voz de los distintos movimientos y pueblos porque todos tienen algo que decir en esto».

«La discusión del tema del cambio climático no solo es una discusión sobre el cambio climático. Esa misma realidad con otros lentes se llama pobreza, migración, pérdida de la biodiversidad, inundación, sequía», aseguró.

MOVIMIENTOS SOCIALES EN AMÉRICA LATINA

Esas realidades son las que han despertado los movimientos sociales en cadena que se están dando en la región, desde Chile a Ecuador o Colombia, pero también en otros países como Bolivia o Nicaragua, aunque en estos dos últimos casos el factor electoral ha jugado un papel importante.

«Todas las democracias en América Latina nos estamos poniendo a prueba porque cada vez tenemos que responder a las inquietudes y retos de las personas y desde hace décadas hemos ido perdiendo esa capacidad», señaló Alvarado.

El acceso a las redes sociales ha generado debates polarizados «maniqueos», y por eso «la democracia está sometida a mucha presión y la dificultad de dar respuestas inmediatas ha generado también altos niveles de insatisfacción».

«Los movimientos actuales que se ven en toda la región tienen un gran componente de insatisfacción social, pero no necesariamente están articulados alrededor de una agenda política o de reivindicación clara», indicó Alvarado, quien considera que tienen que ver más con «algún tipo de explosión espontánea».

«Y eso es un gran reto porque nos corresponde responder sin tener claridad de quiénes son las contrapartes, a esos niveles de insatisfacción, manteniendo una gran dosis de democracia, de respeto a las instituciones y a los derechos humanos», aseveró.

EFE