Hay una realidad escondida en Medellín, una de relatos pavorosos de terror, que no mucha gente conoce y que atormenta a aquellos quienes son víctimas de ella. Es una realidad oculta y apartada, de pocos testigos y de relatos crueles. Es una realidad que las autoridades niegan y tratan de que poco se sepa de ella: la de las casas de tortura y pique.

Estos lugares han sido utilizados en Colombia por distintos actores para desaparecer a quienes les estorban en sus intereses. Distintos ejemplos y casos de esto se han producido en Colombia desde los años 70, con mafiosos desmembrando a sus víctimas y metiendo las partes en un vehículo hasta enterrándolos en bolsas, como se conoce que ha sucedido en Buenaventura en la actualidad.

La utilización de estas casas por parte de las diferentes mafias dan lugar a un fenómeno en el que el homicidio y la desaparición se mezclan. Las víctimas de estos casos no solo sufren de un homicidio, sino que sus familiares y allegados pasan años buscándolos sin saber que sus partes fueron diseminadas por distintos lugares. Es muy difícil, después de un desmembramiento, encontrar los restos de una persona.

La naturaleza de estas situaciones hace que sea así.

Otros casos se han conocido de víctimas cuyos familiares sí conocen lo que les sucedió, pero dentro de la práctica del desmembramiento se incluye una obligación de silencio, que hace a los familiares no revelar detalles a las autoridades sobre la suerte de sus víctimas, aunque es de conocimiento que hayan sido desmembrados.

Esto deja una gran interrogante que tiene que ver con cómo miden las autoridades -o cómo lo hacen en público- el tema de violencia en la ciudad. La gran mayoría de lo que se habla para medir la violencia en Medellín tiene que ver con el aumento o la disminución de los homicidios en la ciudad. Pero, ¿qué pasa con los desaparecidos entonces?

Existen cifras que se actualizan día a día sobre la cantidad de homicidios que se dan en Medellín, e incluso instituciones como la Alcaldía se jactan de ciertos periodos en los que no se registran muertes violentas. No obstante, no existe un consolidado de cuántas personas están desaparecidas y desapareciendo en la ciudad, y mucho menos se conoce sobre qué pueden estar haciendo con ellas.

Lo que se sabe es que algunas de las personas desaparecidas en Medellín han aparecido días y meses después en distintas fosas que por lo general se encuentran en áreas rurales o semi rurales. Una práctica común que acompaña esto es que los cuerpos están acompañados por cemento y cal, lo que forma una aleación química que permite que en el lugar no queden huellas y por tanto sea muy difícil rastrear a los responsables de estos crímenes.

Otra cosa que ha resaltado de estos casos -que, repetimos, corresponden a asesinatos cometidos en Medellín- es que los cuerpos se encuentran desmembrados, y en ocasiones los restos de una misma persona están en diferentes lugares. Esto demuestra que aunque lo nieguen las autoridades, en Medellín sí se producen desmembramientos, y por lo tanto sí existen las casas de tortura y pique.

En los lugares mencionados también se lleva a las personas no con intención de asesinarlos sino de torturarlos para obtener información u obligarlos a hacer algo. Dentro de las prácticas comunes que se conocen está la tortura con batea, con bolsa plástica (en la que se amarra la cabeza de la víctima con la bolsa), ahorcamiento, ataque con armas de fuego y armas blancas y por último el desmembramiento con la víctima viva.

Práctica de terror

En Medellín estas casas cogieron fama desde los años 70, cuando los narcotraficantes las usaban para desaparecer a sus enemigos. Otro punto crítico el que se usaron fue con la invasión de los grupos paramilitares a la ciudad en los 90 y primera década de los 2000. No obstante, esto no es una realidad del pasado.

Un ejemplo de esto fueron Andrés Felipe Vélez Correa, Santiago Urrego Pérez y Jaime Andrés Manco Gallego, jóvenes oriundos de la Comuna 13 que desaparecieron el 18 de septiembre de 2018. Sus cuerpos no aparecieron sino hasta 73 días después en una fosa común, con sus partes desmembradas. La desaparición, a propósito, se dio en un día cuando un boletín de la Alcaldía de Medellín anunció que no habían ocurrido homicidios.

Otro caso que vale la pena mencionar es el del 1 de enero de 2019, cuando tres bolsas plásticas negras fueron encontradas cerca del Aeroparque Juan Pablo Segundo. Se supo que dentro de las bolsas estaban las partes de un cadáver desmembrado y en avanzado estado de descomposición. Según informaciones, esta persona había sido descuartizada días antes en una casa de tortura y pique en Belén Rincón.

13 días después, los cuerpos desmembrados de dos hombres aparecieron en el barrio Ancón II de Copacabana contenidos en bolsas plásticas. Los hombres eran de la Comuna 13, y se cree que fueron decapitados allí y luego llevados a Copacabana o que fueron directamente citados a este municipio donde los asesinaron.

Un caso más lo conoció la Agencia de Prensa Análisis Urbano de primera mano, pero decidimos no revelar los detalles por seguridad de las fuentes. Estas personas fueron testigas de cuando integrantes de la banda de un barrio se llevaron a un hombre dentro de una casa, y luego de escuchar gritos de dolor, salieron del lugar con bolsas plásticas y cuchillos untados de sangre.

En esta situación los bandidos le dijeron a los aterrados testigos <<quédense quietos y callados. No han visto nada>>.

Al mediodía del pasado 3 de septiembre fueron encontradas, al sur del Valle de Aburrá, los cadáveres de dos mujeres entre cobijas, plásticos y papel chicle. Las mujeres, como en los demás casos mencionados, presentaban signos de desmembramiento.

El pasado 11 de septiembre un habitante de calle que se encontraba cerca de la Plaza Minorista advirtió que había en la calle una extremidad de una persona cortada. El pie de quien era una mujer de unos 40 años fue dejado allí, y cerca, envuelto en bolsas y picado, estaba el resto de su cadáver. Aunque el caso no fue muy sonado en los medios, es una evidencia más de los desmembramientos que ocurren en nuestra ciudad.

El último caso del que tenemos conocimiento fue el del cadáver de un hombre que apareció embolsado, desmembrado y amarrado por cables en el barrio Zamora de Bello. El cuerpo fue encontrado el pasado 15 de septiembre.

Hay que decir que las víctimas de estas prácticas no necesariamente hacen parte de bandas criminales. Ni si quiera, para esos efectos, tienen que ser mayores de edad. En 2013 se conoció el macabro caso de dos menores de 11 años quienes fueron desmembrados en el barrio Nuevos Conquistadores. Sus restos de encontraron enterrados en Belén Aguas Frías.

En principio, este escenario fue negado por completo por la alcaldía de Aníbal Gaviria, y no fue hasta después que se confirmó que sí había sucedido. También está el caso de dos jóvenes de 15 años quienes fueron descuartizados en el barrio Villatina en 2012.

Todo esto, como ya mencionamos, se da entre un aparente silencio por parte de las autoridades. Las cifras sobre personas desmembradas han sido minimizadas y escondidas entre otras realidades de violencia que parecen ocultarlas. Un coronel de la Policía incluso afirmó en 2016 que <<en Antioquia no hay casas de pique>> cuando Medicina Legal había afirmado que en el 2015 hubo 24 desmembramientos en el departamento.

Las elecciones para alcalde y gobernador están próximas, y dentro de los muchos temas de seguridad que se discuten es necesario poner en la mesa el de las casas de tortura y de pique de nuestra ciudad.

Aunque resulta un tema incómodo, los candidatos deben pronunciarse en el sentido de que los homicidios no son el único indicador de violencia en nuestra ciudad. Los desmembramientos, que pasan por ser un tema de agache en la ciudad, tienen una vital importancia en cuanto a que es una práctica de violencia que genera terror en Medellín y el Valle de Aburrá.

Para las próximas elecciones es imperativo que se deje de negar la existencia de las casas de tortura y pique en nuestra ciudad, y que el tema sea discutiendo para tratar de buscar cómo hacer para que estas dejen de existir.

Apunte Urbano

Según el periódico el Q´hubo del 17 de septiembre, en lo corrido del año 2019 se han reportado 23 casos de personas halladas sin vida que previamente fueron torturadas y envueltas ya sea en costales, colchones, sabanas o papel chicle, en otros casos aparecieron partes de los cuerpos en el río Medellín. Eso viene ocurriendo en la ciudad metropolitana de Medellín (Valle de Aburrá), el último caso se registró en El Playón de los Comuneros el domingo, el día anterior ya se había encontrado en el corregimiento de San Cristóbal otro ser humano de sexo masculino envuelto en un colchón.