Doscientos años de desafíos: Abordando la historia y construyendo el cambio en el Litoral Pacífico

FECHA:

Quibdó, Chocó, 27 de enero de 2024

Bien. Hay una historia aquí detrás de este evento larga, de siglos, de la cual siempre hay que partir.

Es indudable que aquí, como lo hemos dicho en todo el Litoral Pacífico, este es el último evento de una semana; una semana en donde el Gobierno Nacional ha estado en el Litoral Pacífico desde Nariño hasta acá, esa semana se confronta con dos siglos en la vida republicana de Colombia, de absoluta soledad del Chocó y del Litoral Pacífico en general.

Doscientos años de soledad, decíamos al principio de estas intervenciones. Y una semana de gobierno no va a poder contrarrestar realmente doscientos años de soledad.

Porque esos doscientos años –más, antes–, cuando éramos una colonia de los españoles y los españoles trajeron a muchos de los abuelos y abuelas de aquí a la fuerza de las tierras de África, para sacar las riquezas de Antioquia, en primer lugar, del Cauca, del Chocó, porque iban descubriendo el oro, que era lo único que les interesaba.

A ellos no les importaba –y esto es importante para el análisis de hoy– la salud de los indígenas. Algún cura español habló por ellos. No les importaba si se enfermaban, si morían. Pero apenas morían si les importaba que el muerto ya no podía sacar el oro. Y entonces por eso trajeron lo que consideraban gente más fuerte del África para lo mismo, para sacar el oro.

Tampoco les importaba qué pasaba con ellos y con ellas. Determinaron por cédula real que ellos y ellas y sus descendientes, sus hijos, hijas, nietos, nietas, tataranietos, tataranietas y de ahí en perpetuidad, iban a hacer su propiedad privada. Serían esclavos.

Y la de demostración de esa esclavitud era la cadena de hierro y el cepo. La triste realidad con la que trajeron al pueblo negro del África hacia acá, hacia Norteamérica y Centroamérica y Sudamérica, y nuestra tierra colombiana, que en ese entonces no se llamaba Colombia, no era más que condenarlos a perpetuidad a la cadena de la esclavitud.  

¿Cómo no va a haber entonces doscientos años de soledad? Hay quinientos años de soledad.

Algún cura, también español, decidió defenderlos, pero su voz no era escuchada.

No importaba la enfermedad, no importaba la muerte; en el negocio del oro no importaba el ser humano. El ser humano era un simple instrumento para cavar la tierra o para lavar el agua del río. No más.

Un instrumento para la codicia de otros. Ellos, muy de piel blanca, con títulos aristocráticos y viviendo en la España en aquel entonces o después en la vida republicana en Bogotá, Popayán o Medellín o Cartagena.

Así se construyó Colombia.

Y así se construyeron los principales países de América Latina. Sobre la esclavitud.

Éramos independientes. Nada duro sabían luchado por la independencia como el famoso Padilla almirante hoy gran almirante gracias a este gobierno. Que lo recuerda y le dio ese título de eran almirante sin él no hubiera habido independencia en Colombia, porque detuvo la flota que venía a la segunda reconquista y nos hubiera masacrados como la primera flota española.

Hijo de negro y de wayú. Indígena y negro el principal almirante de Colombia al que todos los blancos y mestizos negros indígenas jóvenes y viejos le debemos, hombres y mujeres, le debemos la independencia de Colombia.

Sin embargo. No eso no acabó con la desigualdad ni el racismo ni la mirada torva de la xenofobia. A José Prudencio Padilla lo fusilaron en el centro de Bogotá.

Y dicen que él fue fusilado héroe de la patria, fusilado por Bolívar, dicen, porque muchos le tenían bronca y hablaban mal de él porque era negro. Porque no jugaba en los salones de baile de aquel entonces de la primera aristocracia nacional.

Y así hemos tenido estos doscientos años de soledad. Incluso hay una y, pues obvio, interesante el último que recuerdo de esa historia, que hay que escribirla una y otra vez ya profundidad. Ojalá historiadores negros y negras la escriban. Decía Joe arroyo la historia negra. Esa historia hay que escribirla, incluso desde sus raíces culturales más profundas.

Un pre​sidente indígena, el general Melo

​Pero una vez o aquí un presidente indígena. Fue el último oficial de Bolívar. Teniente era cuando Bolívar daba sus batallas y fue ascendiendo porque en el Ejército Libertador se podía ser libre. Era uno de los dos lugares donde se podía hablar de libertad en Colombia.

Todo el que ingresaba al Ejército Libertador era libre. Por eso ingresaron tantos negros a liberarse sí mismos a través de la lucha de la independencia.

Ese indígena lo hizo y ascendió a general. Todavía no he podido conocer el primer general indígena en la actualidad. Pero el Ejército Libertador lo hizo.

Ese general, José María Melo, porque los obreros de Bogotá los artesanos tratando de defenderse de los neoliberales del entonces, que querían importarlo todo para vestirse de lujo, lo eligieron presidente, el jefe del Ejército Libertador, en 1851. Y fue presidente ocho meses. Ocho meses. Mientras se discutía cómo se liberaban los esclavos porque aún medio siglo después de la independencia había esclavitud en Colombia.  

Y adivinen quién lo sacó de la presidencia…

Ejércitos formados en Antioquia por los dueños de las minas del oro y ejércitos formados en Popayán por los dueños de las grandes haciendas planas y fértiles al lado del río Cauca.

¿Y a quién convocaron a la guerra? A sus esclavos negros.

A los peones los ataban con cadenas a las patas de los caballos y el jinete se llamaba a sí mismo general. Y marcharon los ejércitos hacia Bogotá a acabar con quienes iban a decretar la libertad de los esclavos.

​Y les decían a los esclavos negros que tenían que empuñar una escopeta de fisto para apuntar contra quienes hablaban de la emancipación, les decían: no oigan, esos no crean en ellos. Los piensan liberar y ¿saben ustedes qué les va a pasar si son libres? Se mueren de hambre, porque es mejor ser esclavo.

Y muchos negros les creyeron y dispararon contra sus hermanos en contra de la libertad. Historia de Colombia.

Por eso en Popayán y en los dueños de las minas del oro y Antioquia se creó un partido muy conservador, que consideraba que los seres humanos eran propiedad privada de otros seres humanos y exigían, a cambio de su liberación, y así está en la ley de la República de ese entonces, que tenían que ser indemnizados porque era su propiedad privada.

Esa es la Colombia de hoy también.

Cuando se liberaron entonces, ya no solo por el Ejército Libertador, sino porque solos rompían lo cepos y salían a buscar en estas selvas profundas, diversas, hermosas, un lugar junto a un río para poner un caserío, para plantar un rancho y para tener una familia donde vivir tranquilos, entonces las élites del gobierno colombiano durante décadas y décadas, configuradas por los hijos, los nietos y los descendientes de los dueños de esclavos, de los esclavistas, decidieron vengarse de todo este territorio no mirándolo, abandonándolo, olvidándolo.

El Litoral Pacífico, que hoy es la región más rica de todo el planeta tierra.

Todas las costas pacíficas de las naciones son las más ricas, excepto una: la costa pacífica colombiana.

¿Por qué? Porque allá fueron a vivir los negros y las negras pidiendo libertad y dándose a sí mismos la libertad sin permiso, sin permiso de las oligarquías colombianas.

Doscie​ntos años de abandono del Pacífico

​Por eso tenemos doscientos años de abandono. Doscientos años de olvido. Doscientos años de una nueva esclavitud que ya no se traza a través de la ley o de las cadenas, sino que se traza a partir del abandono de los seres humanos.

Dada esta situación hoy –la historia no la podemos revertir– ¿qué hacemos?

Es la pregunta que tenemos que analizar en las cabezas. ¿Permitimos otros doscientos años, para que nuestros hijos, nietos, bisnietos y más allá mantengan el estigma, como decía García Márquez, el estigma de los Arcadios y de los Aurelianos, que es la marca invencible del abandono porque se considera aun al pueblo negro esclavo, sojuzgado, o cambiamos la historia?

Este es el momento de pensarlo. Hay dos alternativas en este momento. Una peor que lo que hemos vivido en doscientos años. Y otra, una posibilidad de emancipación.

¿Cuál la peor, el siguiente paso de la degradación?

Matarnos entre nosotros mismos.  

Tanto es el abandono que alguien busca rápidamente, por el camino fácil, cómo salir de ahí, pero matando a su vecino.

Jóvene​s matando jóvenes

​Y tenemos la situación actual, es la que estamos viviendo: jóvenes negros matando jóvenes negros.

Los esclavistas aplaudirían ante ese espectáculo. Solo que no permitirían que matasen a su propiedad privada.

Jóvenes esclavizados en el abandono, tratando de buscar una salida rápida, desesperada, sin mucho análisis: Cómo salgo de aquí en un barco hacia Estados Unidos. Cómo me enrolo aquí con los que dicen que me dan 2 millones de pesos mensuales, olvidando que esos quedan los 2 millones de pesos mensuales, cada vez te darán más entre más gente es mates, entre más terror produzcas, entre más bárbaro te vuelvas, entre más pierdas la calidad, orgullosa de ser un ser humano.

Otra vez para que se saque el oro. Otra vez para utilizar el cuerpo de la persona, otra vez para un codicioso que tiene la piel blanca y que no vive aquí, ni vive en Bogotá, sino en Miami, quizás en Madrid de nuevo; quizás en Cartagena o en Medellín.

Otra vez lo mismo. Nos están haciendo retroceder en la historia al comienzo. Nos utilizan para sacar el oro; oro que se apropia otro, que ni siquiera se vuelve riqueza nacional. Nos están utilizando como antaño los esclavistas españoles utilizaban a los tatarabuelos de esta generación, traídos a la fuerza, a látigo en los barcos negreros desde el África hasta Cartagena.

Yo digo que ese camino y ese paso no lo podemos seguir profundizando.

Así estos jóvenes no se den cuenta de que se está repitiendo una historia de siglos y hay que explicarla, no es el camino de la cultura negra en Colombia este al que nos están llevando. No es matarnos entre nosotros. Así no vamos a solucionar nada, Solo se va derramar la sangre en el país de la belleza. Seremos más y más esclavos de quienes hoy dominan las economías ilícitas.

Es por ser ilícitas que se mata. Eso hay que entenderlo.

En cualquier economía lícita el papel, el contrato firmado es válido. Y entonces van a los jueces si alguien no paga. Los jueces rápido resuelven el problema embargando. Aquí no en la economía ilícita no puede haber hecho que no puede haber el contrato firmado en notaría, aunque algunos notarios se vuelven corruptos. Tiene que haber una pistola sobre el escritorio. El contrato verbal se defiende con un fusil, las cuentas se pagan a tiros. El negocio se llena de sangre, de ahí su violencia.

El oro es el mismo, sea lícito, sea ilícito y desde hace miles de años se utiliza y la hoja de coca, dicen los indígenas, también. El problema está en el método, en la manera, en lo que la humanidad ha creado para volverlo ilícito. Al ser lícito, se genera automáticamente la violencia.

Luego si queremos paz, si esa es la búsqueda que las mamás aquí nos han gritado, nos han dicho, han suplicado, seiscientos jóvenes negros asesinados en el Chocó ¿por quienes?

Por otros jóvenes negros a lo mejor. Es que eso lo sabemos bien porque no hay fiscalía que investigue eso. Seiscientos.

Ustedes se imaginan el daño de una sociedad cuando seiscientos de sus jóvenes, que a lo mejor podrían ser médicos, médicas, artistas, poetas, pintores, cantores, bailarines, físicos, químicos, matemáticos.

Seiscientos muertos.  

Lo que le pasa a la sociedad cuando eso sucede se está liquidando a sí misma, se está autodestruyendo, es un suicidio, es cortarse las venas.

Alguien decía que el suicidio es muy alto.

Pues claro. El suicidio como tal es el efecto cuando jóvenes relativamente sensibles observan que su propia sociedad se está suicidando. La imitan, no corre la vida. No se siente el palpitó de la emancipación sino la tristeza de la esclavitud.

El Litoral pacífico escogió en las urnas

​Ahora, hay otro camino que una parte importante mayoritaria de la sociedad del Litoral Pacífico ha escogido. Se escogió en las urnas. No tiene simplemente el nombre de Petro o de Francia (Márquez), que somos pasajeros en esta historia.

No. Tiene la impronta de un deseo popular.

Votaciones del 90 por ciento allá en Timbiquí y más. 98. Fueron 8 mil y pico por nosotros y 100 por los otros. Y así en la mayoría de los municipios de todo el Litoral Pacífico y así fue Chocó y así fue en Quibdó.

No fue por Petro, fue por el deseo de la gente de cambiar esta historia. Es el gran impulso y yo lo llamó energía; energía de una población que definitivamente quiere tomar otro rumbo que no sea el del suicidio popular, que no es la de arrodillarse al corrupto y a la mafia, que es volver a romper el cepo y la cadena con inteligencia.

​El camino de la emancipación.

Ese camino tampoco es fácil. Se eligió un gobierno para cambiar la historia. Ese es el mensaje esa es la energía, eso es lo que se demanda en la urna y ahora se demanda ante el gobierno físico: Qué están haciendo ustedes para cambiar la historia y cómo pueden contar con nosotros para hacerlo.

Ojo con eso de reelección porque le da un patatús a más de uno. La reelección era para ellos. Para nosotros no es.

El camino de la emancipación, yo propongo. En este breve lapso de tiempo que es este gobierno elegido, cómo se realiza el cambio.

Y entonces veamos, pasemos al gobierno. Examinémoslo.

Sí, hay personas provenientes de la región, incluso, como la ministra de Educación y del Litoral Pacífico tres ministras.

Pero ¿qué se está haciendo?

Hay dos maneras de encarar el Gobierno. Independientemente de la historia personal, la biografía política individual de cada ministro o ministra. Hay una que es la fácil, el camino fácil.

El motor de la administración se prende desde abajo por los funcionarios medios. Y pasa el tiempo.

Ese es un completo error. Es un absurdo, porque si ustedes dejan el motor en los funcionarios medios, se hace lo que se hacía antes. Y lo que se hacía antes fue abandonar el pueblo del Litoral Pacífico.

Y se puede demostrar incluso con estos cuadros. Y me disculpan porque esto lo que a mí me presentan.

Y yo sé que nombrar solo un tema, pues queda cuestionado una persona.

El H​​ospital San Juan de Dios de Bogotá

​Pero veamos “salud».

Dice: fortalecimiento de servicios de imagenología –me imagino que esto son las radiografías y eso–, en la nueva sede del Hospital Departamental San Francisco de Asís, inversión 3.200 doscientos millones. 3.200 millones vale un edificio de clase media alta en el norte de Bogotá.

¿No se trata de adoptar un hospital de la máxima complejidad en Quibdó?

Cuando yo voy y miró Bogotá y miro el contrato Copasa-Claudia López, firmado en el primer mes de su gobierno –lo traía Peñalosa ya listo y la otra fue y se lo firmó–, el contrato tiene como objeto demolición del San Juan de Dios y construcción de una nueva sede dotada y administrada privadamente por la empresa Copasa durante cinco años. Valor: 700 mil millones de pesos.

Claro, con recursos bogotanos, que los tiene; el alcalde no sé cuánto pero no creo que mucho.

El municipio y el departamento están quebrados, pero el Gobierno del Cambio trae 3 mil.

¿Ellos pueden hacer un hospital público con menos servicios del que hoy existe porque allá están es privatizando la salud, y gastan 700 mil millones de pesos para elevar un edificio nuevo?

¡Uy! El contratista hace esto, Copasa; español, además, se lleva la plata para España.

¿Y nosotros aquí solo 3 mil, cuando aquí nunca ha habido un ni siquiera un hospital que pueda llamarse como tal, con independencia del trabajo de médicos y médicas y enfermeros y enfermeras que hay aquí?

Esto pasa porque la rueda de abajo es la que impone el ritmo.

Lo mismo podría hablar de los créditos, lo mismo podría hablar de otros programas aquí; de tender una fibra óptica sin subsidio al internet, etcétera.

Pero este programa inmediatamente, si el motor va de arriba hacia abajo, es decir, es la cúpula del movimiento progresista, que por primera vez gobierna, imponiendo el ritmo, tomando la audacia y las decisiones.

Tum​aco, Buenaventura y Quibdó con los mejores hospitales

​Entonces lo que hay que plantearse, como lo dije en alguno de los municipios del Litoral Pacífico, la construcción del hospital de Tumaco; la construcción, no digo construcción, porque el edificio no es el de la culpa. El problema de la salud no está en los ladrillos, que aquí quieren cambiar cada rato porque eso un jugoso contrato. El problema está en los servicios de salud.

​Tumaco, Buenaventura y Quibdó tienen que tener los mejores hospitales del país, para resarcir la esclavitud, para resarcir los dos siglos de abandono. Esa es la concepción que tenemos que tener.

No nos la van a entregar los funcionarios de abajo, porque aquí gobernó el uribismo 25 años. Todos son de esos gobiernos.

Nos bloquean las cuentas, nos esconden en los escritorios, no tienen su alma con el pueblo. Tienen el deber es de ver cómo la prensa dice que fracasamos.

Tenemos q​ue priorizar

​¡Ojo! El tiempo que estemos aquí tenemos que priorizarlo. Y priorizarlo es los pobres para que dejen de ser pobres. Y los pobres están en áreas concretas del territorio nacional, en las grandes ciudades y en el país. Y esta es un área donde la mayoría de la población es pobre.

Luego aquí se va lo mejor de nuestra energía. Aquí se prioriza.

Que no, que la Corte Constitucional prohibió que no deduzcamos las regalías y entonces hay que recortar el presupuesto…

Pues no se recorta aquí, porque esta es la prioridad. Se recorta en otras cosas, ministro de Transporte, usted sabe en qué.

Pero no aquí, porque estas son las necesidades básicas de la gente.

Voy a poner otro ejemplo.

Claro, y eso implica no que queremos que el alcalde haga el proyecto de diseño del hospital de cuarto nivel de complejidad de Quibdó. Lo tenemos que hacer nosotros, si no, no llega, porque no logra tener la capacidad financiera de hacer ese tipo de estudios.

Lo tenemos que hacer nosotros. El neoliberalismo dice, aquí lo ha practicado durante estos 25 años: “traigan los proyectos y aquí escogemos». Los pobres no alcanzan ni a llegar a la oficina.

Y así se ha construido la desigualdad territorial en Colombia. Así es como se construye.

La Constitución ordena discriminación positiva. Es decir, el más discriminado por la sociedad, el más privilegiado por el Estado.

Advertencia sobre el fiscal

​Al practicar eso me echaron de la Alcaldía de Bogotá, cuando escogimos a los recicladores, las señoras que andaban a las 4 de la mañana con sus hijos recogiéndoles la basura a los bogotanos para poderla vender y vivir de eso. Y por darles un salario nos sacaron, eso fue rápido, rapidísimo. ¿Cómo les van a quitar el negocio a los Ríos?, dijeron en Bogotá.

Por echarnos somos presidentes. Porque así es la vida.

Ahora nos quieren echar otra vez. Lo advierto. ¡Lo advierto!

El fiscal, en su desespero, porque algo ocultan, que no quieren cumplir la Constitución –algo ocultan–, va a intentar coger presos e iniciar procesos a varios de ustedes.

Porque me está investigando es a mí. Y a mí me importa un comino que me investiguen. Lo que pasa es que la Constitución dice que él no tiene la competencia para investigarme.

Entonces lo hace por los lados y se burla de la Constitución y está ejerciendo una sedición, porque algunos periodistas han descubierto que en la Fiscalía hay roscas en más alto nivel que están protegiendo la mafia en Colombia y no los investigan.

Y ese es el problema.

Fiscalía al servicio del crimen

​Yo alguna vez, más joven, con más fuerza tenía, 2003 era, 42 añitos, por una casualidad me puse a investigar si era cierto que en las cúpulas de la Fiscalía había instancias que protegían era a los criminales, en ese momento el paramilitarismo.

Investigué, hice mi debate. Me dijeron loco, asesino, que del M-19, y todo resultó cierto y confesado. Habían usado la cúpula de la Fiscalía para proteger a los asesinos más grandes de Colombia, que dejaron más de 100 mil muertos, muchos despedazados en fosas comunes a lo largo y ancho del país.

¡La Fiscalía! La que tenía que investigarlos y detener la masacre.

¿Cuántos del Chocó murieron en toda esa época?

No. Al servicio del crimen. Al servicio dándole el poder político al mafioso, encubriéndolo. Y, por tanto, entregándonos a esta era de violencia en la que estamos aún hoy y de la que tenemos que salir.

Ahora vienen otra vez contra nosotros.

A ellos no les importó el “Ñeñe» financiando la campaña de Duque y la anterior dijeron no, es que son donaciones a partidos.

Ahora porque hacen donaciones a nuestro partido, y no los mafiosos, sino los trabajadores, entonces desatan el allanamiento y tratan de ahí construir la criminalización de que nosotros somos progresistas y nos apoyamos es en el pueblo trabajador.

Hay que alistarse, por tanto.

Pero eso no significa que nos llenemos de miedo y que dejemos de gobernar.

Vamos a poner otro ejemplo, que no es el hospital. Estoy hablando de las condiciones básicas de existencia de la gente: la salud, el agua.

¿Quién me puede decir que es mentira que el agua potable es básica para existir?

Y yo he escuchado los discursos aquí, todos. De la gente, de los gobernantes. Pero no escuché hablar del acueducto de Quibdó.

El acu​​educto de Quibdó

​Y me puse a averiguar, pues. Yo he escuchado que se necesita un acueducto para Quibdó. Y nada, nadie, nada, como si estuviéramos ya resuelto el problema. Resulta que no hay acueducto en Quibdó sino para la mitad de la población. Y funciona mal.

No sé si la ministra (de Vivienda, Catalina Velasco) tenga un proyecto para el acueducto de Quibdó.

Démosle la palabra un momentito.

Ministra de Vivienda: Quiero recordarle, presidente, que el acueducto de Quibdó está siendo administrado por EPM, está intervenido por la Superintendencia de Servicios. La Superintendencia de Servicios Públicos lo da en administración a EPM y lo administra hace varios años, lo que hoy tenemos. Y, por supuesto, tenemos que hacer las inversiones para completar.

Presidente Petro: No hemos hecho inversiones. Esto es que hay que afrontar las cosas como son. Disculpe que lo diga.

Si Quibdó es la capital más pobre de Colombia, si su mayoría de población es negra, si dijimos que íbamos a construir igualdad social hasta donde podemos, ¿cómo es que nuestro gobierno no ha asumido el acueducto de Quibdó?

Entonces ¿qué? ¿Vamos a esperar hasta que se nos vayamos? Y cuando nos vayamos, ay, qué pena, es que no podemos. No puede ser.

La verdad estoy desconociéndome. No puede ser, es lo primero en el primer día al entrar a un despacho ministerial. Lo primero que habría que preguntar es eso, dónde están los acueductos de la gente pobre, porque es el agua, la condición básica de existencia.

Lo que sabemos mal sabido, porque son los datos que se han recogido con las uñas las administraciones locales, es que ese acueducto vale 300 mil millones de pesos.

Lo que sabemos. Puede que sí, puede que más o menos. 300 mil millones de pesos. Eso es lo primero que tenía que aparecer en esta hoja. No aparece.

No aparece. No aparece porque aquí lo que llega es el motor del mando medio, no el motor de un gobierno que tiene que tomar las riendas.

Le voy a preguntar al ministro de Transporte (William Camargo) cuánto costó o cuesta la Ruta del Sol II.

Ministro de Transporte: La ruta la Ruta del Sol II cuesta 7 billones de pesos.

Presidente Petro: 7 billones.

Escuchen yo hago aquí una pregunta, a ver dónde es que está la justicia. Los gobiernos –no fuimos nosotros– decidieron meter 7 billones en pavimentar una carretera que se robó el contratista Odebrecht.

7 billones y no pensaron en 300 mil millones de pesos para al agua potable de la gente de Quibdó. ¿Dónde está la justicia? ¿No es esto lo mismo que el racismo?

En las élites de Bogotá el señor Néstor Humberto Martínez, después fiscal general de la Nación, que sigue siéndolo y que quiere perpetuarse, con los gobiernos de ese momento ¿no tomaron la decisión de que el dinero público se iba por esa cuantía la Ruta del Sol II y le crearon vigencias futuras para que se pagara efectivamente para que Odebrecht se lo robara? En cambio, ¿dónde están vigencias futuras el acueducto de agua potable? No están.

Entonces yo les pregunto ¿cuál es la lógica del Gobierno?  

¿Hacerles caso a los gobernantes de antes para que se perpetúe la desigualdad territorial y para que la gente pobre sea aún más marginada del primer día que llegamos al Gobierno o esto cambia?

¿Yo un Gobierno así? No. Yo no vine aquí para eso. Yo no vine para la burocracia, no me interesa nunca pedí un puesto en los “veintipico» años de congresista que fui. No me pueden meter preso que nunca me encuentran en los negociados que han hecho.

Van un poco de politiqueros estos días en las cárceles. Aconsejo, compañeros y compañeras de la política del Chocó, no sigan esos pasos. Terminan presos.

No lo sigan. Hay que ser es los dirigentes políticos del cambio, no de la tradición, porque la tradición huele a sangre y huele a corrupción, huele a podrido.

No es por ahí.

Sólo mencioné dos temas. El hospital y el agua potable. Y los mencioné porque es lo básico. Es lo básico. Podemos hablar de la educación y pasar a la producción. Porque la educación está entre lo básico del ser humano, que es el alimento de su cerebro, y la producción, porque no se puede producir sin conocimiento.

Y entramos a otra esfera del análisis.

La educa​​ción, un derecho

​Lo que yo he dicho es que la educación superior. Debe mover la aguja en todo el Litoral Pacífico. No es una sede aquí, una sede allá, y un barniz para las obras elefantes blancos que dejaron.

Es que pueda mucha más gente y me parece muy bien el de poder otorgar educación superior en la educación media, porque es un primer paso de volver la educación superior un derecho.

Tiene que ser educación superior de calidad. Tiene que responder a los problemas del Litoral. Si aquí nos faltan médicos y médicas y enfermeros y enfermeras tiene que haber facultades de ciencias de la salud y hay que autorizarlas y hacerlas.

Y ¡ojo¡ Las obras públicas en territorio de violencia no se hacen con contratistas que van a ser ordeñados y extorsionados.

Ya andaban diciendo por ahí no, es que nos tienen que pagar las comisiones si hacen la sede de la universidad.

Disque antiguos revolucionarios diciendo eso. A dónde fue a parar la revolución, oigan. La revolución no es extorsión, la revolución se llama emancipación. Y uno de los caminos de la emancipación es el saber, es el conocimiento. El conocimiento no se extorsiona.

No aliarse con minería ilegal

​Les he pedido las Fuerzas Militares que construyan las obras públicas en territorio de conflicto.

Pero aquí también hay que dar unos esfuerzos por parte de la misma sociedad.

Yo llegué a Istmina en un helicóptero. Ahí aterrice. Y a más o menos 200 metros de donde aterricé había una draga sacando oro ilícito en el río San Juan. Y al lado del helicóptero, el Ejército.

¿Cómo así que el Ejército está a 200 metros de donde están las dragas ilícitas sacando el oro? ¿Qué significa eso? ¿Qué significa eso?

Eso tiene que tener una explicación. Si la fuerza pública se alía con el crimen es igual que cuando la fiscalía se alió o se alía con el crimen.

La fuerza pública esta para defender los derechos y las libertades. Punto. Está al servicio de la ciudadanía, no está al servicio del criminal rico que después invita un whisky y a unas mujeres, dicen ellos; algunas mujeres.

No, porque por ese camino se destruye la nación. Todo hombre o mujer que se ponga el uniforme, el primer juramento lo hace ante la bandera, es decir, ante la patria. Y la patria es el pueblo, sus derechos y libertades.  

Aquí no se puede permitir que el Estado confluya con el crimen. Porque si no el crimen comete un genocidio.

Invitaci​ón a bandas

​Nosotros hecho una invitación y quiero que sepa. Los muchachos de la banda “El Reposo» le llaman a una; “Los Palmeños» le llaman a otra; “Los Locos Yan», los que giran alrededor del ELN, “Los Mexicanos», el Cartel del Golfo, o como se quiera llamar, por acá están. Lleven este mensaje, o analícenlo.

Aquí hay una oportunidad eso es un breve tiempo. Son unos meses, quizás unos años; pocos. Aunque yo sí creo que hay que ganar las elecciones del año 2026.

Aprovechemos este tiempo. Aprovechemos este tiempo para la unidad del pueblo negro, para la unidad de la juventud indígena y negra, para la unidad popular, para emanciparse.

Aquí Francia (Márquez) ha dicho, que maneja, coordina el programa de Jóvenes en Paz. Jóvenes en Paz no es un muchacho que está en una banda y dice uy, me llegó una oportunidad, voy a coger del gobierno por aquí y del capo por allá.  No.

En ese juego, lo que quedan son muertos, no por culpa de nosotros. Nosotros no somos de los falsos positivos. Aquí ningún arma pública debe disparar contra un joven, como lo hicieron por miles en los gobiernos pasados.

Pero implica otro compromiso. Implica otra manera de entender las cosas.

Vamos a desarrollar el Chocó no en el criterio blanco y occidental sino en el criterio como siente la gente, cómo se desarrolla de su propia cultura.

Canal interoceánico

​Aquí han hablado del tal canal Atrato-Truandó.

Hablemos de eso. Yo hablado de eso sin conocerlo mucho.

El único departamento de Colombia que tiene costas en ambos océanos es el cucho.

¿No debería ser el más rico? ¿Qué otro departamento de Colombia puede decir eso? ¿Cuál? ¿Bogotá?

​Bogotá nuestro grave problema cuando yo era alcalde es que no podemos salir ni por río navegable.

El Chocó. Y eso hace que los canales sean posibles sean férreos, sean acuáticos.

Claro que sí es posible. Claro que sí lo están pensando más de uno. Y claro que sí puede ocurrir lo mismo de la historia, como cuando se hizo el Canal de Panamá.

Nos quitaron a Panamá. Nos la robaron porque un poco de oligarcas bogotanos la vendió por 13 millones de dólares y se comió la plata.

Y miren lo que perdimos. El Canal de Panamá hoy se seca. Y tenemos una oportunidad.

Me decía ayer un minero en Istmina, al finalizar el acto: Hermano, ¿usted sabe qué significaría hacer un canal en la desembocadura del Atrato, desde el punto en donde llegue el ferrocarril, Cupica y llega a un punto en el río Atrato como túnel por la serranía del Baudó y ahí se va al Atrato –aquí dice el internet que tiene once metros de profundidad; no sé si será cierto, pero ustedes pueden averiguarlo–, y qué pasa si en ese Atrato entonces se hace un canal, que es escarbar la tierra del lecho en la dimensión que corresponde para que los grandes barcos pasen.

Cuánto oro hay en ese lodo. Tema a pensar.

Claro, la draga esa, mucho más grande que las dragas que hemos visto desde el helicóptero, empieza, hace el canal, el lodo queda a los lados.

Se le puede decir a la empresa constructora, usted es la dueña del oro.  O se les puede decir a los mineros artesanales del Chocó, nos organizamos para que, sin mercurio, ese oro pueda ser de la gente que lo recoge del lodo del canal del Atrato.

Entonces tendríamos, sí, el desastre que tenemos al sur de Istmina o en los ríos del Chocó, o podríamos ordenar la extracción del oro, de tal manera que no destruye las tierras del Chocó. Y que lo compré el Estado, no la mafia. Y que los impuestos vayan al departamento. Y a algunos municipios.

No estarían quebrados pueden esas ideas desarrollarse.

¿Y cuánto se pagaría por cada contenedor que del puerto de Cupica o del otro, que debería quedar al lado del Chocó? No existe ese puerto, pero debería quedar.

Arena, que yo lo conozco por mapa. Eso es el tráfico de contenedores que rápidamente saldrían de un océano al otro porque el Canal de Panamá allá lo que es, es un trancón, ¿cuánta plata dejaría al año?

Y si esa plata dejaría al año, y si esa plata es para el Chocó, primero para la zona del Darién, segundo para el Chocó y tercero para el Litoral Pacífico exclusivamente, ¿no tendríamos una base financiera casi que permanente para relanzar el desarrollo desde el punto de vista del desarrollo humano de la población del Chocó?

¿Habría que pedir para el acueducto, para los hospitales o para las universidades? Ya saldría todo el recurso, la población cuidándolo, obviamente, porque si no, se pierde.

Y yo les pregunto a las bandas ¿no habría ahí una posibilidad de futuro inmediato? ¿No habría otro Chocó y otro Litoral Pacífico que permitiese el desarrollo a profundidad de los hermanitos, de las hermanitas y de los mismos integrantes de la banda?

¿Qué estamos haciendo matándonos entre nosotros por un sueldillo de un capo que no le interesa la vida de la gente de esta región? ¿Qué hacemos?

¿Volver al principio del cepo y de la cadena de hierro y volvernos otra vez esclavos de los codiciosos, como hace cinco siglos, como hace dos siglos, como siglo y medio o como apenas diez años? ¿O somos capaces de abrir la perspectiva?

¿Qué puede producir eso?

Una consulta previa. Es a lo que los invito. Es la población la que tiene que decir sí o no, y en qué forma, analizando, discutiendo, debatiendo. Para eso es el diálogo y el debate, con sus autoridades, con sus organizaciones. ¿Le caminamos o no le caminamos?

Le vamos a decir al Gobierno y a Petro vamos a decirle sí, pero a cambio de que todo el recurso que se extraiga por peaje de ese canal o como queramos llamarlo, va para el Litoral Pacífico en tal porcentaje, para el Darién en tal porcentaje y para el Chocó con tal punto.

Yo inmediatamente dijo lo cojo, lo metemos en el CONPES, lo metemos en CONFIS y se vuelve ley.

Claro, eso no lo podemos hacer en el último año del Gobierno, es ahora. Luego tenemos es que tomar decisiones ahora, para bien, para mal, nos equivocamos o no,

¿A mí me gustaría tener todo este concurso de fuerzas que hoy se matan entre sí y matan a la gente, confinan los barrios, tratando de sacar una extorsión a la señora de la tienda que está más pobre que el extorsionista?

Me gustaría decirle no es este el camino para generar los ingresos para que mis hijos –me refiero a los hijos de ustedes, sus nietos sus tataranietos– puedan tener futuro libre, futuro digno, pueda ver aquí la puerta delantera de la casa que se llama Colombia.

Litoral Pacífico debe ser la puerta delantera

​Porque ese es el cambio de chip, lo decíamos ayer.

Es que, al Litoral Pacífico, por ser negro, por ser indígena, lo convirtieron en la puerta de atrás de la historia de Colombia. El Litoral Pacífico es la puerta de atrás de la casa que llamamos Colombia.

Y resulta ser que todos los litorales pacíficos de todas las naciones que los tienen han convertido el Litoral Pacífico en la puerta de adelante. Llámense chinos o gringos, llámense rusos o australianos, llámense vietnamitas o japoneses, neozelandeses, rubios y blancos o indígenas, en el Chile austral, todos convirtieron el pacífico en la puerta delantera. Colombia en la trasera porque era negra.

Pues el Gobierno del Cambio tiene que convertir el Litoral Pacífico en la puerta delantera de Colombia. Ese es el objetivo.

Ese es el objetivo. Y este gobierno, a pesar de las dificultades que sabemos que vamos a asumir, tiene que aprestarse, como la cúpula de un mando, un mando del cambio, de la transformación de Colombia, porque de eso depende la paz, de eso depende que no nos devolvamos a época de atrás. De eso depende de que pasemos a una edad real de paz y de justicia social y democracia, que seamos una la nación decente como la mayoría de las naciones del mundo y que tengamos un pueblo digno que puedan desarrollarse en toda su potencialidad.

Eso es lo que significa ser Potencia Mundial de la Vida. Y para eso es que estamos aquí. No es para más.

Gracias a todas y todos ustedes por haberme escuchado.  

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