Cuando el antiguo Egipto nos habló en su idioma

Una trabajadora del Museo Británico posa junto a la Piedra de Rosetta durante una sesión fotográfica para la próxima exposición “Jeroglíficos: descifrando el Antiguo Egipto” este martes. EFE/EPA/TOLGA AKMEN
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Londres, 11 de octubre de 2022 – Los misteriosos dibujos que adornaban las piedras del antiguo Egipto hablaron durante siglos a la Humanidad sin decir nada. Aquellos jeroglíficos encerraban los secretos de toda una era hasta que hace 200 años una piedra negra de aspecto anodino hallada en Rosetta, en el delta del Nilo, permitió descifrar el ignoto lenguaje.

La estela, que recogía un decreto para ordenar el culto divino al rey Ptolomeo V, fue descubierta en 1799 por las tropas francesas durante la campaña napoleónica en Egipto, pero solo pudo ser transliterada por el profesor Jean François Champollion en 1822.

Rosetta “se ha convertido en un icono para acceder al pasado en sus propios términos, leer sus textos y comprender cómo su gente puede hablarnos a través de su lenguaje”, explica a EFE Ilona Regulski, comisaria de la exposición que el Museo Británico, que exhibe la pieza desde 1802, ha organizado para conmemorar el bicentenario de su interpretación.

¿Por qué esta roca de granodiorita de 762 kilos de peso, que fue reciclada como bloque de construcción durante siglos, pudo ser la llave para descodificar una civilización? Porque su mensaje, soso y administrativo, estaba escrito en tres lenguas: jeroglífico, demótico (una evolución del jeroglífico para la escritura cotidiana) y griego antiguo.

Pero no iba a ser tan sencillo. Tras su descubrimiento y su llegada a Londres en 1801 (Bonaparte fue derrotado por los británicos), se enviaron copias de la inscripción a sabios de toda Europa para desvelar sus secretos.

Hasta entonces, los estudiosos se habían inspirado erróneamente en textos bíblicos y clásicos para interpretar los jeroglíficos.

Desde que las prácticas religiosas del antiguo Egipto fueron abandonadas hacia el año 350 por la expansión del cristianismo, el griego y más tarde el árabe relegaron el lenguaje de los antiguos egipcios hasta hacerlo del todo incomprensible.

El interés por descifrar los jeroglíficos repuntó en la Italia del Renacimiento, pero todos los intentos encallaban al considerar los símbolos como conceptos y no puramente como fonemas.

“Es un lenguaje muy sofisticado y complicado. Por eso desde el descubrimiento de la piedra Rosetta los estudiosos todavía tardaron otros 20 años en decodificarlo”, señala Regulski.

Y añade: “Es extremadamente difícil porque es un sistema híbrido. Tiene algunos signos alfabéticos, a los que nos referimos como signos de una letra. Tiene signos de dos letras, de tres letras… tiene jeroglíficos que representan palabras y que se leen como una palabra completa; también hay jeroglíficos que no se leen, (pero) que determinan el significado”.

Además, se trata de un sistema que se desarrolla a lo largo de más de 4.000 años, por lo que para interpretarlo primero hay que evaluar qué tipo de documento se estudia, de cuándo data o de dónde viene.

EL GRITO DE CHAMPOLLION

El 14 de septiembre de 1822, el joven políglota Champollion llegó presa de la excitación a casa de su hermano. “¡Mira, lo tengo!”, gritó, antes de caer desmayado.

Semanas más tarde escribió su celebérrima carta a Bon-Joseph Dacier, secretario de la Academia de las Inscripciones y Lenguas Antiguas (también exhibida en la muestra) con un alfabeto de caracteres jeroglíficos fonéticos.

Pese a los progresos que su hallazgo permitió, Regulski recuerda que “el trabajo no acabó entonces ni lo ha hecho ahora”, y todavía se encuentran signos que no se habían visto nunca.

El mayor reto sigue siendo entender “la estructura del lenguaje y su gramática, que es extremadamente complicada”, en especial la conjugación de los verbos.

“Los antiguos egipcios eran muy flexibles usando su lenguaje y representándolo por escrito. Lo que aún estamos desenmarañando es la comprensión de esa flexibilidad”, agrega.

Gracias a los más de 240 objetos que se exponen en el Museo Británico, 60 de los cuales son préstamos de otras instituciones, se puede indagar en el recorrido de los egiptólogos para arrojar luz sobre los jeroglíficos y entender mejor su contexto.

Una de esas piezas es la llamada “Bañera Encantada”, un enorme sarcófago de granito negro del 600 A.C. recubierto con imágenes de dioses y jeroglíficos, que supuestamente tenían poderes mágicos.

También se pueden escuchar en la exposición grabaciones de egipcios que recitan extractos de textos en idioma copto (el usado por los cristianos coptos en Egipto), que deriva directamente del usado en el antiguo Egipto.

“El copto es esencialmente egipcio antiguo, no solo unas pocas palabras. Es un desarrollo muy tardío, pero se puede entender el egipcio antiguo en él. También en el árabe y en otros idiomas como el turco. Por ejemplo, la palabra “jatam”, que significa ‘sello'”, señala Regulski.

A las puertas de la exposición, plato fuerte de la programación invernal del Museo Británico, una pequeña protesta reclamaba hoy a la institución que denuncie la situación de los derechos humanos en Egipto con ocasión de la muestra, y especialmente la del activista Alaa Abdel Fattah, en huelga de hambre desde abril.

Enrique Rubio

EFE

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