Cuatro masacres: ¿Cómo hacemos para que pare el baño de sangre?

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Más masacres, sí. Más. Más colombianos muertos, más viudas, más niños huérfanos, más papás que se quedan sin hijos. Recibimos información de que por lo menos tres masacres más se registraron en las últimas horas (en Antioquia y en Bolívar) además de dos atentados contra caravanas que transportaban funcionarios del gobierno (en el Meta y en el Caquetá).

Esto responde, una vez más, al modus operandi que las denominadas Bacrim, bandas criminales,  han venido evidenciando en los últimos años, y con mucha más intensidad en los últimos dos meses: copar territorios, controlar a las comunidades y adueñarse de economías por medio de la violencia.

Indepaz, instituto que recoge con juicio los números de la violencia en Colombia y trata a las víctimas no solo como estadísticas, le contó a Análisis Urbano que tiene registradas 53 masacres en lo que va de 2020. Esto es un río de sangre demasiado largo, si tenemos en cuenta que una masacre es cuando mueren por lo menos tres personas. Quien tenga el estómago que multiplique.

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Esto se hace peor cuando analizamos a las víctimas y vemos que en su mayoría han sido estudiantes y personas de máximo 30 o 40 años. En el caso de la masacre ocurrida en Zaragoza, más exactamente en la vereda Valencia del corregimiento Pato, sujetos armados asesinaron a seis personas por lo que se dijo que sería un ajuste de cuentas. Cinco de las víctimas mortales eran mineros, y el otro fue el dueño del billar donde nos dijeron que sucedió este hecho.

Asesinan a por lo menos ocho personas en dos masacres en Colombia

Una vez más, se pueden evidenciar los asesinatos selectivos, de hombres armados e incógnitos que llegan a un lugar a una hora específica y saben quién va a estar allí. Estas son personas que, en su ejercicio bélico repudiable, son profesionales en la forma en la que ubican a las personas, las asesinan y salen del lugar sin que nadie los identifique. Esto, ojo, es entrenamiento de tipo militar, como el que sabemos que reciben los grupos armados en Colombia, sobre todo aquellos que consideramos post – paramilitares. Las tácticas, al parecer, son las mismas.

La otra masacre sucedió en el sur de Bolívar, en una carretera entre las zonas de San Pablo y Simití, sur del departamento. ¿Cómo sucedió? De la misma manera: ubican, llegan, matan, se van. Luego, horas y hasta días después, llega el gobierno y los medios de comunicación.

Respecto a los atentados fallidos en el Caquetá y Meta, podemos agradecer que no hubo asesinatos, pero es preocupante que sea cual sean los grupos que perpetraron el ataque se sienten con suficiente munición y bríos para atacar camionetas blindadas que tienen placas del gobierno. Eso, se puede considerar, es un ataque suicida. Y eso, desafortunadamente, nos muestra que las bandas cada vez pierden más el miedo a la autoridad, y llevan a Colombia a la misma guerra de la que hemos estado huyendo como país.

La ONG Corpades y la Agencia de Prensa Análisis Urbano le ruega al gobierno que haga caso de esta situación, que investigue las masacres y que ponga en marcha mecanismos efectivos para evitarlas, como rutas de protección a líderes comunitarios, agilización en los procesos de la UNP y vigilancia estratégica del territorio que proteja realmente a la comunidad, sus liderazgos sociales y por ende a las organizaciones a las que pertenecen.

Nota: * Al cierre de este artículo, Análisis Urbano supo de otra masacre, está vez cuatro personas fueron asesinadas en los Montes de María. Entre ellos, según reportes, hay un menor de edad, con esta serían cuatro masacres en menos de 24 horas.

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