La matanza de ocho menores de edad en un bombardeo contra disidentes de las FARC que este miércoles obligó a renunciar al ministro de Defensa de Colombia, Guillermo Botero, es el mayor escándalo del conflicto armado desde que se destapó el caso de los «falsos positivos» y pone fin a una controvertida gestión.

Botero no resistió a la presión de la opinión pública que desde la noche del martes manifestó su perplejidad por las graves denuncias del senador Roy Barreras sobre el ocultamiento de la muerte de los menores ocurrida hace dos meses en el departamento del Caquetá.

FANTASMA DE LOS FALSOS POSITIVOS

La eficacia de las operaciones militares en Colombia comenzó a ser cuestionada a finales de 2008 cuando se destapó el escándalo de los «falsos positivos», eufemismo usado para referirse a las ejecuciones de civiles por parte de militares para presentar resultados a sus superiores.

Con esa práctica, militares engañaban a jóvenes pobres con promesas de empleo para luego llevarlos a lugares del país distintos a los de su residencia donde eran ejecutados y presentados como guerrilleros muertos en combate.

Hasta el momento la Fiscalía colombiana ha investigado cerca de 5.000 casos de «falsos positivos» que implican a unos 1.500 militares y que fueron cometidos entre 1988 y 2014.

Sin embargo, ese escándalo no hizo rodar la cabeza del ministro de Defensa de entonces, Juan Manuel Santos, como sí sucedió esta vez con Botero.

HALCÓN EN DEFENSA

El nombramiento de Botero, un abogado de 71 años que construyó su carrera en el sector empresarial, fue una sorpresa mayúscula del gabinete del presidente Iván Duque, dada su inexperiencia en asuntos de defensa y seguridad nacional, pero siempre se dijo que fue escogido para el cargo por ser un halcón del uribismo.

El Ministerio de Defensa es uno de las más importantes de Colombia porque tiene bajo su mando a miles de militares y policías que llevan el peso del conflicto armado interno, una estructura que Botero, que durante 15 años fue presidente de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), no logró administrar de la mejor manera.

«Fue claramente una mala elección, de una persona que había apoyado el uribismo en diferentes campañas pero que sabía poco o nada del sector de defensa como quedó demostrado, no solamente con los hechos denunciados en el debate sino desde el inicio de su gestión como ministro», explicó a Efe Juan Carlos Ruiz, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Oxford (Reino Unido) y profesor de la Universidad del Rosario, de Bogotá.

Un dato curioso es que Botero nació en Bogotá el 9 de abril de 1948, día en que fue asesinado el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, lo que desencadenó el llamado «Bogotazo», considerado un marco de la violencia política que siete décadas después sigue desangrando a Colombia.

CONTROVERTIDA GESTIÓN

En los quince meses en que fue ministro, Botero se caracterizó por la imprudencia y falta de cintura política en el manejo de los asuntos de orden público, lo que desde un comienzo lo convirtió en una figura discutida en el gabinete de Duque.

En abril pasado, cuando un cabo del Ejército asesinó a sangre fría en la convulsa zona del Catatumbo al exguerrillero de las FARC Dimar Torres, Botero se apresuró a decir que el crimen había sido consecuencia de un «forcejeo», pero luego se demostró que fue un homicidio planificado por un coronel.

Meses después, cuando habitantes de Puerto Carreño, capital del departamento del Vichada reclamaron al Gobierno por el aumento de la inseguridad, el ministro respondió que lo que ocurría eran «hurtos menores», principalmente de la ropa que la gente lavaba y era «extendida en unas cuerdas para su secado».

El pasado 21 de junio la líder comunitaria María del Pilar Hurtado, de 34 años y madre de cuatro hijos, fue asesinada delante de uno de ellos en una calle de Tierralta, en el departamento caribeño de Córdoba, y el ministro se apresuró a culpar sin pruebas a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), pero el crimen fue cometido por presuntos paramilitares.

Con su renuncia, Botero evita que el Senado apruebe una moción de censura en su contra por la matanza de los ocho menores en el Caquetá que lo habría convertido en el primer ministro colombiano en ser cesado del cargo por esta vía.

EFE.