Si el término «refugiado» tiene connotaciones negativas, el de emprendendor en absoluto, pero ser ambos es posible gracias a un cambio de perspectiva impulsado por Startups Sin Fronteras, una iniciativa para que los migrantes creen su propio negocio, inspiren a otros y aporten su granito de arena.

La fundadora del proyecto, la argentina Valentina Primo, explica a Efe que el objetivo es cambiar el discurso que rodea a la inmigración y a la situación de los refugiados, que «siempre es retratada como una crisis y nunca como una oportunidad de negocio».

Para ello, este viernes y sábado se celebra en El Cairo el primer encuentro de Startups Sin Fronteras en el que participan inversores, emprendedores y activistas, algunos de los cuales son refugiados de diversos países, sobre todo de Oriente Medio, que comparten sus experiencias, y sus historias de lucha y éxito.

«Hay un gran desconocimiento del término ‘refugiado’ porque es muy político y tiene connotaciones muy negativas», dice a Efe la activista y consultora de Naciones Unidas Hazami Barmada, que fundó en 2017 Humanity Lab, un programa que busca empoderar a las personas a través de la tecnología y la educación.

La también fundadora de Global People’s Summit subrayó que muchas veces los refugiados piensan que son «una carga para la comunidad», pero en realidad «son personas talentosas con muchas capacidades que pueden contribuir a mejorar la sociedad».

Un ejemplo de ello es Sadam Sayyaleh, que creció en un campamento de refugiados en Jerash, en Jordania, hogar de cerca de 20.000 palestinos.

Con el poco dinero que pudo ahorrar trabajando como camarero, Sadam se apuntó como voluntario a una campaña contra la pobreza infantil en la India y más tarde, cuando regresó a Jordania, fundó I Learn, una iniciativa que busca desarrollar ecosistemas inclusivos para niños y jóvenes en situación de extrema necesidad.

Sin embargo, crear una startup sin recursos no es fácil para los refugiados, que se enfrentan a más obstáculos que otros emprendedores a la hora de obtener capital, acceder a un crédito, tener una cuenta bancaria propia o viajar libremente.

El cofundador de Red de Inversiones para los Refugiados (RIN), Tim Dockings, señala en una de las conferencias de este fin de semana en El Cairo que «los inversores tienen que comprender la situación en la que se encuentran los refugiados», que no tienen las mismas oportunidades ni la misma capacidad que otros emprendedores para concretar y lanzar sus proyectos.

Dockings explica que una inversión se considera “refugiada” cuando al menos el 51 % de la empresa pertenece a refugiados o cuando estos tienen un 33 % de representación en los altos cargos, o si el proyecto tiene impacto social sobre estas personas, y en estos casos es donde entra en acción RIN.

Otra de las conferenciantes, la jordana Nisreem Hadad, considera que una de las vías para fomentar el empleo de este colectivo es implementar «políticas justas para que al menos haya una cuota del 50 % de refugiados» en los puestos de trabajo, tal y como se ha hecho con las mujeres.

Pero sobre todo en los casos en los que estos carecen de documentación, se enfrentan a problemas legales, además de la discriminación por el estigma de ser extranjeros y procedentes de países a veces considerados peligrosos, como Siria o Afganistán.

La Agencia de Refugiados de la ONU (UNHCR) recuerda en el informe Global Appeal 2018-2019 que existen en el mundo 67,7 millones de personas en situación de riesgo, entre apátridas, refugiados, desplazados internos y repatriados, un 27,8 % de los cuales se concentran en la zona del Norte de África y Oriente Medio, donde nació la idea de Startups Sin Fronteras.

La guerra en Siria desde 2011 y las sucesivas olas de refugiados procedentes de este país por varias rutas, así como de África desde las costas mediterráneas, plantea muchas cuestiones, entre ellas que estas personas emprendan y desarrollen su potencial humano en los países de acogida, para ayudar asimismo a mejorar la imagen y la sociedad de sus lugares de origen.

EFE.