El desabastecimiento de gasolina ahoga aún más a los yemeníes de la zona hutí

Saná, 26 feb – El desabastecimiento de combustible se ha convertido en una nueva losa sobre las espaldas, ya suficientemente castigadas tras más de seis años de guerra, de los habitantes de la capital del Yemen, Saná, y del noroeste del país, ambos bajo el control de los rebeldes hutíes.

La fila de cuatro kilómetros de coches que espera frente a la única gasolinera que da servicio en Saná da muestra de la grave crisis de escasez que sufre la parte de Yemen conquistada por el movimiento chií.

El taxista Abdullah Sultán se desespera tras pasar dos días esperando en la fila para repostar su vehículo: “Solo puedo repostar 30 litros de gasolina. Esto solo me da para circular durante dos días”, se lamenta en declaraciones a Efe.

El desabastecimiento comenzó en junio pasado, cuando la coalición de países árabes encabezada por Arabia Saudí que apoya al gobierno internacionalmente reconocido de Abdo Rabu Mansur Hadi impuso un bloqueo a los hutíes al interceptar los petroleros que iban con destino a la ciudad portuaria de Al Hudeida, en el Mar Rojo.

Según el grupo rebelde hasta catorce embarcaciones con derivados del crudo han sido incautados en aguas internacionales.

El gobierno de Hadi suspendió los permisos para importar combustible al puerto controlado por los hutíes tras acusar a estos de retirar 45 millones de riales yemeníes (unos 75 millones de dólares) de una cuenta especial para financiar su campaña militar.

Esa cuenta contenía los impuestos a las importaciones petroleras y aduaneros de varios meses que, según el acuerdo de Estocolmo alcanzado en 2018, se debían destinar a pagar a los funcionarios en las áreas dominadas por los insurgentes que acordaran los dos contendientes.

GASOLINA RACIONADA

La carestía ha obligado a los hutíes a racionar la gasolina en su zona y ahora los conductores solo pueden repostar cada seis días bajo un sistema de emergencia impuesto por la petrolera estatal, ahora bajo su control.

Ammar al Sharaabi reconoce que acude al mercado negro para conseguir el combustible que necesita para poder trabajar con su taxi, pero se lamenta de los altos precios: un litro de gasolina se vende fuera del control oficial a entre 600 y 900 riales yemeníes (entre 1 y 1,5 dólares), el doble de su precio normal.

“Así, todos mis ingresos del día se van para la gasolina del mercado negro del días siguiente”, dice Al Sharaabi a Efe.

“¿Por qué no tienen un poco de compasión por el pueblo yemení?”, se pregunta en referencia a las dos partes del conflicto. “Tienen que dejar la gasolina al margen”.

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