Algunos medios ingleses apodaron a Andrew Mark Deamer como «el Pablo Escobar Británico». Este hombre, de 52 años, oriundo de un pueblo del norte de Inglaterra, se ganó este apodo por establecerse en Colombia para exportar cocaína hacía costas europeas y norteamericanas. En este momento está preso en una cárcel de Bogotá.

Mark Deamer —o el Mono, como también se le conoce— fue capturado por autoridades colombianas y británicas en 2017. En el momento se encuentra recluido en Bogotá y su abogado estaría gestando un preacuerdo con la justicia colombiana donde acepta los cargos por narcotráfico que le imputa la Fiscalía General de la Nación.

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Muchas preguntas surgen con el llamado Pablo Escobar británico: ¿qué tanto poder tienen las mafias extranjeras en Colombia?, ¿qué tanta complicidad hay para esto por parte de grupos armados y hasta de las autoridades?, ¿quién protegía en el Oriente antioqueño a alias el Mono?, ¿por qué contaba con protección del Gaula Oriente del Ejército?, ¿quién ordenó dicha protección sin revisar si era legal su estadía en Colombia? Y ¿por qué nunca se le solicitó el pasaporte británico para mirar si tenía sellado los ingresos y las salidas del país?

Con Andrew Mark Deamer empieza una cadena que debería alertar tanto a la ciudadanía en general como a las autoridades: el crimen transnacional en Colombia y su relacionamiento con criminalidad nacional y sectores de la institucionalidad.

La red en la que operaba Deamer fue aparentemente desmantelada y eso representó una victoria para las autoridades. Lo que desconocen —o aparentan desconocer— es que Deamer es apenas un pequeño eslabón de una cadena de «empresas» extranjeras que están compitiendo por el lucrativo negocio del tráfico de drogas. En el caso colombiano, estamos hablando de la cocaína.

 Análisis Urbano tuvo acceso a los reportes de Mike Virgil, quien trabajó como agente encubierto en Latinoamérica en operaciones antidrogas para la DEA y otras agencias extranjeras. Ya retirado, Virgil tuvo contacto con Deamer mientras trabajó en Colombia. Lo conoció desde que figuró en los Estados Unidos como piloto y luego cuando apareció en Colombia al frente de la empresa de narcotráfico.

Virgil describe a Deamer como «arriesgado», por la posición que tenía dentro de la organización siendo extranjero. De acuerdo con el agente, «Deamer arriesgaba su vida porque, siendo inglés, podía pasar como un informante de las autoridades o como miembro de una facción contraria». No obstante, Virgil aclara que Deamer es solo un eslabón dentro de las redes a las que él tuvo acceso.

La «franquicia» de Deamer está avaluada en 353 millones de libras esterlinas, casi 1,5 billones de pesos. Este es un monto considerable que representa la cantidad de cocaína que logró exportar el británico en el tiempo que estuvo al mando de este pequeño cartel con base en Rionegro.

Deamer era dueño de una propiedad en Rionegro donde vivía con Sandra Zapata, su pareja sentimental, y cinco labradores dorados.

1,5 billones de pesos es el valor de Deamer como narcotraficante. Los medios ingleses hablan de que la red para la que este trabaja está avaluada en más de 1.2 billones de libras esterlinas. Eso equivale a una cifra de casi 4 billones de pesos colombianos.

Todo esto, en función de la cantidad de drogas que las autoridades saben que estos carteles han logrado sacar del país. A esto hay que añadirle que hay reportes de que también hay tráfico ilegal de madera, oro, minerales, contrabando y acompañamiento por grupos armados que se encargan de la seguridad y de la supervisión logística de todas estas operaciones.

Otro suceso inquietante es que las autoridades colombianas no habían siquiera detectado las actividades de Deamer hasta septiembre de 2016. Y no fue una investigación colombiana, ni un agente de la Fiscalía: fue una carta de la Embajada Británica la que reveló a la Fiscalía colombiana que había un narco británico mandando cocaína a Europa desde Rionegro.

Mediante correspondencia, los ingleses dieron conocimiento a las autoridades colombianas de unas coordenadas que los llevaron a una finca en Copacabana donde una de las bandas que actúan en el Valle de Aburrá —para la Fiscalía General de la Nación era la banda La Viña— custodiaba 500 kilos de cocaína disfrazada en pegante. Las autoridades decomisaron este cargamento, pero no hubo ninguna captura porque el lugar estaba vacío. En su momento Análisis Urbano presentó otras posibles hipótesis de dicho cargamento incautado en el artículo La guerra de los sapos inunda al Medellín metropolitano. A partir de entonces, autoridades británicas y colombianas trabajaron en una operación conjunta que dio con la captura de Deamer en noviembre de 2017, quien dos meses antes contaba con protección oficial y escoltas militares.

Un narco británico en Colombia

Algunos documentos de información británicos a los que Análisis Urbano tuvo acceso describen a Deamer como un «intermediario» o como un «terrateniente de una red más grande […] Usaba sus conexiones en Europa y su conocimiento en tráfico de drogas».

Aquí hay que decir que los organismos de inteligencia internacionales —incluyendo la Interpol— reconocen la existencia del crimen transnacional en Colombia, y que Deamer no es el único extranjero traficando drogas desde este territorio. Incluso, desde 2005 existe la Operación Júpiter, ejecutada por la Interpol para combatir el crimen trasnacional en Suramérica.

Se habla en Tumaco, Buenaventura, El Naya y Bajo Cauca de personas blancas que hablan en otros idiomas y pagan en dólares, euros o cocaína. De acuerdo con varias fuentes que han estado en estos lugares, hay mexicanos (carteles Jalisco, Nueva Generación y Sinaloa), italianos (sicilianos y de la Ndrangheta de Calabria), ingleses (entre ellos Deamer), irlandeses y hondureños manejando negocios de tráfico de drogas en Colombia.

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Quienes hicieron seguimiento de cerca de Deamer revelaron que es hijo de un narcotraficante que lleva 18 años preso por intentar meter 2 toneladas de marihuana en una costa francesa. Las autoridades hicieron una redada gigantesca y Deamer padre fue señalado como la cabeza de la organización narcotraficante.

No mucho se sabe de la juventud de Deamer más allá de que heredó el conocimiento de su padre y decidió emprender el camino de la ilegalidad con el narcotráfico. Se mudó de Barron Upon Soar, un pueblo de 5.000 habitantes del norte de Inglaterra, hacia Estados Unidos. Allí residió en Coconut Creek, un pueblo a escasos minutos al norte de Miami.

De acuerdo con testimonios de sus vecinos, Deamer, cuando vivió en la Florida, posaba como un piloto adinerado que exhibía constantemente sus aviones. Nunca llamó demasiado la atención, pero tampoco llegaron a saber con certeza si su vecino inglés trabajaba con alguna aerolínea o de dónde sacaba el dinero con el que pagaba sus propiedades.

La cocaína sigue siendo un producto ilegal muy apetecido en gran parte del mundo. Esto hace que, aunque la época del cartel de Medellín, Los Ochoa y Griselda Blanco haya quedado atrás, Colombia aún es un país con más de 220.000 hectáreas de coca sembradas en tierras bajo el control de grandes y pequeños grupos armados. Lo que antes conocíamos como una cadena de narcotráfico que salía desde grandes capos en las ciudades hacia los otros países, ahora son franquicias controladas por personas extranjeras que usan Colombia como el lugar para sacar su materia prima, luego convertirla en cocaína y, por último, sacarla para venderla. La cocaína de Colombia sigue siendo de alta pureza y su valor en el mercado ha aumentado progresivamente en los últimos años sobre todo en Europa.

Finca en Rionegro de Mark Deamer.

Quizás con esto en mente, Mark Deamer viajó a Colombia en una fecha desconocida. Se sabe que tiene entradas y salidas a Colombia desde 2010, pero esto es información proporcionada por los organismos de inteligencia británicos. El pasaporte de Deamer, en el momento de su captura, estaba sin sellos de entrada ni salida de Colombia, según reportó la Fiscalía. Esta información la corroboramos con Migración Colombia, desde donde nos confirmaron que Andrew Mark Deamer no registra salidas ni entradas a Colombia.

Deamer compró una finca en Rionegro y poco a poco montó una empresa de narcotráfico. Su principal socio siempre fue un poderoso narco paramilitar colombiano, quien ha estado involucrado en distintos procesos judiciales que incluyen la financiación de grupos paramilitares. Este sujeto, que en la actualidad posa de legal —nos reservamos el nombre para no entorpecer la investigación judicial que le adelantan—, de acuerdo con las investigaciones judiciales de este caso, fue quien estuvo a cargo de financiar la operación de Deamer.

El Mono armó un equipo de químicos profesionales que lograron crear un proceso para transformar la cocaína de forma que no pudiera ser detectada como la sustancia salina y blanca. El equipo de Deamer transformaba la cocaína en cocaína líquida mediante procesos químicos; lo que resultaba lo camuflaban como concentrados para gatos y perros y, de esta manera, lo enviaban al exterior.

De acuerdo con el informe de la Fiscalía: «Los narcotraficantes lograban que la sustancia tuviera la forma, textura y olor de productos como concentrados para perros, alimento para gatos, arena y fertilizantes». Este proceso luego había que revertirlo cuando los productos llegaban a los compradores: se les aplicaba el proceso químico a la inversa y la cocaína volvía a ser sólida y lista para consumir.

Así lucía la casa de Deamer cuando la Fiscalía llegó a capturarlo. Las bolsas contienen el estupefaciente.

Así lucía la casa de Deamer cuando la Fiscalía llegó a capturarlo. Las bolsas contienen el estupefaciente.

Así lucía la casa de Deamer cuando la Fiscalía llegó a capturarlo. Las bolsas contienen el estupefaciente.

Esta es solo una de las maneras que los narcotraficantes presentes en Colombia han encontrado para enviar sus cargamentos de drogas por distintas rutas sin que las autoridades puedan advertirlo.

La Policía Antinarcóticos tiene registro de fachadas de «servicios de autos institucionales, viajes turísticos, competiciones ciclísticas y camuflaje en productos». Por otro lado, la DEA denunció un viaje de unos drones, que pertenecían a carteles mexicanos, atravesando el Tapón del Darién con cargamentos de cocaína hacia Panamá. También, el portal Insight Crime reveló en una investigación que los estupefacientes también son camuflados en piñas, banano y obras de arte.

Esta es la red que acompañaba a Deamer en sus actividades de narcotráfico. La foto pertenece al archivo de la Fiscalía y fue tomada en el momento de la captura. Este archivo no fue revelado a los medios de comunicación.

A pesar de que su centro de operaciones fue Antioquia, tenemos conocimiento de que Deamer tenía a su disposición una empresa fachada en Barranquilla que, casualmente, se dedicaba a la exportación de productos. También, de acuerdo con la investigación judicial, la red operaba en Bogotá, Santa Marta, Villavicencio y Medellín.

Andrew Mark Deamer se escondía junto con su esposa en la finca de Rionegro donde residía. El 3 de noviembre de 2017, cuando fue alertado de la llegada de agentes de la Fuerza Pública, la Fiscalía y la NCA (Agencia Nacional del Crímen de Reino Unido), Deamer se escondió en una buhardilla oculta que había construido por si esto sucedía. Extrañamente, el británico, desde el primer semestre del 2017, gozaba de protección oficial permanente por parte del Gaula del Ejército Nacional la cual había sido solicitada por la Fiscalía General de la Nación bajo la premisa de que era un honorable ciudadano extranjero pensionado. Esta información fue verificada por el comandante del Gaula Oriente, quien  reconoció la protección brindada al narcotraficante.

Las relaciones de Deamer

Marcela Zapata es una colombiana de 39 años que trabajó como tesorera en la red de Deamer. Es, además, su pareja sentimental y estaba en la finca en el momento en el que fue capturado.

No hay, sin embargo, ningún registro jurídico en la Registraduría ni en la base de datos de la Iglesia Católica que indique algún tipo de vínculo conyugal legal. Zapata también se encuentra detenida, además de otros 16 acusados de fabricación o porte de estupefacientes y concierto para delinquir agravado.

Entre estos están Darling de Jesús «el Doc» Gómez, químico profesional; Carlos «Colgate» Aguirre; Jesús Alberto Ríos Mazo; Gustavo de Jesús «Mosquito» Tamayo López; Boris Olarte Morales; y José Ramón Díaz Jiménez.

El socio principal de Deamer es un poderoso narcotraficante y financiador del paramilitarismo, quien de acuerdo con las investigaciones era el encargado de buscar, junto con Deamer, quiénes financiaran la producción de la cocaína. Luego de la financiación y el proceso, el británico se encargaba de conseguir los compradores.

El socio del narcotraficante inglés también fue capturado también y lo último que se supo oficialmente de su caso es que aceptaría cargos para que le rebajaran la mitad de su condena. Con esto saldría en 2024 pero, en circunstancias que las autoridades no han explicado, se encuentra actualmente en libertad. Este sujeto sería el eslabón clave para la caída de la organización de Deamer, pues los agentes de inteligencia británica proporcionaron pruebas que demostraban que participaba en esta red de narcotráfico, y a partir de este conocimiento fue que las autoridades colombianas comenzaron el operativo.

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