El rol protector que asumen las mujeres se ha intensificado con la pandemia

En la imagen, una trabajadora de una residencia de ancianos sujeta la mano de una residente.
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Ginebra, 8 mar – Todas las incongruencias han sido posibles para las mujeres desde que empezó la pandemia. Su rol protector ha sido más evidente que nunca, pero también su fragilidad ante la violencia psicológica, física y sexual, y la pérdida de ingresos que han sufrido durante los confinamientos.

El impacto de la pandemia sobre las mujeres tiene múltiples facetas, entre las cuales una de las más severas ha recaído sobre su salud mental, concuerdan especialistas de la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR) entrevistadas por Efe.

Las mujeres están sobrerrepresentadas en prácticamente todos los sectores que más han sufrido con el parón de las economías, han perdido gran parte de sus ingresos y han tenido que asumir, por contra, el cuidado y seguimiento de los niños que dejaron de ir a la escuela en muchos países, y de los adultos mayores que no podían salir para evitar contraer el coronavirus.

En estas circunstancias, “el rol protector de las mujeres se ha incrementado”, asegura Silvia Toledo, especialista en Protección, Género e Inclusión para los países andinos de la FICR, un organismo que coordina operaciones humanitarias en todo el mundo.

EMBARAZOS TEMPRANOS

Los confinamientos -relata- obligaron a muchas mujeres “a quedarse en casa con sus agresores” y tuvieron un impacto dramático en niñas y adolescentes, que ya empieza a constatarse en Latinoamérica.

En conversación con Efe, Toledo revela que hubo un aumento muy importante de embarazos de adolescentes e incluso de niñas (menores de doce años), en este último caso debido a violaciones, una situación que empieza a hacerse visible con el aumento de las que acuden al sistema sanitario para dar a luz.

La especialista afirma que se trataba de una situación que se mantenía más o menos escondida porque la interrupción o disminución de los servicios sanitarios que causó la pandemia impidió que las niñas y adolescentes embarazadas acudieran a recibir cuidados prenatales.

Ahora que empiezan a dar a luz se entiende la amplitud del fenómeno, sostiene Toledo, quien dice que hay informaciones de que esto está sucediendo en Colombia, Ecuador, Perú y Argentina, así como en Centroamérica.

AISLAMIENTO FORZADO

Otro efecto de la pandemia sobre la población femenina tiene que ver con las limitaciones que han tenido para reunirse y seguir trabajando juntas para sacar adelante a sus familias y comunidades en numerosos países en desarrollo.

El lema “la unión hace la fuerza” de las mujeres se desmanteló en este periodo pandémico porque las restricciones para reunirse y la distancia social obligatoria las condujo al aislamiento, recuerda en Ginebra la coordinadora global de Género y Protección de la FIDH, Lisa Akero.

Por eso, cuando fue posible, la FIDH decidió acompañar a los grupos organizados de mujeres para que emprendieran o retomaran actividades que ayudaran a sus familias y comunidades a capear la crisis como, por ejemplo, a través de la preparación colectiva de alimentos, que se conoce como “ollas comunes” en Latinoamérica.

“A las líderes de los barrios las hemos apoyado con alimentos, ollas y cocinas”, relata Toledo.

Desde una perspectiva global, Akero recuerda que 435 millones de mujeres y niñas han caído en la pobreza a raíz de la pandemia, de las cuales 47 millones se encuentran en situación de pobreza extrema.

La voluntad del FICR de promover la equidad de género pasa por todas sus actividades, desde los centros de diagnóstico de la covid-19 que operan en lugares donde este servicio escasea hasta la distribución de productos básicos para lo más necesitados.

Asimismo, ha puesto en funcionamiento en varios países plataformas para dar acceso a las adolescentes a servicios e información sobre salud reproductiva y sexual, sobre la higiene durante el periodo menstrual y apoyo psicosocial en casos de violencia.

“Estamos ayudando a las sociedades nacionales de la Cruz Roja a llegar a las mujeres supervivientes de la violencia y darles apoyo de salud mental”, comenta Akero.

Si bien cada contexto regional y nacional es diferente, de lo que no hay duda es que las mujeres han sido víctimas de más violencia durante la pandemia en todos los sitios.

Lo ponen de manifiesto hechos como el aumento de un 700 % en el número de llamadas que recibió la Cruz Roja británica de supervivientes de actos violentos en la etapa inicial del confinamiento, revela la coordinadora.

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