En promedio, cada 30 horas se suicida un niño, niña o adolescente en Colombia

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Entre enero y abril de este año, 79 niños, niñas y adolescentes se han suicidado en el país, según un reciente informe de la Alianza por la Niñez Colombiana. El estudio recopila y analiza los datos sobre suicidio y los intentos cometidos, buscando que se dé una mayor importancia a estos temas, así como fomentar el desarrollo de habilidades en los cuidadores, para detectar problemas de comportamiento y emocionales que pueden contenerse con apoyo social y evitar que la resolución del conflicto no sea fatal.

“En promedio, cada 30 horas, un niño, niña o adolescente comete suicidio y cada día 23 más intentan suicidarse. En los últimos cuatro años (2016-2019) más de 34 mil niños tuvieron un intento de suicidio. Esta situación debe prender las alarmas de manera urgente en la familia, en las entidades prestadoras de servicios de salud y también en los entornos escolares, pues allí transcurre gran parte de la vida de la niñez”, afirmó Gloria Carvalho, secretaria Ejecutiva de la Alianza por la Niñez Colombiana.

El documento señala que en 2019 la cifra de suicidios llegó a 287 casos y en lo corrido de 2020, en el periodo comprendido entre enero y abril, alcanzo los 79 casos. Ante este panorama, la funcionaria indicó que detectar problemas de comportamiento y emocionales no es una actividad que se le enseñe a las familias, ni a los cuidadores cercanos como los maestros, quienes podrían ser la primera fila de contención de estas emociones.

“La salud mental es un estado de bienestar que le permite a los seres humanos hacer frente a lo que trae la vida: alegría, tristeza, presión de grupo, desilusiones. Identificar y saber gestionar y tramitar todo esto, nos permite tener una vida tranquila en comunidad. Si la vida de los niños no transcurre de esta manera en alguno de sus entornos, se debe pensar que algo está pasando. No es una pataleta, no son bobadas de la adolescencia”, advirtió la psicóloga Ana María Talero, de la Fundación Niña María, miembro de RedPAI, organización que a su vez hace parte de la Alianza por la Niñez Colombiana.

El reporte señala que, entre el año 2016 y el año 2019, se presentó un aumento de 11 puntos porcentuales, lo que es equivalente a 3.959 casos en los intentos de suicidio por parte de los menores de edad. Las niñas, con el 75.8%, fueron las que más acciones de este tipo realizaron por encima de los niños, que alcanzaron el 24.2%. Además, el informe determina que la gran parte de los casos de suicidio se dan en los adolescentes. Sin embargo, la salud metal debe cuidarse desde la primera infancia con un trato amoroso y respetuoso que fortalezca las habilidades de relacionamiento y la autoestima de los niños y niñas.

¿Por qué se suicida un niño o adolescente?

Para el médico psiquiatra Juan Camilo Varón, de la Fundación Niña María, una pobre capacidad de afrontamiento, rasgos muy ansiosos y una pobre red de apoyo, pueden ser detonantes para el suicidio. “Hay muchos hechos que pueden afectar la salud mental de un niño o adolescente: un duelo, separación de los padres, cambios de ciudad, acoso escolar, el mismo enfrentamiento en la adolescencia a los límites y normas de la casa, el relacionamiento con los pares, los cambios en el cuerpo. Sin embargo, estos no necesariamente requieren atención profesional y pueden resolverse con las herramientas emocionales de la persona, el apoyo familiar y de personas cercanas; pero cuando estos cambios son intensos, duraderos en el tiempo, desajustados y afectan la funcionalidad en todos los entornos del niño, hay que recurrir al psiquiatra”.

El profesional agregó en el informe que no hay que esperar a que haya un gesto suicida, entendido como la realización de un acto amenazante como, por ejemplo, abre la ventana, pero no se tira, para recurrir a psiquiatría. Cambios perceptibles en la personalidad del niño o adolescente son un indicio. Para detectarlo la familia debe estar pendiente de sus hijos.

“Hay rasgos de personalidad: tímidos, introvertidos, extrovertidos, pero si los cambios se vuelven intensos, frecuentes, se mantienen en el tiempo, no interactúan con la familia, con los amigos, son excesivamente irritables u oposicionales, es mejor consultar con salud mental y si hay que hacer un proceso, llevarlo con constancia. También hay que hablar con los profesores y amigos, para tratar de encontrar el detonante de esta situación. La familia puede ser la principal línea de contención: hablar y escuchar a los hijos, con empatía y sin juzgarlos puede ayudar a que sientan que pueden compartir sus preocupaciones”, agregó el doctor Varón.

Además, el documento indica que la razón del suicidio es casi siempre indeterminada, lo que avoca a tener mejores conocimientos de la salud mental de la niñez para poder detectar cambios comportamentales que nos indiquen que requieren nuestro cuidado. El informe de la Alianza por la Niñez Colombiana enlista una serie de alertas que pueden ser detectadas para que el entorno familiar actúe con urgencia en favor de la salud mental de los más jóvenes.

¡Cuidado con los efectos de la cuarentena!

Finalmente, el informe advierte que encuestas preliminares, no exhaustivas, y estudios en curso, evidencian que es necesario desarrollar estrategias de reaseguramiento, empoderamiento, promoción de la calma y de la unión, gestión de las emociones de los niños, niñas y adolescentes, así como de los cuidadores, propuestas de rutinas y administración adecuada de la información durante la cuarentena.

Para tener un panorama real de esta afectación, el documento refiere un estudio de la Universidad Miguel Hernández de Elche, en el que se entrevistó a 1.125 padres, 712 italianos y 413 españoles, con hijos entre tres y 18 años, y concluyó que:

*El 69% de estos tiene más dificultades para concentrarse.

*El 49% se siente más aburrido de lo habitual.

*El 43% está más irritable.

*El 36% es más dependiente de sus padres.

*El 30% se preocupa cuando alguien sale de casa.

Todas estas manifestaciones, podrían extrapolarse a la mayoría de niños y adolescentes del mundo, resultan adaptativas, y de un adecuado manejo por parte de sus entornos dependerá que se conviertan, o no, en un problema o trastorno mental, concluye el análisis.

Tomado de El Espectador

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