Entre la guerra y la miseria intelectual para gobernar

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JUAN CAVAL

Qué podremos decir de una ciudad que está sumida en el dolor de las madres, de los pocos padres que dejó la década de los ochenta y noventa, de los hermanos que lloran a su familia, de las familias que no son el sueño Epifánico de una Antioquia grande, libre y pujante; ahora familias destruidas por las malditas balas, por la maldita droga, por esa cultura narcotraficante, prostituta y facilista que nos sigue dejando la historia, ahora apoyada por la televisión nacional y los aplausos burocráticos que se aprendieron el discurso “de lo social”, hablar con el delincuente, violador, matón, con caricias y regalos para montar panadería y así “solucionar” el problema de raíz.

Hablar de la realidad de la seguridad de Medellín, siempre deja grandes pasiones en la pluma, pues se hace más con un sentimiento de impotencia al evidenciar la prepotencia de una administración mentirosa, que busca desesperadamente ocultar esta guerra que estamos viviendo entre las fronteras y el crimen organizado como una empresa criminal con altos estándares de calidad en sus procedimientos macabros, sistematizados y al parecer bien vistos por nóminas paralelas, que con frecuencia se denuncian por las voces que no tienen temor y a pesar de las amenazas continúan esta dura lucha por la verdad, entre ellos, mi respeto para Fernando Quijano.

Cuando el 12 de junio de este año, se enfrentó en el Concejo de Medellín el debate de “Seguridad” se pretendía mostrar la realidad de lo que pasa en cada rincón de la ciudad más innovadora del mundo, que también debería ganar el premio a la más macabra, tenebrosa, criminal, auspiciadora de matones y de permisibilidad administrativa para la libre empresa delincuencial. Con el valor característico Juan Felipe Campuzano, comenzó hablando de lo que perdimos en Medellín, esa autoestima de una sociedad éticamente correcta, en construcción constante de retos sociales y económicos. Ese pasado señores se quedó allá, pues este presente solo puede hablar de una sociedad preocupada por las armas, ahora denominadas por los jóvenes delincuentes “BEBES”, si señores esos mismos jóvenes que educó Fajardo con su lema de “La más educada” son los que ahora cargan bebes, con dos proveedores en sus motos sin espejos retrovisores, que pasan al lado de las patrullas motorizadas de la Policía, y a los mismos agentes del orden les da temor comenzar la persecución, pues si pertenece a una estructura organizada con gerente incluido, corren el riesgo de perder la vida en la siguiente incursión silenciosa, con fusil de alta precisión con silenciador.

Fuimos el puesto No. 1 en el ranking de las ciudades más violentas del mundo, pasamos a ser la 14 y ahora es motivo de orgullo para esta inepta administración, ser la número 24 entre más de 3.200 reconocidas como tal, esto es un descaro para los habitantes de Medellín, pero no contentos con eso, catalogan a Colombia como el país más violento de Latinoamérica, sin lugar a dudas deja a esta ciudad tan innovadora como la más violenta en este ranking, lista para los visitantes extranjeros que quieren ver como se procede a realizar levantamiento de cuerpos, sin el cumplimiento de los protocolos establecidos por la Ley.

Según Luis Pérez, en Medellín se consume la medio bobada de 20 toneladas de cocaína en un año, eso sin hablar del deporte de la marihuana, preferida entre los combos barriales para el medio tiempo, solo como un aperitivo, y si contamos las presuntas 800 casas de vicio calculadas por Corpades, estamos sumando en “inversión social”, ellos dan trabajo a los “jóvenes sin oportunidades” y desde los colegios, comienzan con la promoción de su microempresita, a darle el producto a los niños, futuros adictos, futuros jóvenes sin oportunidades, ese, es el futuro de Medellín papá, sus jóvenes sumidos en las drogas y los “BEBES” como un símbolo de poder y estatus social, a la mierda el estudio, a la mierda la oportunidad, a la mierda una sociedad decente, si para ser concejal no se requiere ser profesional, y esperen las denuncias.

Pero sigamos, es que hablar de los errores que son terrores para la gente, de este alcalde organizador de eventos, que perdería la evaluación en seguridad hasta gobernando Tutucán. Ese esfuerzo casi divino que hicieron las dos anteriores administraciones en temas de educación, que únicamente lograron premios en infraestructura, ninguno en calidad académica, se está viendo afectado por estos genios de la seguridad, basta con mirar cuántos niños dejaron las aulas, en lo que va corrido del 2013, tenemos un 4.4%, apenas con 6 meses, y en años anteriores era del 3.8% y 3.7% respectivamente.

 ¿Entonces vamos muy bien alcalde innovador?   

Estos niños no se van a hacerle el oficio a la mamá mi señor, estos niños van al rebusque en las calles, a buscar la comida, a engrosar las listas de los ofrecimientos de las estructuras delincuenciales que pagan mejor, incluso que a los empleados de la alcaldía que pararon el debate en seguridad, exigiendo un salario digno.

Ahora, desaparecer en Medellín es todo un arte, es magia, hace parte del estado natural de nuestra sociedad, el año pasado, iniciando la administración de don Aníbal, desaparecieron 521 personas y al día de hoy el 78% continúan tan perdidos como las políticas de su seguridad, ¿Será que están en los hornos de los Chivos? ¿Será que están en el río? ¿Qué será? Y únicamente por hoy, evitaremos hablar de las casas del terror, de tortura y desaparición, que hacen de esta ciudad, la más innovadora en métodos delincuenciales.

Una sociedad que no exige desde la sana lógica, desde la coherencia y el amor por su familia a la administración que actúe con carácter y no con caricias, es una sociedad cómplice de lo que nos está ocurriendo, que los niños tengan que pagar mil pesos diarios a los combos para ir a estudiar y todos sigamos con nuestra rumbita, patrocinando a los amiguitos de los “BEBES” y simplemente dejando en palabras las críticas a esta administración que toma con ligereza los temas que tienen que ver con la vida y la seguridad de todos. Cuando veo ese lema de “Un hogar para la vida” solo puedo pensar que nos están viendo la cara de idiotas y estamos cada día más felices por conciertos culos, cuentos culos y premios culos.

Si el alcalde no puede con la seguridad de Medellín, si le quedó grande administrar esta ciudad, si es incapaz de pensar que la gente no necesita conciertos, sino poder llegar a la casa después del trabajo, sin miedo de pagar una vacuna, que entregue la alcaldía y se dedique a organizar eventos, que en eso parece ser en lo único que es capaz, y eso que la tarea se la hace otra persona que parece conocer mejor la internacionalización.

Me disculparan por mi indignación, pero por cada segundo que usted pasó leyendo esta columna de opinión, mataron, desaparecieron, extorsionaron y posiblemente su familia esté afectada por estas políticas muy sociales, de “la más innovadora”.  @juancaval.  

 

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