Entrevista con ex miembro de una banda: «No hay forma de derrotar a las bandas en Bello»

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Análisis Urbano estuvo reunido con un exmiembro del crimen organizado en el municipio de Bello, quien nos habló de lo que hay detrás de las bandas y la confrontación que se vive en todo el Valle de Aburrá.

Esta es la primera de tres entregas que haremos, luego de la entrevista con un hombre que estuvo vinculado al conflicto urbano desde los tiempos de Pablo Escobar y de quien por motivos de seguridad reservaremos su identidad.

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Lo primero que nos dejó claro nuestro entrevistado es que la situación de Bello no es ajena a lo que se vive en el Valle de Aburrá, y que en Análisis Urbano hemos definido como la Guerra Fría de La Oficina.

Lo que sucede según él, es que en determinados momentos se calientan ciertas zonas y se agudiza la situación de violencia, porque nunca se ha buscado una solución definitiva al problema.

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En este momento, esa guerra interna de La Oficina, tiene en plena confrontación a la organización Pachelly con Los del Mesa, estos últimos aliados con la banda de Niquía Camacol.

Dicho enfrentamiento ha dejado múltiples ataques en los últimos días, la evidencia de que muchos menores hacen parte de este conflicto armado y un incremento notable en los homicidios en el municipio de Bello.

Cómo nacieron organizaciones como Pachelly

«Los muchachos de los barrios se empezaron a unir desde la década de los 80 para proteger a sus comunidades, tienen un alto sentido de pertenencia y desde ese entonces son avalados por la misma gente», dijo.

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«No estoy defendiendo muchas de las cosas malas que hacen los combos, pero si estoy diciendo que no nacieron así como así. Son producto de la ausencia del Estado para defender a la gente, cuando veíamos matar jóvenes por robarles un par de zapatos», anotó el entrevistado.

«No comenzaron por un nombre o por dominar a nadie, sino como autodefensas contra la delincuencia común y contra la llegada a los barrios de las células urbanas del ELN, en ese entonces. En particular en Bello, todo el de Medellín que quería venía a cometer delitos aquí lo hacía, hasta que los muchachos se organizaron».

Hablemos del apoyo de la comunidad

Nuestro entrevistado insistió en que las bandas tienen un alto sentido de pertenencia, lo que nos llamó mucho la atención, por eso preguntamos sobre la verdadera relación de estas organizaciones con los habitantes de los diferentes barrios.

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«En la mayoría de los casos la gente se sentía respaldada por estos jóvenes y financió su vigilancia, porque las autoridades nunca respondieron», anotó el consultado.

Es evidente que desde la década de los 80 al 2019 las cosas han cambiado y el accionar de estas organizaciones ha cambiado. El crimen ha evolucionado y las afectaciones a los ciudadanos se han incrementado.

Sin embargo, nuestro invitado insistió en el alto grado de aprobación que tienen estos delincuentes dentro de sus barrios, lo que contrastamos con versiones de los ciudadanos que expresan opiniones totalmente opuestas.

Como no trabajamos sobre verdades absolutas y la mayoría de las veces las noticias se cuentan desde el lado de la oficialidad, seguimos relatando la versión de quien estuvo involucrado con dichas organizaciones y que sigue mirando de cerca lo que viene sucediendo.

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¿Qué hace imbatibles a las organizaciones criminales?

«Precisamente lo que le digo, que la gente los quiere, que actúan desde su territorio, que se conocen todos los recovecos de los barrios y que en muchos casos no son identificados por las autoridades, son simples vecinos», argumentó nuestro invitado.

«Usted es civil la mayor parte del día, tiene su casa cerca, sabe donde encaletarse, ataca o defiende cuando es necesario. Así en muy jodido para la Policía, que mejor se alió en muchos casos», concluyó el entrevistado.

Supongamos entonces que hay un grado de aprobación y obvio de familiaridad entre las comunidades y la delincuencia organizada, pero en la mayoría de los casos impera el miedo, ese que impide que cualquiera de los protagonistas de la violencia sea denunciado.

Teniendo en cuenta esta comodidad con la que cuentan las bandas, es muy difícil que cualquier esfuerzo de las autoridades funcione. Además, como en muchos sectores de Medellín, la desconfianza frente a la Policía es grande.

Por eso desde este medio de comunicación insistimos en que la militarización, el refuerzo policial, las recompensas, la captura de cabecillas, entre otras acciones, son insuficientes.

En nuestra próxima entrega estaremos hablando del alcance de estas organizaciones, que nacieron como presuntas autodefensas de barrio, pero que han evolucionado hasta tener territorio en la propia capital de la República.

 

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