¿Es Carlos Chata el enemigo público número uno de Medellín?

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Por Luis Fernando Quijano Moreno

Hace pocos días estuvo en Medellín el presidente de la República, Juan Manuel Santos; habló, entre otros temas, de inversiones en la seguridad para la ciudad y el resto de Antioquia, aumento en el pie de fuerza de la Policía y la llegada de un helicóptero a la ciudad para vigilarla desde el aire, pero lo que más llamó la atención es que el mandatario haya reiterado que hay dos millones de dólares de recompensa por Juan Carlos Mesa Vallejo, alias Tom o Carlos Chata, jefe militar del Pacto del Fusil desde julio de 2013. ¿Presagio de una inminente captura?

Una cosa es que apenas se conozca recientemente el monto de la recompensa sobre Chata y que sea ratificada por boca del presidente de la república, otra muy distinta es que los volantes con la información hayan sido guardados en los anaqueles del olvido y la impunidad por funcionarios que al parecer le han brindado protección oficial durante años.

Por eso, apenas en la administración del alcalde Federico Gutiérrez, quien lidera la lucha contra el crimen urbano de la mano del brigadier Gómez Heredia y la Fiscalía General de la Nación, se pudo conocer sobre los dos millones de dólares. Antes nadie quería hablar sobre Carlos Chata y otros poderosos criminales. ¿Cuál sería la razón?

La recompensa pudo llamar la atención de muchos, no entiendo por qué. La verdad es que desde hace tiempo se conoce que es esa la retribución que hay sobre el jefe criminal de la banda Los Chatas quien ha crecido en poder armado, territorial y económico al lado de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) o Clan del Golfo, organización paramafiosa que ha forjado la llamada Alianza Criminal del Norte, con la que han extendido su poder armado, territorial y económico a sectores de Medellín, sur y norte del Valle de Aburrá y más allá, avanzado por la Ruta de la Leche y la vía a Urabá incluyendo como fortín a los municipios de Buriticá, Santa Fe de Antioquia, San Jerónimo, San Cristóbal y San Pedro de los Milagros, entre otros.

Conociendo todo ese prontuario criminal no me llamó la atención el monto de la recompensa, lo que sí lo hizo fue el otro anuncio presidencial: afirmar que Carlos Chata o Tom es el enemigo público número uno de la ciudad de Medellín. Paradójicamente apenas se está hablando de él, mientras que Corpades y la agencia de prensa Análisis Urbano ya lo habían hecho desde el año 2013. Entonces a nadie le importó y mucho menos al ente investigador, la Fiscalía General de la Nación, que nunca ha tenido en cuenta sendos informes publicados sobre dicho criminal. ¿Será que la criminalidad también está en la Fiscalía General de la Nación?

Respetuosamente, presidente, ¿quién le dijo a usted que Carlos Chata es el enemigo número uno de Medellín? ¿Qué organismo de seguridad le entrega ese tipo de informes de inteligencia?

Los enemigos número uno del Medellín metropolitano, léase Valle de Aburrá, son el crimen urbano representado principalmente en la estructura paramafiosa de la Oficina del Valle de Aburrá, denominada Oficina de Envigado, que controla buena parte de las 500 bandas que operan en esta subregión y que está asociada a las AGC y al crimen transnacional representado en carteles mexicanos, crimen brasilero, mafia italiana, entre otros; esos si son los enemigos públicos número uno de la sociedad, Medellín y el resto de Antioquia, por consiguiente son enemigos de Colombia.

Los subjefes, los jefes como Carlos Chata, la junta directiva de la Oficina, los patrones y los patrones de patrones —y lo mismo podría decirse de las AGC o Clan del Golfo, aclarando que su jerarquía es diferente a la de la Oficina—, son solo miembros de quitar y poner; cuando muere o es capturado alguno, inmediatamente es reemplazado por otro. Eso, señor presidente, es dialéctico y no acabará con las estructuras criminales enquistadas en el Estado, la sociedad, con un negocio rentable, poder militar, territorial y social, además de una organizada y bien paga protección oficial. ¿Por qué cree presidente Santos que Carlos Chata no ha sido capturado hasta ahora? ¿Será que una robusta nómina paralela en la institucionalidad guarda sus intereses al igual que se hacía con Soto y Chamizo, entre otros?

Debo decirle, señor presidente Juan Manuel Santos, que causa desazón ese tipo de aseveraciones ya que lo único que refleja es que la estrategia de seguridad basada en captura, control del crimen y decomisos no es solo local o regional, se nota a leguas que es la misma que impulsa su gobierno, con razón se puede decir que ahora que estamos en pleno proceso de paz el crimen urbano-rural goza de excelente salud.

Creer que capturar capos subjefes o jefes acabará el crimen en Colombia es un desacierto de marca mayor, usted continuará los errores de sus antecesores del solio de Nariño, quienes han querido convencer a un país que la muerte o la captura de un criminal de alto perfil es el comienzo del fin de la mafia, el paramilitarismo y sus asociados. Décadas después solo se ve que han mentido.


Apunte Urbano

Cómo se podrá explicar que desde 2013 la ONG Corpades y Análisis Urbano hayan anunciado la existencia del Pacto del Fusil en el Valle de Aburrá y que sus jefes militares eran Carlos Chata por la Oficina del Valle de Aburrá y Gabriel Paraco por las AGC, y que en 2015 el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos hayan planteado la existencia de un acuerdo criminal y que sus dos jefes eran los criminales ya mencionados. ¿Por qué apenas ahora se habla de Carlos Chata?

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