Escoltas de la UNP viven la presión criminal y el abandono del Estado

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En un video se escucha una voz atribulada en medio de la oscuridad, se percibe adolorida, decepcionada, impotente. Es la voz de uno de los escoltas de la UNP que acudieron a rescatar los cadáveres de sus compañeros secuestrados el pasado domingo 10 de noviembre en el departamento del Chocó y que fueron asesinados por sus captores.

Róbinson Romaña Cuesta y León Jairo Rendón Ortiz, escoltas que hacían parte del esquema de seguridad de los líderes sociales Róbinson Robledo y Germán Marmolejo, prestaban sus servicios a la Unidad Nacional de Protección en Chocó a través del operador Sevicol.

Los escoltas se encontraban en el corregimiento Domingodó cuando hombres del frente Montalvo de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, AGC o Clan del Golfo, los secuestraron. El comandante de la Policía de Urabá, coronel Gerson Fajardo, y el general Juan Carlos Ramírez Trujillo, comandante de la Séptima División del Ejército, anunciaron una recompensa de hasta $30.000.000 por alias Monseñor, cabecilla de esa estructura.

“Buenas noches muchachos, escoltas de toda la región antioqueña, de Colombia. Me encuentro en este momento dolido, porque no tenemos acompañamiento de ninguna representación acá de la Unidad Nacional (UNP), ni de la Policía y ni de la Fiscalía. Nos encontramos en este momento en total abandono, lo que han hecho con los otros compañeros, vean, nos los entregaron así, totalmente descompuestos, ninguna de las empresas está acá haciendo acompañamiento, estamos abandonados. ¿Dónde está el apoyo de quienes nos representan a nosotros? Nosotros exponemos la vida por un buen trabajo, para sacar adelante a la familia y mire, así nos pagan. Vea, nos los entregaron como unos perros. ¿Qué esperamos muchachos?, ¿ah? Juntémonos”, lamentó el escolta.

Los cuerpos de Romaña y Rendón fueron hallados promediando la semana. Rendón fue avistado el martes 13 de noviembre, mientras que Romaña fue encontrado al día siguiente, miércoles, ambos en el río Atrato, a la altura de Riosucio, Chocó. El traslado de sus cuerpos fue denigrante, no tuvieron acompañamiento de las autoridades y tuvieron que pasar miles de dificultades para llevar los cadáveres hasta Chigorodó, Antioquia.

A partir de estos homicidios se abre un debate a nivel nacional. ¿Cuáles son las garantías de seguridad reales para los líderes sociales, los defensores derechos humanos en Colombia y los amenazados?

Pero el debate va más a fondo. ¿Qué hace la UNP por los escoltas que están en planta o los que están tercerizados a través de operadores? ¿Cuál es la protección para ellos?

La organización no gubernamental Corpades y la agencia de prensa Análisis Urbano se encontraron con lo siguiente: Primero abandono, escoltas que están abandonados, tuvieron que ir ellos mismos a buscar los cadáveres de sus compañeros, tuvieron que sacar de sus propios bolsillos el dinero para ayudar al traslado.

¿Dónde estaba la Policía, dónde estaba la Armada, dónde estaba el Ejército, dónde estaba la Fiscalía General de la Nación, dónde estaba el personal de la Unidad Nacional de Protección?
Ninguno de sus representantes se hizo presente. Funcionarios de la UNP deberían haber estado todo el tiempo acompañando a sus escoltas, que aunque sean tercerizados, aunque estén a través de empresas de seguridad, pertenecen y le prestan un servicio a la UNP.

Abandono. Y se muestra aún más el abandono cuando el propio director nacional de la UNP dice abiertamente que es imposible enfrentar a hombres con armas largas o fusilería, con unas pistolas.

¡Vergonzoso! Vergonzoso que eso esté ocurriendo en el país. Este debate es más grave todavía porque muestra que lo de las famosas pistolas, los famosos chalecos, los famosos carros blindados número 3 (porque según el director de la UNP, los chalecos número 4, número 5, nivel 6, son para otra gente, porque también este es un asunto estratificado en la UNP), no sirven para repeler el ataque de grupos armados.

Medellín está copado por grupos delincuenciales armados. Afortunadamente no han golpeado a las escoltas todavía, o por lo menos ha ocurrido en pocas veces. Los escoltas viven en los barrios de Medellín en los que hacen presencia los criminales. Y si eso ocurre en Medellín, si eso ocurre el Valle de Aburrá, si eso ocurre en otras subregiones de Antioquia, ¿qué puede estar ocurriendo en el Urabá antioqueño, en el Urabá chocoano, en el departamento del Cauca, en el departamento del Meta, lo que puede estar ocurriendo en muchas partes de Colombia?

Escoltas abandonados a su suerte, los mismos protegidos abandonados a su suerte.

Sí, es verdad, tiene usted razón doctor Pablo Elías González Monguí: es imposible repeler un ataque con 18 tiros, repeler un ataque con una pistola, cuando todos los grupos armados en Colombia, sean las AGC, sea la Oficina, sean los Pelusos, sea el ELN, sean las disidencias de las Farc, sea cualquiera de ellos, tienen capacidad de fuego.

Y le recordamos doctor Pablo Elías González Monguí que todavía sus analistas, sus asesores de seguridad dicen que los escoltas no deben portar sino pistolas, que los niveles de los vehículos debe ser el número 3, porque no han entendido qué clase de crimen estamos enfrentando: crimen urbano, crimen rural, crimen trasnacional con poder de fuego, con economía, con logística, con la posibilidad de acabar con cualquier esquema de seguridad.

Ciertos esquemas de seguridad se salvan y usted sabe las razones doctor Pablo Elías González Monguí, cuáles esquemas se podrían salvar de un ataque de la Oficina, de un ataque de las AGC, de un ataque de los Pelusos, de un ataque de las disidencias de las Farc.

Hoy se abre un nuevo debate por el abandono en que se encuentran miles de escoltas tercerizados en Colombia, el abandono estatal, la falta de acompañamiento real. No es posible que los comunicados surjan doctor Pablo Elías, cuando ya han tenido que levantar los escoltas su voz de protesta ante los medios de comunicación. Pareciera que las respuestas se dan después de que ocurren los hechos, después de que la gente se queja, después de que la gente alza su voz de protesta.

Hoy es la oportunidad de oro doctor Pablo Elías para que cambiemos las cosas. Hoy es la oportunidad de oro para decirles que busquemos cuáles son las garantías reales para los escoltas, cuáles son las verdaderas garantías de seguridad para los amenazados de Colombia, cómo hacer para que la UNP sea algo tan grande que de verdad sirva de protección en Colombia, que no sea simplemente decoración.

Pareciera ser que en muchas partes de Colombia la escolta, el carro, el chaleco, el botón de pánico, son más una decoración y menos una protección.

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