Así no lo dijo nuestro compañero de viaje por las calles de la Comuna 7 de Medellín, a quien por seguridad llamaremos Fredy.

«Nos ha tocado ver morir a muchos de nuestros jóvenes, ver como desaparecen unos combos, pero llegan otros y ahora no es diferente», explicó nuestro guía.

Análisis Urbano continúa con esta serie de especiales, donde los ciudadanos nos cuentan cómo se vive en el occidente de la ciudad en medio de lo que hemos llamado la guerra fría de La Oficina del Valle de Aburrá y específicamente en Robledo, la retoma de Los Pesebreros.

Fredy vive en Robledo hace 40 años, fue desplazado cuando Medellín se debatía entre las balas de los bandos de alias Valenciano y alias Sebastián. «Estuve en Guayabal, en Belén, me quedaba en el trabajo, tuve que dejar todo, porque esa gente empezó a meterse a las casas y no quedaba de otra que salir».

Aunque regresó cuando las cosas parecían haberse calmado, la situación ahora se reencarna en esta disputa interna de La Oficina, que la gente en realidad no entiende bien, pero sabe que la zona está «caliente».

«La tranquilidad vale y yo no tengo con qué pagarla, por eso estoy todavía aquí», argumentó Fredy.

«Por estos lados funciona el voz a voz, todos sabemos cuándo nos tenemos que entrar temprano, por donde no debemos pasar, que día no se mandan los niños al colegio y que día es mejor ni salir», apuntó Fredy.

Siguen las fronteras invisibles

En este momento la zona más conflictiva de Robledo, según sus habitantes y la propia Policía Metropolitana, es entre Aures y Curazao, donde toda la comunidad sabe que hay una de las llamadas fronteras invisibles.

«En la parte alta hemos tenido cinco homicidios, que sabemos tienen que ver con la confrontación criminal. Ahí tenemos un componente especial de uniformados y una estrategia con volantes con la silueta de los delincuentes», nos contó el comandante de la Policía Metropolitana, general Eliécer Camacho.

Dijo además el oficial «en la parte de abajo de Robledo las afectaciones tienen que ver con venganzas y ajustes de cuentas. En esta zona no tenemos identificada una confrontación vigente».

De acuerdo con lo manifestado por el secretario de Seguridad, Andrés Tobón, «en este momento está priorizada la confrontación entre El Acopio y Curazao, pues las confrontaciones viejas se han superado».

Por su parte uno de los líderes de Robledo nos contó que «el tema de fronteras invisibles nunca ha desaparecido, así las autoridades digan lo contrario y pese al refuerzo de policías y militares, la cosa está dura y no es un conflicto menor».

Para Fredy y sus vecinos es claro que pasar de Aures 2 al sector de Curazao hoy no es posible, así en una fotografía hubiéramos captado la presencia permanente del Ejército en la zona del colegio.

Vigilancia repartida entre Ejército, Policía y bandas criminales

Es singular, pero a la hora de preguntarle a la gente sobre quién manda en Robledo, nadie dudó en responder que los combos, aunque reconocieron que la Policía y el Ejército están día y noche.

Es decir, en la zona patrullan las 24 horas los policías, los militares y los miembros de las organizaciones criminales, lo que en realidad incrementa el miedo, según la percepción de los vecinos.

Las relaciones con las dos instituciones de la fuerza pública son muy diferentes. Al Ejército se le tiene un mayor respeto y en algunos casos miedo, nadie se les acerca. En lo que tiene que ver con la Policía la desconfianza es generalizada y las afirmaciones de vínculos con los delincuentes del sector son repetidas.

«Uno quisiera creer, pero en Robledo desde las matanzas en la época de Valenciano y Sebastián la gente sabe que la Policía está con esos manes. Créame que, si tengo que denunciar ante la Policía, mejor me voy de la ciudad», argumentó un vecino del barrio Villa Sofía.

Frente al tema consultamos al general Eliécer Camacho, comandante de la Policía Metropolitana y nos pidió replicar este mensaje: «Toca decirle a la gente que quienes atacan a esas organizaciones somos nosotros o mire las capturas de alias Pocho y alias Chicho, en los últimos días. Es importante decirle a la gente que, si no confían en el cuadrante, pues se dirijan al comando que yo mismo los atiendo».

Una de las mayores preocupaciones, como sucede en la Comuna 13, es que el patrullaje clandestino lo ejercen menores de edad. Es decir, en la Comuna 7 también le tienen miedo a los niños, «porque son los carritos para todo lo que las bandas necesiten», anotó uno de los consultados por este medio.

Cifras de un panorama complejo

Pese a que los homicidios han bajado en 5 casos con respecto al año pasado, la Comuna 7 – Robledo es una de las más violentas de la ciudad con 15 asesinatos en lo que va corrido del 2019.

En el caso de la extorsión o las conocidas vacunas; transportadores, comerciantes y hasta los habitantes consultados, pagan a los ilegales. En la zona de los edificios, como es conocida una de las partes altas de Robledo, se paga hasta por el parqueo de carros y motos. Además, la «vigilancia privada» hoy corre por cuenta de las bandas criminales.  Sin embargo, las cifras de las autoridades de Medellín dicen que en la zona este año van únicamente 8 denuncias por este delito.

El gremio transportador ha sido uno de los más afectados por estos cobros ilegales, incluso en abril del año pasado un conductor de la ruta Villa Sofía 260, fue atacado a tiros dentro de su vehículo, por lo que se paralizaron las actividades de varias rutas.

Al tema de las vacunas, se suma que en muchas tiendas y salsamentarias de los barrios de Robledo solo se vende lo que distribuyen los combos; esto pasa en mayor medida con los huevos y las arepas. «Qué hago yo pues, si los demás no pueden subir por aquí», manifestó uno de los comerciantes de Aures.

Otro de los dolores de cabeza en la Comuna 7 es el desplazamiento intraurbano, que, según la Personería de Medellín, hasta el pasado 31 de marzo había dejado 98 víctimas en este sector occidental de la ciudad.

Vale anotar que es obvio el subregistro en delitos como la extorsión y el desplazamiento intraurbano y que las autoridades de Medellín no cuentan con una cifra clara sobre el reclutamiento de menores por parte de las bandas criminales. Frente a este último tema solo se cuenta con un dato de la Personería que dice que 60.000 menores están en riesgo en la ciudad de ser absorbidos por estas organizaciones.

El fantasma de Carlos Pesebre desde la cárcel

Sobre todo, en la zona alta de Robledo si se menciona el nombre de Freiner Alonso Ramírez, alias Carlos Pesebre, el ambiente se pone tenso y nadie dice una sola palabra. Sólo una persona en uno de los negocios a los que fuimos contestó, «de ese man sabemos lo que dicen los noticieros y ya». Era obvio que no querían más preguntas y que no habrían más respuestas.

Y es que al parecer su mando desde la cárcel de Valledupar continúa y su lucha tiene que ver con lo que en Análisis Urbano hemos llamado la toma del corredor de occidente. La unión estratégica del Valle de Aburrá con los túneles de Occidente y El Toyo y con el Puerto de Turbo, para la circulación clandestina de narcóticos y armamento.

Frente al tema de este y otros cabecillas se plantea un escenario no lejano, que sería la confrontación abierta entre las líneas militares de la Oficina. Esta podría acelerarse si se extraditan los jefes y los subjefes del crimen urbano que son representativos dentro de la Línea 60 y la Línea 40. Ya se pasó de los rumores a la afirmación de la directora Nacional contra el Crimen Organizado de la Fiscalía General de la Nación, Claudia Carrasquilla Minami, que ya está listo todo para el inicio de este proceso.