José Rómulo Sosa Ortiz, como era su nombre real, siempre dijo que quien lo enseñó a acoplarse a la industria musical fue Pedro Vargas.

Más de cincuenta años de carrera lo avalaron desde que inició tocando la guitarra, dando serenatas y presentándose en centros nocturnos. El nacido en la Ciudad de México vendió más de 120 millones de copias alrededor del mundo.

Tal vez la OTI y su interpretación de “El triste”, en 1970, le dieron una de las mayores alegrías en su vida ya que consiguió el tercer lugar. Pero tenía destinado el estrellato, siendo la década de los ochentas en la cual vería su mayor esplendor.

El reconocimiento le valió varias nominaciones a los premios Grammy y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Pero como todo lo bueno que le pasó, también vivió momentos de desesperanza con sus problemas de alcoholismo, tal como también vivió su padre, adicción que le causó graves problemas financieros. Cuando llegó al límite decidió internarse en el Centro de Rehabilitación y Universidad Heizelden en Minessota, Estados Unidos.

Pero su carrera no fue la misma. Las afecciones lo persiguieron una y otra vez, ya sea por la enfermedad de Lyme por cerca de nueve años, una parálisis facial o algunas caídas, una de ellas en el escenario en 2013.

«Desde niño fui enfermizo, nací muy chiquito y creyeron que no lo iba a lograr pero gracias a la leche materna es que pude sobrevivir aunque siempre con problemas de salud como la herencia pulmonar, amígdalas, entre otros», recordó alguna vez.

Cada tanto debía ir a una revisión médica, pues le detectaron alergia a 22 elementos entre ellos el aire acondicionado. Para José José no fue nada fácil descubrir que había perdido su voz, esa misma que lo hizo alcanzar la gloria años atrás.

De pronto debía usar plantillas en los zapatos, oxígeno, un bastón, se hizo más flaco y se le dificultaba caminar. Una voz heredada por un tenor como lo fue su padre estaba ronca ahora.

“He pasado por diversas circunstancias porque Dios así lo quiso, pero he encontrado la manera de seguir trabajando hasta que Dios diga, porque él tiene la última palabra», conversaba quien a raíz de sus enfermedades vivía casi al día.

En 2017, el cantante confirmó que padece cáncer de páncreas. “Me está creciendo un pequeño tumor canceroso en el páncreas, debido a esa situación estoy tan flaco. Los médicos me han dicho que estamos a tiempo para combatir el cáncer, por eso ya comenzamos con las primeras quimioterapias. Estoy entrando y saliendo del hospital», señaló entonces.

En junio, José José rompió el silencio y aseguró estar bien, pero que todavía se encontraba en tratamiento para combatir el cáncer de páncreas que lo ha mantenido alejado de los escenarios y medios de comunicación.

Durante una llamada breve a su amigo el bolerista Manuel Adrián, quien tuvo que interrumpir una presentación en vivo para atender a la llamada, el «Príncipe de la Canción» aseguró que no había venido a México, como se especulaba, y que todavía está luchando contra la grave enfermedad que padece.

La conversación que fue grabada en video, se ve a Adrián poner el micrófono en su celular para que la gente se enterara sobre el cantante de «El Triste» y «Almohada», sin embargo, no se pudo entender mucho lo que José José decía debido a la calidad de las bocinas del teléfono y la voz del mismo.

Hace unos días, su hija Marysol recordó a su padre a través de su cuenta de Instagram.
“Acompañando a papá en la grabación de su disco Siempre Contigo, en España, con el gran @pacoceperoficial . Pronto volveremos a remar juntos por la vida. Estoy segura que Jesús tiene grandes planes para ti, papá. Te amo”.

Tomado de El Tiempo