Finlandia rechaza una “finlandización” de Ucrania para resolver la crisis

El presidente ruso, Vladimir Putin, en una fotografía de archivo. EFE/EPA/THIBAULT CAMUS
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Helsinki, 13 de febrero de 2022 – El término “finlandización” cobra actualidad como una posible solución al conflicto entre Ucrania y Rusia, pero en Finlandia, país que dio nombre al concepto y sufrió las consecuencias de esta neutralidad impuesta por Moscú, rechazan que pueda ser un modelo para la actual situación.

La posibilidad de “finlandizar” Ucrania para evitar una guerra a gran escala cobró relevancia esta semana durante la visita a Rusia como mediador del presidente francés, Emmanuel Macron, y la fría reunión que mantuvo con su homólogo ruso, Vladimir Putin.

Mientras el Kremlin aumentaba el despliegue de tropas cerca de la frontera con Ucrania, Macron y Putin analizaron “varias variantes” que permitan apaciguar el conflicto, entre las que estaría permitir el acercamiento de Ucrania a la Unión Europea (UE) a cambio de renunciar a una eventual entrada del país en la OTAN.

RECHAZO DE FINLANDIA

Muchos países se han mostrado escépticos sobre esta eventual solución, ya que supondría una grave injerencia en la soberanía nacional de Ucrania, pero quizá el que más claramente la rechaza es Finlandia, que tiene aún muy recientes los 44 años de “finlandización” soviética durante la Guerra Fría.

El último en repudiar la idea públicamente fue el presidente finlandés, Sauli Niinistö, quien este viernes afirmó en una entrevista con el medio alemán “Der Spiegel” que “proponer a otro país algo así como modelo es completamente erróneo”.

Niinistö es probablemente el líder de la Unión Europea que mantiene un diálogo más fluido con Putin, con quien siempre ha sido firme en la defensa de las posturas europeas, entre ellas las sanciones a Rusia tras la anexión de Crimea y el respeto a la soberanía y la integridad territorial de las naciones.

El asunto es tan sensible en el país nórdico que el presidente de la comisión de Asuntos Exteriores del Eduskunta (parlamento finlandés), Mika Niikko, se vio obligado a dimitir el pasado martes tras publicar un polémico tuit sugiriendo que se cierre la puerta de la OTAN a Ucrania.

“Ahora Macron o alguien más debería decir públicamente que Ucrania no se unirá a la OTAN. De lo contrario, las negociaciones fracasarán desde la perspectiva de Rusia y las consecuencias serán nefastas”, escribió en su cuenta de Twitter.

Niikko fue rápidamente desautorizado por su propio partido, el ultraderechista Verdaderos Finlandeses, y recibió un aluvión de críticas en las que, entre otras cosas, se le acusaba de romper el consenso nacional y de estar “finlandizado”.

EL TRAUMA DE LA INJERENCIA SOVIÉTICA

Aunque el término “finlandización” se acuñó en los años sesenta del siglo pasado, su origen está en el Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua firmado entre Finlandia y la Unión Soviética en 1948, tras la victoria de Stalin sobre el país nórdico en un conflicto bélico paralelo a la Segunda Guerra Mundial.

Este tratado, vigente hasta 1992, obligó a Finlandia a repeler posibles ataques militares a la Unión Soviética a través de su territorio y le impuso una neutralidad en política internacional que era estrechamente supervisada desde Moscú.

En la práctica, esta fórmula impidió que el país se acercase demasiado al bloque occidental por miedo a la reacción soviética, limitó la libertad de prensa, instauró la autocensura para silenciar posibles críticas a Moscú y cercenó las carreras políticas de quienes no tenían buenas relaciones con el Kremlin.

A cambio, permitió a Finlandia mantener su independencia y buena parte de su soberanía, en lugar de ser anexionada a la Unión Soviética, como ocurrió, por ejemplo, con las vecinas repúblicas bálticas.

Algunos intelectuales, entre ellos la escritora Sofi Oksanen, sostienen que la “finlandización” caló de forma tan profunda en la sociedad finlandesa que incluso hoy día, 20 años después del fin del tratado de amistad, todavía se pueden encontrar ejemplos puntuales de sus efectos.

Teivo Teivainen, profesor de Política Mundial de la Universidad de Helsinki, explica a Efe que para muchos finlandeses el término “finlandización” es un concepto peyorativo.

“Pensamos que es un concepto válido para la historia de Finlandia durante la Guerra Fría y la intromisión de un país grande en asuntos de un país pequeño. Entonces, en ese sentido, cuando proponen una ‘finlandización’ para Ucrania, en Finlandia nos sentimos casi ofendidos”, afirma.

Según Teivainen, este modelo de neutralidad impuesta fue, por un lado, contraproducente para el país nórdico, pero por otro se puede considerar una jugada inteligente, ya que así se logró preservar la soberanía.

Charly Salonius-Pasternak, investigador del Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales (FIIA), es muy crítico con la voces que apoyan esta fórmula para Ucrania y no la considera una solución viable a la crisis.

“Casi todas las personas que lo proponen ignoran totalmente el impacto tan venenoso que tuvo en la política interna finlandesa y, por supuesto, el hecho de que se impuso desde el exterior y limitó gravemente también las relaciones internacionales de Finlandia”, explica en una entrevista con Efe.

“De este modo, si empezamos a aceptar como idea el que, en este caso Rusia, pueda controlar e influenciar cómo otro país ejerce sus relaciones exteriores, entonces, desde luego, estaríamos sentando un precedente muy grave”, añade.

Juanjo Galán

EFE

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