Juancito, el hombre más buscado de la comuna 13, se inició como bandido con Pacho Herrera

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Gracias a la captura de alias Juancito, el nombre de Hélmer Herrera Buitrago, alias Pacho Herrera, se volvió a escuchar en Medellín.

¿Qué relación pueden tener estos dos oscuros personajes? Uno de ellos fue asegurado en una cárcel de Medellín desde el 3 de mayo de 2018 y el otro fue asesinado hace 19 años en Palmira, Valle. Análisis Urbano obtuvo valiosa información con la que se da respuesta a este interrogante y que compartimos con nuestros lectores.

La crudeza y la sangre fría de los sicarios que producían las comunas de Medellín, fama tristemente ganada por los atentados y los homicidios que perpetraban bajo las órdenes de Pablo Escobar, hicieron que alias Pacho Herrera se interesara en los jóvenes de las zonas marginales de la capital antioqueña para que conformaran su ejército de asesinos. Corría el año 1988.

Con sede en la zona nororiental, Los Priscos era la estructura criminal más grande de Medellín y estaba al servicio de Pablo Escobar. También en esa parte de la ciudad existían otros combos, como La Terraza. Según investigaciones de la época, Herrera estructuró su base sicarial con muchachos que militaban en esa agrupación criminal y se llevó a unos cuantos para Cali.

Su grupo de bandidos estaba compuesto por unos cuarenta jóvenes que provenían de la comuna 4 (Aranjuez, del sector conocido como La Arboleda) y la comuna 13 (San Javier) de Medellín.

De la 13 eran oriundos sus dos sicarios favoritos: alias Fokiu y alias Yiyo (Gustavo Adolfo Piedrahita Giraldo), primos hermanos entre sí. Este último le enseñó a su hermano menor, Juan Manuel Piedrahita Giraldo, alias Juancito, cómo convertirse en un sicario y lo hizo parte de sus actividades criminales. De La Arboleda (Aranjuez) era otro de sus gatilleros preferidos, John Gaby Valencia.

El primer colectivo ilegal denominado La Terraza nació en 1985. Para esa época, en los barrios de Medellín abundaban las «heladerías», que no eran más que casas o garajes adaptados como bares en los que se vendía licor y se bailaba. Todas ellas desaparecieron. La Terraza era una heladería ubicada entre los barrios Manrique y Aranjuez. De allí surgió el nombre de aquella agrupación criminal. Muchos combos de hoy, como La Imperial, que delinque en los barrios Kennedy (comuna 6) y el Diamante (comuna 7), llevan el nombre de una heladería.

Herrera, asesinado a sus 47 años en una cárcel de su ciudad natal, Palmira, en noviembre de 1998, fue uno de los creadores de Los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar), junto a alias Berna, algunos familiares de Gerardo Moncada y Fernando Galeano (desmembrados en la cárcel La Catedral en julio de 1992) y los hermanos Castaño Gil (Fidel y Carlos) y que, además, contaba con el apoyo del Ejército, la Policía y la DEA.

Alias Pacho Herrera, de quien su abogado Gustavo Salazar aseguró que era «el mafioso más culto» y hasta lo comparó con el consumado orador y filósofo romano Séneca, tenía una enemistad a muerte con Escobar, quien atentó en varias oportunidades contra su vida. Con un enemigo de esa magnitud, Pacho Herrera decidió gastar gran parte de su fortuna en eliminar a Escobar y para lograrlo se asoció con los enemigos del capo.

En 1988, Pablo Escobar decide cobrar «vacuna» a los narcotraficantes colombianos. Exigió a los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela que pagaran una suma de dinero en dólares para no atentar contra sus vidas. Pacho Herrera, quien también era integrante del cartel de Cali, se negó a la petición de Escobar.

De la enemistad, también se asegura que un lío de faldas llevó a Escobar a solicitar a los Rodríguez que entregaran a Herrera. En todo caso, el capo entró en furia ante la negativa de los caleños e inició una persecución contra el cuarto hombre del Cartel de Cali, Pacho Herrera, quien decidió entonces conformar su propio ejército de sicarios.

Alias Pacho Herrera enviaba a su ejército de jóvenes medellinenses a instalar bombas contra el cartel de Medellín. El accionar criminal de sus gatilleros fue importante para acorralar a Pablo Escobar, puesto que se movían con destreza por una ciudad que conocían muy bien.

Con la muerte de Escobar, el 2 de diciembre de 1993, los combos de la ciudad quedaron huérfanos, principalmente el combo Los Priscos, que era su brazo armado y coprotagonista de la historia de sangre y fuego que rodea al capo. Fue entonces cuando, en la lucha por dominar la criminalidad en Medellín, Los Priscos se enfrentaron a La Terraza, a la Oficina de la Nororiental, a La 30 y a los de Rigo. El caos imperaba. La Terraza iba ganando la guerra y también protagonismo.

Pero alias Berna, quien se erigía como el nuevo jefe ante el vacío de poder que dejó Escobar y quien contaba son su propio ejército de sicarios —entre ellos alias Rogelio, alias Valenciano, alias Yiyo, alias Douglas y alias Sebastián—, calmó los ímpetus criminales de aquellas bandas y en julio de 1994 las agrupó, les pidió que se pacificaran y luego les ordenó que combatieran a las milicias que tenían asiento en las comunas de Medellín. Esta asociación ilegal se realizó en medio de una estruendosa fiesta en el sector La Arboleda, en Aranjuez.

A esa asociación de combos se le llamó La Terraza, una nueva Terraza, más robusta, que incluía a la anterior, pero también a otras bandas de la ciudad y que esta vez actuaría en todo Medellín como un satélite de las Autodefensas Unidas de Colombia, con el fin de erradicar a las células guerrilleras citadinas. A La Terraza se le atribuyen los asesinatos de Jesús María Valle Jaramillo, el humorista Jaime Garzón, los investigadores Mario Calderón y Elsa Alvarado y 12 investigadores del CTI, entre otros crímenes.

Entre tanto, «los hijos de La Terraza», sostenían en Cali una guerra a muerte con un nuevo enemigo de Pacho Herrera: el cartel del Norte del Valle.

En noviembre de 1997, Wílber Alirio Varela Fajardo, alias Jabón —jefe de sicarios de Orlando Henao Montoya, conocido como el Hombre del Overol, uno de los jefes del cartel del Norte del Valle— asesinó en Cali, por deudas de dinero, a alias Don Jorge, un amigo entrañable de Pacho Herrera.

La venganza fue la respuesta. Alias Pacho envió a sus dos hombres de confianza —alias Yiyo y Fokiu— a eliminar a alias Jabón. El 23 de noviembre de 1997, en una vía cercana a Cali, dispararon en contra del vehículo en el que se movilizaba Varela, pero solo lograron herirlo, aunque sí asesinaron a varios de sus escoltas.

El cartel del Norte declaró la guerra a Hélmer y a sus ocho hermanos, quienes empezaron a ser conocidos como el Clan Herrera, una suerte de sucesores del Cartel de Cali.

Pacho Herrera, quien se entregó a las autoridades en septiembre de 1996, fue asesinado en noviembre de 1998 en la cancha del pabellón de alta seguridad de la cárcel de Palmira —en la que se encontraba recluido—. El asesinato fue perpetrado por Rafael Ángel Uribe Serna, tío de los hermanos Calle Serna, conocidos como Los Comba y sicarios de alias Jabón.

José Manuel Herrera, alias el Inválido, hermano de Hélmer, asesinó a Orlando Henao el 13 de noviembre de 1998 en la cárcel La Picota de Bogotá.

Aunque Pacho Herrera murió, sus sicarios siguieron al mando del Clan Herrera. Sin embargo, ante la arremetida del cartel del Norte del Valle, sus hombres, entre ellos alias Yiyo, Fokiu, Juancito y John Gaby, regresaron a Medellín. Pero no se reintegraron a La Terraza. Alias Berna los reclutó en la Oficina que, junto a las Autodefensas, se encargaron de acabar con La Terraza.

En esa guerra murieron alias Fokiu y Yiyo. Este último fue baleado cuando hacía ejercicio en la ciclovía yuxtapuesta a la autopista sur, en el año 2000.

John Gaby murió años antes, en marzo de 1996 en Medellín, cuando conducía el automóvil Samurai rojo en el que fue asesinado José Santacruz, en el barrio El Poblado, por el coronel Danilo González.

Alias Juancito sobrevivió a la guerra entre carteles en Cali y regresó a Medellín, donde salió ileso del enfrentamiento entre la Oficina y La Terraza. Empezó a trabajar en la comuna 13, manejando un perfil discreto y bajo las órdenes de Sebastián Murillo Echeverri, alias Lindolfo, líder de la Oficina capturado en febrero de 2018.

Al parecer Juancito trabajaría para la banda La Agonía, otros afirman que estaría al servicio de la banda que opera en Belencito, lo claro es que el ahora capturado era el líder de la banda Betania, que adelanta actividades criminales como cobro de extorsiones, homicidios selectivos y desplazamiento forzado. Su pago sería de 100 millones de pesos mensuales. La ola de asesinatos, las balaceras y la quema a un bus en el pasado mes de abril, hicieron que las autoridades le pusieran precio. Acorralado por la presión de la Policía y el Ejército, decidió entregarse el 1 de mayo de 2018.

Antes de someterse a las autoridades, dejó encargados a alias Camilo Pirinola, alias Jeferson, alias Samir, alias el Mono y alias Michín de todos los «negocios» ilegales que esta banda tendría en la 13. Los cinco que quedaron al mando deberán responderle ahora a los grandes capos que se encuentran ocultos o condenados y que siguen dando órdenes desde la prisión, pues, de acuerdo con las investigaciones de Análisis Urbano, Juancito solo es un mando medio en la 13 y el poder lo ostentan figuras que permanecen en el anonimato, inclusive para las autoridades.

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