La eliminación del coronavirus: la novedosa estrategia de Nueva Zelanda contra el COVID-19

En lugar de contener el número de contagios, el gobierno de Jacinda Ardern optó por una estrategia más agresiva: la de la eliminación a través de medidas estrictas de aislamiento. Dos semanas después, el plan parece estar dando resultados y el número de casos ha disminuido por dos días seguidos.

Justo cuando empezaban a llegar los dramáticos números de contagios y muertos de Italia y España por coronavirus, a mediados de marzo, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, no titubeó en tomar medidas extremas para evitar que su país sufriera un escenario similar.

Muy temprano, el 19 de marzo, Ardern ordenó una cuarentena estricta en el país. Cerró fronteras aéreas y marítimas y prohibió a las personas salir a las calles, a menos que fuera por suministros o motivos de fuerza mayor.

Pero con el pasar de los días, mientras la mayoría de gobiernos occidentales en el mundo empezaban a adoptar estrategias de mitigación para controlar la epidemia del SARS-CoV2, Nueva Zelanda decidió dar un paso adelante e implementar un plan más ambicioso, que había dado frutos en China y otros países asiáticos: el de la eliminación.

“Hemos hecho un cambio estratégico clave y pasar de una estrategia de mitigación a una de eliminación del virus”, explicó John Ombler, delegado del gobierno para liderar la respuesta a la pandemia.

Cuando comenzó la emergencia del coronavirus, en enero de este año, Nueva Zelanda había definido cuatro níveles de respuesta contra el brote. Para finales de marzo, cuando Ardern se decidió por la nueva estrategia, el país se encontraba en el nivel 2, el cual prohibía en ese momento únicamente la salida a personas mayores de 70 años e invitaba a las personas a trabajar en sus casas, aunque no era obligatorio.

Y fue así que el 25 de marzo, la primera ministra hizo que el país se saltara el nivel 3, que planteaba el aislamiento de estudiantes y la prohibición de eventos, al nivel 4: un confinamiento total y estricto.

“No queremos terminar en un escenario de brotes generalizados que abrumarían significativamente el sistema de salud, como hemos visto en Italia, España y otros países que han experimentado brotes extensos”, explicó Ombler en un artículo enviado el Comité de Respuesta Epidemiológica de Nueva Zelanda.

El anuncio en el país causó confusión. Las personas se preguntaban si el término “eliminación” era una forma de referirse a un aplanamiento de la curva de conyagios. El gobierno tuvo que hacer una rueda de prensa para explicar que su objetivo, efectivamente, era distinto al de una estrategia de mitigación, la cual se enfoca en reducir el tamaño del pico. Nueva Zelanda no quiere aplanar la curva del coronavirus, la busca eliminar.

“Nuestro objetivo es el de romper la cadena de infección. Idealmente, queremos hacerlo y si nos mantenemos en esta posición y somos rigurosos para hacer cumplir el distanciamiento físico, la eliminaremos”, dijo Ashley Bloomfield, director general de Salud de Nueva Zelanda, al presentar el plan en los días finales de marzo.

Para lograr esto, se necesitan evaluar a muchas, muchas personas, incluso aquellas sin síntomas. Las pruebas permitirían aislar a los infectados para que no puedan contagiar a otros.

“Este plan tiene como objetivo revertir el crecimiento epidémico, reduciendo el número de casos a niveles bajos y manteniendo esa situación de manera indefinida”, explica.

Dos semanas después de haber aplicado esta estrategia, el plan de Nueva Zelanda parece estar dando resultados, de acuerdo con las más recientes cifras entregadas por el gobierno de ese país.

El número de nuevos contagios en Nueva Zelanda ha disminuido por dos días consecutivos. El martes se reportaron 54 pacientes positivos con coronavirus. Al tiempo, también se informó que 65 personas se habían recuperado, lo que significaba que por primera vez el número de recuperados superaba al de infectados.

Sobre esto, Bloomfield dijo que era cautelosamente optimista de que el rápido movimiento del gobierno para pasar del nivel 2 al 4 en un espacio de dos días parecía haber funcionado para contener el virus y detener el brote generalizado dentro de la comunidad.

“Las señales son prometedoras, pero nuestro objetivo es acabar con él”, dijo el funcionario.

Hasta el momento (7 de abril), Nueva Zelanda ha presentado 947 casos de contagios positivos. Hay 247 recuperados y solo una persona ha fallecido por la enfermedad, una mujer de 73 años.

La eliminación neozelandesa explicada
El plan de la “eliminación” del COVID-19 en Nueva Zelanda se basa en “medidas más estrictas de salud pública”, en particular “distanciamiento físico estricto y restricciones de viaje”.

Y aunque el gobierno prevé que esto conllevará el costo de una “afectación económica y social significativa”, plantean que esta solución traerá mayores beneficios económicos y sociales si “se elimina” el Covid-19.

“El objetivo es garantizar que no se exceda la capacidad del sistema de salud mediante el fortalecimiento de las medidas de salud pública. Cuando los casos caigan, las medidas de salud pública pueden aliviarse ligeramente”, explica el gobierno.

El plan de eliminación fue presentado a través de un artículo que explica gráficamente el enfoque de eliminación.

Un brote incontenible daría como resultado una curva que alcanza un máximo de aproximadamente 950,000 casos sintomáticos, abrumando totalmente el sistema de salud.

La curva aplanada daría como resultado un pico de aproximadamente 450,000 casos sintomáticos.

Mientras que la estrategia de eliminación daría como resultado una curva de “línea ondulada”, que nunca supera los 100,000 casos sintomáticos.

El gobierno también explica que esta estrategia tendría que mantenerse “al menos por un año”, mientras se desarrolla una posible vacuna o la pandemia mundial haya cesado.

Tomado de El Espectador

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