La noche del 9S

Imagen tomada de Cuestión Pública
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(13/09/2020)

Todo empezó en la calle 55 con 77. Punto de la capital colombiana donde fue torturado el abogado Javier Ordóñez cuando apenas la madrugada le arrancaba los primeros minutos al 9 de septiembre, tal y como lo cuentan los testigos a Cuestión Pública. El video, que se viralizó y quedó como prueba del abuso, registró las múltiples descargas de electricidad con pistolas taser que le propinaron dos policías, mientras él permaneció indefenso tendido en el piso y boca abajo. Suplicó una y otra vez: “No más, por favor no más, por favor ya, en serio por favor ya no más.” 

En el lugar donde sucedieron los hechos hay un altar y es referencia de decenas de ciudadanos y jóvenes que ese mismo día en la noche llegaron a protestar frente al Comando de Acción Inmediata (CAI) de la Policía, en el barrio Villa Luz, donde habría muerto Javier. Ese otro punto queda sobre la calle 77, pero cuatro cuadras más allá del sitio donde inició el supuesto procedimiento policial con las taser.

Hacia las 7:00 p.m. los familiares habían convocado a una velatón pacífica, pero las protestas se tornaron en asonada. Todo se prolongó hasta las 2:00 a.m.

Durante esa noche 13 personas fueron asesinadas en Bogotá y Soacha, según la lista que recogió este medio el 10 de septiembre.

Lo mismo que ocurrió en Villa Luz esa noche, pasó alrededor de varios CAI de la capital: Suba Rincón, Verbenal, Molinos, Gaitana, Castilla, Park Way y Bosa. También se vivieron en el municipio de Soacha, Cali y Medellín. En casi todos estos lugares, los puestos insignes de la Policía Nacional fueron incendiados por los manifestantes. Durante esa noche 13 personas fueron asesinadas en Bogotá y Soacha, según la lista que recogió este medio el 10 de septiembre.

Según la versión policial el saldo fue de 30 policías lesionados —ningún fallecido por heridas de bala—, 50 civiles heridos y 31 capturados. Daños materiales a sus puestos de trabajo y algunos transportes.

No obstante, el reporte no contempló las denuncias por delitos sexuales ocurridos contra las mujeres. La organización Temblores.org, que documentó varias de estas denuncias y los abusos policiales, escribió en un comunicado que el jueves 10 de septiembre en el CAI San Diego, de la localidad de la Candelaria, una mujer fue violentada: “uno de ellos empezó a acosarlas sexualmente, preguntándoles “Cómo vamos a arreglar”. Aprovecharon la situación de indefensión en que se encontraban ellas y procedieron los dos [policías] a manosearlas por encima de la ropa”.

Mientras varias zonas de Bogotá parecían alcanzar el punto de ebullición, el Gobierno anunció estar de celebración por el día nacional de los Derechos Humanos y anunció un festejo con la Consejera Presidencial para los Derechos Humanos Nancy Patricia Gutiérrez y la primera dama Maria Juliana Ruíz.

Al finalizar el día el Gobierno no solo tenía el caso de Javier Ordóñez a cuestas, sino otros 13 y un saldo de 218 personas heridas en las protestas, según la Secretaría de Salud de Bogotá. 

Después de la lista de los bienes incendiados, afectados, averiados de la Policía Nacional en el que hace un recuento de esa noche de protestas furiosas, el equipo de Cuestión Pública partió a reconstruir los hechos de lo que pareció una masacre.

Es así como fuimos tras las voces de los testigos de la muerte de cinco de los fallecidos, incluido Javier Ordóñez. Reporteamos el relato de la madre de Francier Charry Clavijo, un joven que se debate entre la vida y la muerte por una bala que le impactó en la espalda.  

Al otro día del 9S, a las 2:30 de la tarde olía a hollín. Además del CAI aún en llamas y la espesa columna de humo negro que emanaba en Verbenal, no parecía haber rastro del enfrentamiento de la noche anterior: en el suelo ya no había piedras, palos o vidrios rotos. Tampoco había rastro de los casquillos de las balas disparadas por los uniformados.

En la calle 186 con carrera 19, una mujer y tres menores encendían velas — entre lágrimas y suspiros dolorosos — y las ubicaban junto a rosas y flores blancas en el pequeño altar. A su alrededor se leían mensajes de amor, duelo y despedida: “Maldito sea el soldado que apunta su arma contra su pueblo”. “Jamás te olvidaré hermano. Siempre en mí”. “Descansa en paz.” 

Al otro día del 9S, a las 2:30 de la tarde olía a hollín. Además del CAI aún en llamas y la espesa columna de humo negro que emanaba en Verbenal, no parecía haber rastro del enfrentamiento de la noche anterior: en el suelo ya no había piedras, palos o vidrios rotos. Tampoco había rastro de los casquillos de las balas disparadas por uniformados de la Policía.

También fuimos a Villa Luz, varios puntos de Suba, Usaquén, hospitales y Medicina Legal. La mayoría de entrevistas fueron presenciales y algunas telefónicas. Desde el inicio de este especial periodístico se planteó la recolección de información y testimonios a manera de monólogos. La intención que nos llevó a escoger este tipo de relato en primera persona fue la de respetar al máximo sus versiones. 

En el 9S murieron: Javier Humberto Ordóñez Bermudez (43 años), Lorwan Estiwen Mendoza Aya (30 años), Gabriel Estrada Espinoza (28 años), Christian Andrés Hurtado Meneses (27 años), Marcela Zúñiga (36 años), Jaider Alexander Fonseca Castillo (17 años), Julieth Ramírez Mesa (18 años), Germán Smyth Puentes (25 años), Julián Mauricio González (27 años), Cristian Camilo Hernández Yara (24 años), Andrés Felipe Rodríguez (23 años), Freddy Alexander Mahecha (20 años) y Angie Paola Vaquero (19 años).

Todos y todas civiles asesinados con impactos de balas que, se presume, son de la Policía. Varios videos captados por ciudadanos así lo demuestran. 

La reportería arrojó varios relatos de jóvenes que denuncian prácticas sistemáticas de tortura por parte de agentes de policía que hacen presencia en los barrios. 

Imagen de Cuestión Pública

La furia vuelta piedras, vidrios rotos, cartuchos de balas, sangre, heridos — entre civiles y policías —, la vida de 13 personas y las cenizas de lo que esa noche ardió desaparecieron al otro día. Ni siquiera la versión del ministro de Defensa reconoció los asesinatos. 

Pero tras la escalada de indignación en el país, dos días después, el MinDefensa Carlos Holmes Trujillo pidió perdón en nombre de la Policía por el caso Javier Ordóñez.

“Con respecto a la muerte de Javier Humberto Ordóñez que nos duele y nos indigna (…) la policía nacional pide perdón por cualquier violación a la ley o desconocimiento de los reglamentos en que haya incurrido cualquiera de los miembros de la institución”, según lo registró Forbes Colombia el viernes 11 de septiembre.

Lo que no pudieron borrar tan rápido fueron los grafitis en aerosol que quedaron en las paredes de todos los CAI incendiados, que les gritaban: “Asesinos.”

Lee las versiones oficiales del gobierno y de los medios de comunicación tras el 9S aquí

Tomado de Cuestión Pública

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