Las noches tranquilas de Medellín

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Imagen del sector La Capilla en el barrio Belén, comuna 16 de Medellín. Tomada de noticias.telemedellin.tv

Redacción Analisisurbano.com

Hablar de la problemática de violencia y criminalidad en el sector La Capilla del barrio Belén Rincón, en la comuna 16, parecía cosa del pasado debido a los continuos anuncios de que la situación de enfrentamientos armados, homicidios, desplazamientos forzados, vacuna y control territorial estaba siendo conjurada por parte del accionar de la Policía Metropolitana del Valle del Aburrá. Lamentablemente, y a pesar de los anuncios, La Capilla, sigue bajo fuego criminal y desidia oficial.

El 24 de julio del año en curso, Análisis Urbano, denunció en el artículo titulado La Capilla pone en jaque a la administración municipal, que luego de las capturas de alias el Mico y Guasón, el 6 de marzo de 2015, detonó la guerra dentro de la banda Las Mulas. Además, se informó que desde esa fecha hasta finales de julio, la situación de violencia y criminalidad se le estaba saliendo de las manos a la Policía, aunque se advertía que la presencia esta fuerza pública estaba sirviendo de disuasivo. Pero el supuesto control oficial duró poco tiempo, ya que los criminales suelen implementar nuevas estrategias que parecen rebasar el accionar policial. Las balaceras, en la noche y en la madrugada, seguían siendo la constante, y los hostigamientos entre los bandos seguían.

En ese primer informe se expuso el miedo que viven los habitantes de los sectores de La Capilla y El Alto debido a los continuos enfrentamientos armados que llevaron al desabastecimiento de locales y al desplazamiento de familias. En ese momento la guerra parecía silenciosa y nadie de la institucionalidad se daba por enterado. La publicación de Análisis Urbano visibilizó la cruda realidad.

En el segundo informe, presentado el 27 de julio y titulado El miedo y la violencia ronda la Capilla: institucionalidad niega la realidad, la conclusión no pudo ser más desesperanzadora, la institucionalidad negaba la realidad que se estaba viviendo en los estos sectores.

Para la Policía, en La Capilla, prácticamente, no pasaba nada, todo era una invención, igual que el Pacto del fusil, la llegada de los Urabeños, las casas de tortura, el control de las Convivir, las actuaciones criminales de los Chatas y Pachelly, entre otros temas ilegales que parecen no existir en el panorama oficial —y a veces ni siquiera mediático— de esta ciudad.

Según las autoridades, en La Capilla y El Alto no había ninguna guerra que se desarrollara a bala, tampoco se estaba infundiendo terror a sus habitantes y mucho menos se presentaban amenazas, constreñimiento y desplazamientos forzados; a duras penas reconocían los homicidios, ya que esos son un poco más difíciles de ocultar.

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En los dos informes, Análisis Urbano y la ONG Corpades reiteraron el llamado a la institucionalidad para que asumiera realmente un compromiso con la comunidad y que se pasara de los actos mediáticos y el reguero de promesas que terminaban siendo incumplidas, a hechos reales que garantizaran la tranquilidad en el sector que, en realidad, es tan pequeño que produce hilaridad que un cuerpo policial de más de 8000 hombres y mujeres no haya podido controlar la violencia y la criminalidad. Los llamados a la presencia de la institucionalidad buscaban evitar que ocurriera una situación parecida a la de La Loma en San Cristóbal, donde se presentó un desplazamiento masivo y un posterior retorno de los desplazados con falsas promesas de apoyo y seguridad que hoy por hoy muestran que no han sido reales; los enfrentamientos armados continúan, los homicidios también y un nuevo desplazamiento forzado se avizora más temprano que tarde.

Hoy, cuando se está ad portas del cumpleaños número 124 de la Policía Nacional de Colombia, y cuando un país se prepara para la llegada de la paz y el inicio del posconflicto, se esperaría que los dos más altos oficiales que tienen bajo su mando la responsabilidad del Medellín metropolitano y el resto de Antioquia, asumieran con responsabilidad y sin ligerezas lo referente a los resultados en materia de operatividad y seguridad en Antioquia; desafortunadamente no es así.

En entrevista concedida al periódico El Colombiano, publicada hoy 4 de noviembre, titulada Policía destaca aumento en un 10% en denuncias, el mayor general José Ángel Mendoza Guzmán, comandante de la Regional 6 de la Policía y el brigadier general José Gerardo Acevedo, plantearon una serie de logros que podrían entenderse como positivos, sin embargo, varios de los posibles resultados dejan cierto aire de incredulidad y desconfianza.

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Imagen del brigadier general José Gerardo Acevedo, comandante de la Meval. Tomada de www.elcolombiano.com

Por ejemplo, los dos altos oficiales hablan del aumento del 10% en la denuncia ciudadana, afirmación que es relativa, ya que si la ciudadanía denunciara permanentemente, lo primero que ocurriría es el colapso en el sistema judicial; lo segundo es que mostraría la realidad que se está viviendo, por ejemplo, el control territorial de las estructuras paramafiosas y sus bandas, la masificación del pagadiario, la vacuna, la explotación sexual de menores de edad, el tráfico de droga, la desaparición forzada y el desplazamiento forzado, entre otras problemáticas urbanas.

Seguidamente plantearon que el programa de Seguridad por Cuadrantes era exitoso, al igual que el programa de Análisis Integral de Seguridad y Convivencia, AISE. Sin embargo, esa efectividad es relativo, pues si fueran exitosos ya habrían desmantelado al menos un tercio de las plazas de vicio y, mínimamente, hubieran neutralizado las actuaciones de las Convivir.

Frente a uno de los temas más álgidos, como es de la vacuna o la extorsión, dice el comandante de la Meval que se ha reducido, la pregunta es: ¿cómo lo han conseguido? ¿Cuáles son los barrios que están “blindados” ante este flagelo? Es bueno recordar que esta modalidad de extorsión se ha extendido a lo largo y ancho del Valle del Aburrá, donde directa o indirectamente muchos son los que pagan vacuna. Hasta el superior de este oficial, ha planteado públicamente que la vacuna hace parte de la canasta familiar y eso, obviamente, incluye la de ellos.

En lo referente al homicidio siguen hablando de su reducción, algo que también es relativo si no se han tenido en cuenta las desapariciones, los decesos en los centros médicos y la existencia de las casas de tortura.

«El general Mendoza también destacó la alta inversión que hizo Medellín en el tema de la salud, lo cual tuvo como repuesta en la Policía el aumento de uniformados, cuadrantes y también de la investigación cuyos resultados se ven en la reducción de homicidios y otros delitos de impacto».

Y es entonces cuando suelta uno de los resultados que más se podrían cuestionar: “En la lucha contra las bandas criminales asociadas al narcotráfico dijo que se pasó de 21 organizaciones a 10 que existen hoy y numerosas de las pandillas que las alimentaban en los barrios desaparecieron”; sería bueno conocer con precisión cuales organizaciones y numerosas bandas son las que han sido desmanteladas. ¿Será que entre ellas se encuentran, Trianón, Los Chivos, Los Pájaros Pesebreros, La Unión Calatrava, Las Convivir, Los Mondongueros, Los Machacos, San Pablo, Los Urabeños de La Loma San Cristóbal, Los Chatas, Los Pachelly, entre otros?

Si todo lo afirmado por los altos oficiales es cierto, si la policía controla los territorios, hay disminución de los delitos de impacto y diez organizaciones criminales y decenas de bandas no existen, ¿por qué el conflicto armado que vive el sector La Capilla continúa sin resolverse, siendo un lugar tan pequeño para ser intervenido?

Podría ser que esta situación de conflictividad no haya sido conocida por los dos oficiales a la hora de mostrar los resultados de la estrategia de seguridad urbana en Medellín.

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Imagen de la Capilla, Belén Rincón, comuna 16. Análisisurbano.com

La Capilla sigue en guerra y la Policía no actúa con prontitud

Según testimonios de habitantes que viven en el perímetro de La Capilla, pese a la intervención de la Policía a finales de julio en el sector, desde agosto a la fecha se siguen presentando continuamente balaceras, muertes violentas, fronteras activadas, extorsión, amenazas, intimidación e incluso desplazamientos forzados. Las fuentes entrevistadas aseguran que en vez de disminuir el conflicto armado, parece estar en aumento.

Es tal el grado de zozobra que se vive en la zona que desde julio, cuando deberían iniciar algunos torneos de futbol, se tuvieron que cancelar abruptamente por los homicidios que se han presentado y la aparición de una nueva frontera. Uno de los testimonios recogidos relata que “en algunos casos se ha visto cómo la Policía, incluso en el día de elecciones, se ve conversando con personas pertenecientes a combos en sectores como el cuadradero o ‘culo estrecho’”.

También plantean que sigue existiendo la ley del silencio, ya que la gente no se atreve a denunciar por temor a represalias, se ha visto como “en los sectores donde más disputa hay, los líderes de las bandas reprimen el ingreso de gente extraña para así evitar que se muestre la realidad, por ejemplo, en sectores como La Capilla, el servicio de transporte se ha visto interrumpido y no pasan en ocasiones las rutas alimentadoras y lo que dicen es que por orden público no pueden prestar servicio, además de los colectivos que también a veces no suben o van a ciertos sectores por las vacunas; la Policía escasamente se ve y ya el problema se traslada también a sectores como Rodeo Alto con robos y cobro de vacunas, donde además no se ve que para esta comunidad existan soluciones, además de seguridad, también de movilidad, quedando Rodeo Alto en muchas ocasiones encerrado y sin salidas o entradas”.

Cómo nuevamente la institucionalidad, en cabeza de la Policía, buscará negar lo que ocurre en un sector tan pequeño pero que tiene en jaque al establecimiento, Análisis Urbano, ha recibido un video de lo que el martes 3 de noviembre, a las nueve de la noche, se sintió en esa zona de Belén, comuna 16, donde la tranquilidad se respira a leguas… dicen…

Si un problema como el de La Capilla no se ha podido solucionar, ¿cómo es posible que se esté diciendo públicamente por parte de la institucionalidad que las estructuras paramafiosas y sus bandas están controladas al igual que los delitos de impacto?

Quedan más dudas después de conocer lo que vive La Capilla…

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