Los Caleños ya no reconocen su ciudad

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¿Qué situación encontrará la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) cuando llegue a Colombia el martes? En Cali, a donde irá después de su paso por Bogotá, el ambiente, generalmente alegre y festivo, se ha vuelto pesado y el miedo impera.

Por GUYLAINE ROUJOL PEREZ

Cali, 7 junio de 2021.- En el suroeste del país, la sultana del Valle es el epicentro de la grave crisis que atraviesa Colombia desde el 28 de abril, en la que la represión policial es responsable de decenas de muertos y centenares de desaparecidos.

“En algunos lugares, no reconocemos nuestra ciudad”, dijo a nuestro periódico Luz, una docente que vive allí con su esposo y sus dos hijos. “Hay lugares de la ciudad que parecen como si fuera otra ciudad, no son ni la sombra de lo que eran. La portada al mar, lugar para salir de la ciudad y tomar vía a buenaventura, casi siempre está bloqueada, ya casi no hay enfrentamientos, pero en cualquier momento llega el ESMAD. Los almacenes y las tiendas han sido destrozados, incendiados, saqueados. El servicio de autobuses se reduce y muchas personas están al borde de perder su trabajo.”

Para Oscar, abogado, “Hoy la ciudad está militarizada, sigue habiendo enfrentamientos en varios puntos, pero en la mayor parte de la ciudad se puede circular sin problema. La ciudad está bastante golpeada económicamente, pero creo que lo más grave es la polarización tan grande en la que estamos. El esfuerzo más grande que viene no es sólo reactivar la economía, sino reconstruir todo el tejido social de la ciudad. ¡Ahí está el gran reto!”

“(…) no hay seguridad. Antes sabías que si te robaban en la calle, llamabas a la policía, y aunque llegaban tarde o en fin, ahora sabes que puede haber un policía a tres metros y no sucederá nada si te roban. La imagen de la policía está en el piso y enterrada. Están cometiendo abusos con cualquier persona, como que te piden la cédula en cualquier lugar. Hay un ambiente generalizado de temor”, se lamenta Luz.

Adriana, que utiliza taxis piratas para ir a trabajar por las numerosas interrupciones en el transporte debido a las estaciones del Mío incendiadas, recuerda que “no fueron los jóvenes de Primera línea quienes vandalizaron los comercios, sino la comunidad misma. Es triste porque desacredita a los manifestantes”. Antes de regresar a su casa va de compras, “pero sólo para comer porque la primera preocupación es la comida”.

A pesar de las restricciones no hay escasez de alimentos, pero los precios se han disparado. El cartón de 30 huevos pasó de entre 11000 y 14000 pesos a 20000 pesos. El precio de la carne roja, el pollo y los productos agrícolas también se ha disparado.

Madre de dos adolescentes, Adriana se asustó cuando detuvieron a su hijo en una motocicleta cuando la policía acababa de desmantelar un retén. “Los estábamos filmando, estaban furiosos y nos dijeron que estábamos apoyando a los vándalos. No son los jóvenes en las calles a quienes tememos, ¡sino a la policía! Algunos de mis amigos que tienen hijos en las barricadas viven aterrorizados de que nunca vuelvan a casa. Lo primero que pensamos al levantarnos es ¿cuántas muertes ha habido?, y nos sentimos impotentes ante esta situación. Porque aquí no hay justicia.”

Las cifras oficiales sugieren al menos 61 muertes en todo el país desde el inicio de la crisis, incluidos dos policías.

Aparte del pico y placa que ya no funciona, una apariencia de normalidad se prolonga hasta aproximadamente las 3 de la tarde, hora en la que las personas empiezan a regresar en sus hogares.

Diana, madre soltera de un niño de 8 años, vive en un barrio popular. “Durante el día la situación se calma un poco, pero soy muy prudente al ir al trabajo porque en cualquier momento puede ponerse feo. Por la noche, cerca de los puntos de bloqueo, los residentes tienen pocas oportunidades de dormir. Entre los disparos, los gases lacrimógenos, los gritos…“

“Los fines de semana, en los puntos de bloqueo se ofrecen actividades artísticas. Los miércoles y viernes, las manifestaciones se desarrollan en un ambiente tenso, con el temor de que degeneren”, lamenta Luz.

Ante repetidas amenazas de muerte, Jefferson Montaño Palacio, un reconocido líder social de una comunidad afrocolombiana, vive ahora escondido. “Estoy preparando mi salida del país”, nos confió, consciente de que el pedido de protección elevada por la gobernación de su región, no sería suficiente para garantizar su seguridad.

Imagen de El Heraldo.

El sector Paso del Comercio, un importante punto de bloqueo de la ciudad, es también uno de aquellos donde la represión es más violenta. Jorge Iván Ospina, alcalde de Cali, dijo que estaba “indignado” por dos nuevos asesinatos de jóvenes el pasado sábado por la mañana cuando las fuerzas del orden intentaron tomar el control allí. “Destruyeron las barricadas, enviaron gases, rompieron las puertas de las casas para desalojar a los jóvenes, con armas de largo alcance, ametralladoras M60, rifles …”, reveló a nuestro diario Estiven, integrante de Primera Línea.

A pesar del acuerdo alcanzado entre los jóvenes del bloqueo y la Alcaldía para apaciguar el conflicto a través del diálogo, la fuerza pública aplicó la orden presidencial de retirarlos utilizando la violencia. “Antes del amanecer del viernes llegaron las fuerzas de seguridad y se llevaron a 16 personas por la fuerza, 14 fueron liberadas y no sabemos nada de las otras dos”, continuó Estiven. En un video, un joven es metido a la fuerza en un automóvil por varios hombres vestidos de civil y un oficial de policía. Desde entonces, la madre de Juan David Marín ha exigido que le devuelvan el cadáver de su hijo.

En un comunicado, la Unión de Resistencias de Cali deplora los 5 muertos y 24 heridos el viernes 4 de junio y llama a la solidaridad. Un llamamiento precedido por el senador Gustavo Bolívar, quien ha liderado una recolección de fondos para comprar elementos de protección para los jóvenes que resisten en las calles de diferentes ciudades del país y para apoyar a las victimas de la violencia estatal, y cuya recaudación arroja más de 320 millones de pesos en pocos días. “Un tercio para brindar kits de protección, cascos, gafas, guantes para los jóvenes que se enfrentan al fuego policial, otro tercio para ayudar a los jóvenes que han perdido un ojo, y el último para las familias de las personas asesinadas en la calle”, nos dijo. Asimismo, el Senador espera que el excedente de los 300 millones, más el resto de dinero que se recaude, será destinado a financiar una gira por países europeos en donde jóvenes líderes de las primeras líneas puedan contarle a los medios de comunicación y a la comunidad internacional sobre la situación  de graves violaciones a los derechos humanos que está sucediendo en Colombia, bajo la dirección del Presidente Iván Duque y el partido de gobierno.

En este clima de violencia el trabajo de los periodistas es cada vez más difícil. Un joven reportero francés resultó levemente herido el viernes. “Ayer, un policía en plena transmisión me amenazo en voz alta: este está bueno para matarlo dijo”, confió a nuestro diario Alberto Tejada, periodista del canal de televisión “Canal 2” de Cali que sigue de cerca los hechos. Junto a su colega Jonathan Buitrago, es objeto de amenazas de muerte denunciadas por la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), que también deplora los disparos de la fuerza antidisturbios en dirección a periodistas durante el fin de semana que pasó.

Ojalá el anuncio de una gran manifestación el miércoles no sea augurio de nuevas tragedias.

Tomado de La Nueva Prensa

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