El Cairo, 4 de abril de 2025.- Pese a tener orígenes y causas diferentes, el conflicto en Sudán del Sur y la guerra en el vecino Sudán se están entrelazando cada vez más, lo que pone de manifiesto una volatilidad en esta región del este de África que, con la intervención de actores externos, amenaza con derivar en una crisis regional.
La guerra en Sudán iniciada en 2023 supuso un duro golpe para el vecino sureño, mientras que la escalada de la violencia de principios de marzo en Sudán del Sur ha empezado a tener impacto en la extensa frontera entre ambos países, donde diferentes grupos armados y gobiernos tienen sus propios intereses.
«Las guerras en Sudán y Sudán del Sur se están entrelazando cada vez más, y es probable que cada bando apoye a actores armados en el otro territorio», augura a EFE el analista del centro de estudios internacionales SWP Berlin, Gerrit Kurtz.
Dos conflictos separados
El 15 de abril de 2023, el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) inició una rebelión contra el Ejército de Sudán que desembocó en una cruenta guerra causante de decenas de miles de muertes y de que el país se haya convertido en el escenario de la peor catástrofe humanitaria del planeta, según la ONU.
Las Fuerzas Armadas Sudanesas han sufrido duros golpes durante la guerra, pero el pasado 26 de marzo lograron recuperar Jartum, que desde los albores del conflicto había estado en manos de los paramilitares, cuyo principal patrocinador es Emiratos Árabes Unidos (EAU), aunque el país del Golfo lo niega.
En Sudán del Sur la violencia estalló hace un mes en la localidad de Nasir (noroeste), donde predomina la tribu nuer, la segunda más prominente del país y víctima de la marginalización por parte del Gobierno del presidente sursudanés Salva Kiir (de la tribu dinka, la principal).
La milicia denominada Ejército Blanco, originalmente vinculada a la oposición liderada por el primer vicepresidente, Riek Machar (ahora bajo arresto domiciliario), atacó la guarnición y capturó a sus soldados, lo que desembocó en una ola de violencia que ha provocado decenas de muertes y en la que participa también el Ejército de Uganda en favor de Kiir.
El ahora vicepresidente sursudanés es el líder del Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán en la Oposición (SPLM-IO), que se enfrentó a las fuerzas leales a Kiir y protagonizaron una guerra civil que entre 2013 y 2018 provocó la muerte de unas 400.000 personas. El conflicto culminó con un acuerdo de paz que estipulaba un reparto de poder.
Creciente entrelazamiento
En Sudán, los paramilitares controlan casi la totalidad de la vasta región occidental de Darfur y, en febrero, fraguaron una alianza con el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte (SPLM-N), que domina importantes partes de los estados de Kordofán del Sur y del Nilo Azul, ambos fronterizos con Sudán del Sur.
Kurtz indica que, aunque «no existen pruebas sólidas» de que el Ejército sudanés apoye al Ejército Blanco o a grupos vinculados a la oposición sursudanesa, «existen fuertes vínculos históricos» entre los militares sudaneses y Machar.
Sin embargo, apunta que el Ejército sudanés «tiene interés en impedir que el gobierno de Sudán del Sur permita que las FAR operen en territorio sursudanés y reciban armas» a través del país vecino, especialmente después del acuerdo entre los paramilitares y el SPLM-N, aliado de Kiir.
La cúpula militar sudanesa también está preocupada por la apertura de un hospital de EAU en Madhol, en el norte de Sudán del Sur, ya que «sospechan que podría utilizarse como punto de concentración para los suministros de las FAR, así como para el tratamiento de sus soldados», como sucedió con el centro médico emiratí de Amdjarass (Chad).
Intereses
La guerra en Sudán dañó el principal oleoducto de exportación de petróleo, fundamental fuente de ingresos de la débil economía de Sudán del Sur, y provocó que el Gobierno sursudanés se viera en una posición de buscar un complicado equilibrio en las relaciones con el Ejército sudanés y las FAR.
Kiir depende de las Fuerzas Armadas Sudanesas para el funcionamiento del oleoducto, por lo que ha permitido el transporte de tropas y suministros a través de Sudán del Sur; mientras que mantiene relaciones con las FAR porque los paramilitares controlan gran parte de la frontera.
Aunque el experto apunta a una creciente interconexión de ambas crisis, recuerda que «ni las partes en conflicto sudanesas ni las sursudanesas disponen de muchos recursos, por lo que es improbable que actúen como principales patrocinadores materiales».
A esto se suman la participación de Uganda y la influencia de Emiratos en la zona, por lo que «es absolutamente posible que el conflicto se vuelva cada vez más regional».
«Pero no estamos viendo dos bloques claros, sino más bien una compleja maraña de contradicciones», sentencia.
Carles Grau Sivera
EFE