En Andes ya no caben los muertos
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ANTIOQUIA, COLOMBIA. (16 OCT 2025) – La violencia en el municipio de Andes, en el Suroeste antioqueño, ha llegado a niveles alarmantes. La situación es tan grave que el párroco local, padre Nolberto Gallego Marín, tuvo que hacer un inusual y doloroso llamado a sus feligreses: pidió a las familias que exhumen los restos de sus seres queridos que ya cumplieron el tiempo reglamentario de permanencia en las bóvedas del cementerio municipal, pues el camposanto se quedó sin espacio para enterrar a nuevas víctimas.
El sacerdote explicó que la solicitud obedece a la crisis de seguridad que vive la región. “Esta situación de incremento de muertes violentas, más muertes naturales, nos está llevando también a una escasez de bóvedas”, afirmó el párroco durante la misa del pasado 12 de octubre. Según confirmó el sepulturero del municipio, actualmente solo queda una bóveda disponible para niños y dos para adultos.
La cifra de homicidios refleja el dramático contexto: con el asesinato de un joven de 22 años la semana pasada, Andes suma 54 muertes violentas en lo corrido de 2025, en un municipio de apenas 47.000 habitantes. La violencia, que no alcanzaba estos niveles desde el siglo pasado, ha convertido a Andes en uno de los lugares más peligrosos del país.
Una guerra entre estructuras criminales
El conflicto en el Suroeste antioqueño tiene como protagonistas a varios grupos armados que se disputan el control de las rentas ilegales. El Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), a través de su subestructura Edwin Román Velásquez, mantiene presencia en la zona, al igual que facciones disidentes como Carne Rancia y La Erre, surgidas de antiguos vínculos con el EGC. A este escenario se suma La Terraza, organización criminal de Medellín, que ha extendido su influencia a través de un grupo denominado Los Halcones.
La pugna entre estas estructuras ha derivado en homicidios selectivos, masacres, desplazamientos forzados y toques de queda impuestos por los criminales. En corregimientos como Santa Inés y Santa Rita, los habitantes deben resguardarse en sus casas desde las seis de la tarde, mientras los enfrentamientos entre bandas paralizan la vida comunitaria.
La violencia llega hasta las fincas cafeteras
La actual cosecha cafetera, que se extenderá hasta diciembre, ha agravado la situación. Más de 20.000 trabajadores temporales llegan al Suroeste durante estos meses, generando tensiones sociales y oportunidades para los grupos criminales, que se disputan el control de las economías ilegales dentro de las fincas. En algunas de las más grandes —con campamentos de hasta mil recolectores— se ha documentado la venta de estupefacientes a los jornaleros, quienes terminan atrapados en ciclos de adicción y endeudamiento.
Llamado de la Iglesia y la comunidad
La Diócesis de Jericó y la parroquia Nuestra Señora de las Mercedes emitieron un comunicado conjunto en el que exhortaron a cesar la violencia. “Que la fe y la esperanza nos guíen en estos tiempos difíciles y que juntos podamos construir un futuro de justicia y tranquilidad”, expresó el pronunciamiento.
Mientras tanto, el llamado del padre Nolberto a liberar bóvedas en el cementerio se ha convertido en un símbolo del colapso social que enfrenta Andes: la guerra no solo deja víctimas, sino que también está saturando los espacios donde descansan los muertos.
Con información de El Colombiano
A.U.
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