“Patrón de patrones” innovadora jerarquía del bajo mundo

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La visión mediática aplicada en Colombia y en el caso concreto del Medellín metropolitano no es compartida por el aliado del Estado colombiano, Estados Unidos, que ha puesto…
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Imagen de la ciudad de Medellín. Tomada de www.octavioprensa.com

 

“El que trabaja cosecha 

hoy soy patron de patrones 

tengo a mi gente contenta 

y creciendo mis inversiones”

(Verso del corrido mexicano Patrón de patrones)

 

Por Luis Fernando Quijano

La columna publicada en Contagio Radio en mayo de 2015, titulada Las verdades a medias de la institucionalidad, expresaba que se daban muchos anuncios publicitarios anunciando permanentes victorias sobre la ilegalidad armada en el país; a todo momento se escuchaban anuncios rimbombantes sobre la captura o la muerte llamada “neutralización” por la fuerza pública de los máximos jefes de estas estructuras, sin embargo, al otro día aparecían nuevos jefes que llenaban los vacíos en la jerarquía del bajo mundo. En la actualidad nada parece estar cambiando, los anuncios mediáticos siguen con la célebre frase “el comienzo del fin” y las estructuras como las AGC, La Oficina del Valle del Aburrá, entre otras, continúan fortaleciéndose, ya que la institucionalidad no entiende —no sé si por conveniencia o ignorancia— que con capturas, muertes, decomisos o guerras el negocio funciona 24 horas sin parar y que todo individuo puede ser reemplazado de forma casi inmediata, por no decir que antes de caer; al ser capturado o retirarse el reemplazo está listo y preparado para asumir el rol asignado.

La visión mediática aplicada en Colombia y en el caso concreto del Medellín metropolitano no es compartida por el aliado del Estado colombiano, Estados Unidos, que ha puesto, digamos sin querer, en tela de juicio y, por qué no, en ridículo a la institucionalidad y en especial a la inteligencia del Estado ya que ha venido diciendo paulatinamente con estrategia real cómo se conforman las estructuras paramafiosas llamadas, por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, Bacrim. Claro está, en honor a la verdad y partiendo de la base de que no hay verdades absolutas, que el gobierno norteamericano también se ha equivocado al involucrar personas ajenas o alejadas del negocio criminal por las malas informaciones que la inteligencia colombiana le suministra. Los casos del aguacatero y del platanero, por señalar dos ejemplos, confirman las protuberantes fallas a las que han sido inducidos los norteamericanos. También están los que llegan a negociar y aportan con las delaciones —eso sí que produce grandes dividendos—; aquí cabe recordar la frase, lapidaria pero real, que me decía en una reunión un exfuncionario de la DEA: “Todos terminan siendo informantes nuestros cuando caen o lo han sido desde siempre”. Imagínense eso, matan por supuestas traiciones y muchos de ellos mantienen el contacto directo en Colombia o en Estados Unidos para entregar enemigos o socios incomodos. Pareciera que no hay honor entre los bandidos y todo está basado en el negocio.

Aunque existen evidentes fallas, se debe advertir que es más acertado el diagnóstico y la estrategia de los Estados Unidos en la lucha contra el crimen organizado, la cual se basa en el pragmatismo rampante pero con excelentes resultados. En Colombia estamos a años luz de aprender esa forma de negociar con los criminales, el moralismo y el poder real no lo permite. ¡Lástima!

Ellos, los gringos, reconocen la existencia de estructuras criminales poderosas, saben que existe una jerarquía del bajo mundo, ya no solo hablan de la existencia de poderosos narcotraficantes y financiadores, han pasado a incluir subjefes, jefes y dan a entender que tienen identificado un organigrama diferente al que existe aquí, sí, precisamente en Antioquia, donde la mafia y el paramilitarismo con protección oficial han prosperado bastante. En el Valle del Aburrá, donde se habla sobre el fin de la Oficina y se niega la presencia de las AGC y del cartel del Sinaloa, las verdades a medias y la negación ocupan puestos privilegiados. Se acaba de desvelar, por información de los Estados Unidos, la existencia de lo que ellos llaman “patrón de patrones”.

El anuncio muestra a un próspero empresario antioqueño, amigo de otros empresarios que nada han tenido que ver con el negocio criminal pero que podrían terminar involucrados y expuestos en la Lista Clinton —que no pocas veces es injusta y arbitraria—. José Bayron Piedrahita Ceballos es, según la justicia norteamericana, prófugo desde 1997. En Colombia no tiene ningún proceso judicial, cosa que no debería extrañar.

Según informaciones recibidas por Análisis Urbano, Piedrahita Ceballos habría sido miembro importante de una de las tres alas o líneas del Cartel de Cali, el tercero en la línea de los hermanos Rodríguez Orejuela, para los años 93 a 95, y conocido con el alias de José. Las otras dos líneas las encabezaban Pacho Herrera y Chepe Santacruz respectivamente.

La categoría de “patrón de patrones” daría a entender que el escalafón es más complejo de lo que se ha supuesto hasta el momento. Significaría esa premisa que el nivel jerárquico de poder económico, militar y de protección oficial supera lo dicho hasta ahora y deja entrever que se le ha estado mintiendo descaradamente a la ciudadanía sobre los  verdaderos alcances del poder mafioso en este conglomerado urbano.

Finalmente, me atrevo a decir que la jerarquía del bajo mundo de la Oficina del Valle del Aburrá estaría compuesta por: trabajadores, soldados, coordinadores, subjefes, jefes, junta directiva que representa a clanes, familias u organizaciones mafiosas aliadas del paramilitarismo, los llamados “patrón de patrones” también serían representados por la junta. ¿Cuántos de estos habrá sueltos recorriendo clubes sociales sin ningún problema?

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Apunte urbano

¿Cómo será entonces la jerarquía de las AGC, Urabeños?

 

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