En Madrid, municipio del departamento de Cundinamarca, a más o menos una hora de Bogotá, una patrullera de la Policía —cuyo nombre se omite por seguridad— fue violada por un hombre en un hotel. Aunque la noticia fue conocida a tiempo por los superiores de la oficial, estos intentaron evitar que el hecho fuera del conocimiento público.

Todo empezó en una cancha de fútbol de Madrid, donde la víctima y un teniente de la Policía se desplazaron a ver un partido de fútbol. En este lugar el teniente de la Policía les presentó a la patrullera a dos hombres: J. A. T.  y otro del que omitimos la identidad por no estar involucrado en los hechos.

Al terminar el partido las cuatro personas decidieron ir a un bar cercano a la cancha para departir un rato. De acuerdo con testigos, las personas mencionadas estuvieron allí durante un buen rato.

Lo que se conoce es que el sujeto J. A. T. le comenzó a dar licor a la patrullera. Ella se lo recibió sin percatarse de que al parecer le estaba agregando alguna sustancia psicoactiva las bebidas. Se sospecha que era alguna clase de droga porque en cierto punto de la jornada la patrullera perdió la consciencia. También manifestó que no recuerda nada ni supo lo que estaba pasando hasta mucho más tarde.

De ahí lo que sucedió fue que J. A. T.  se llevó a la patrullera, quien seguía sin voluntad, hacia un hotel donde abusó de ella. En una grabación de seguridad cerca del establecimiento se puede ver cómo entran las dos personas a él: el hombre se ve bien y camina normal, y agarra a la mujer que se ve somnolienta y con paso lento. El hombre la agarra con fuerza y parece empujarla, y la conduce dentro del hotel.

Lo siguiente que recuerda la patrullera es que se despertó y abandonó el lugar.

Intentaron silenciar la historia

Como reposa en el expediente, luego de los hechos, la patrullera de inmediato acudió a hacer las denuncias pertinentes. Sin embargo, el mismo teniente que la estaba acompañando el día de los hechos le aconsejó que no hiciera ninguna denuncia y que mejor dejara las cosas así, que «no se pusiera a hacer un escándalo».

Aunque con algo de miedo, la patrullera procedió a hacer la denuncia de la violación en la Fiscalía. Allí fue donde se recolectaron todas las pruebas pertinentes, incluyendo el video que situaba a víctima y agresor en el hotel con la ella al parecer bajo la influencia de alguna sustancia.

En varias oportunidades el teniente intentó convencerla de no denunciar, e incluso existe la posibilidad de que él hubiera hablado con el infractor, quien lo llamó para que lo ayudara a «salir del problema».

En la historia también aparece un alto oficial de la Policía, según personas allegadas a la víctima. Este la habría contactado para pedirle que no hiciera pública esta noticia y que se comprometía a hacerle el traslado para que la patrullera se fuera de Madrid hacia algún otro municipio.

En ese momento también se conoció otra presunta llamada entre el agresor y el mencionado teniente, en la que este último dice que las cosas «ya las habían solucionado».

J. A. T.  fue capturado por las autoridades y se le acusa del delito de acceso carnal. No obstante, hay personas dentro de la institución de la Policía que parecen estar intentando que esta historia no se conozca.