En una ciudad como Medellín, donde la muerte es tema recurrente, para algunos medios de comunicación y periodistas esta representa parte del trabajo diario. Homicidios, desapariciones, violencia y los periodistas detrás de las historias que expliquen tanto las atrocidades como las posibles soluciones.

¿Cómo cubrir los homicidios? ¿Cómo narrarlos? ¿Cómo contarlos? Estas preguntas reunieron a distintos expertos en el foro “Pensar la crónica roja”, organizado por Universo Centro. Dentro del evento estuvo el objetivo de discutir el papel de los medios de comunicación en esto de “reportar la muerte”, pensando en el cómo, el cuándo y el porqué.

Análisis Urbano fue invitado a una de las charlas, que se enfocó en estos temas desde la experiencia de los medios de comunicación y sus salas de redacción. Los primeros apuntes, hechos por la periodista Andrea Aldana, llevaron la discusión hasta qué tanto se quedan los periodistas en la información oficial que se les entrega para redactar sus noticias.

A partir de esto, el director de la Agencia de Prensa Análisis Urbano Luis Fernando Quijano: dijo que esto es una mala práctica pues “hay que creerle solo la mitad a la información de la institucionalidad”. De ahí, según el experto, está la importancia en indagar los detalles de los hechos, incluso si son homicidios y son rodeados por circunstancias difíciles.

“Por esto -continuó Quijano- nos llaman amarillistas, pero lo que hacemos es tratar de dejar rastros reales de lo que pasó, sobre todo cuando la institucionalidad calla”. Al respecto, el panel discutió también sobre el porqué o el para qué de los mensajes de una crónica sobre muerte o crónica roja.

Katalina Velásquez, activista y periodista, apuntó que hay que tratar de ver más allá de lo que se muestra en el mensaje, y tratar de resolver este qué tanto impacto pueda tener. “El foco no deber ser si el artículo produce escándalo o no. Es la utilidad que este mensaje que el periodismo entrega pueda tener. Lo que se pueda revelar”.

Con estas ideas coincidió Natalia Arenas, actual directora del medio universitario Cerosetenta e investigadora periodística de homicidios. Arenas dijo que a veces los medios “nos centramos en el homicidio y no en otras fuentes, o nos quedamos en la espectacularidad o en la versión oficial solamente”.

Al respecto también se advirtió que hacer este tipo de periodismo investigativo serio y profundo es difíciles con las condiciones no solo laborales de las redacciones actuales, sino en las condiciones de los compromisos que estas a veces tienen con sectores políticos, empresarios o hasta con sus mismos dueños. Del otro lado, a los medios independientes les sucede que sus periodistas no llegan a este tipo de temas o investigaciones, o que sus recursos no son suficientes para esto.

“Esta alcaldía, además, ha censurado y estigmatizado investigaciones periodísticas serias”, dijo Katalina Vásquez, poniendo en la mesa también el tema de la institucionalidad no como fuente de información, sino como sujeto de investigación. En este punto la discusión en el panel habló de estas “crónicas rojas” desde el compromiso ciudadano del periodismo de revelar un tipo de verdad incómoda.

“La crónica roja no es solo el homicidio”, apuntó Fernando Quijano. Es la desaparición forzada, la violencia, las bandas y para dónde van estas… va mucho más allá que solo perseguir los detalles del asesinato”. Al respecto, Natalia Arenas también dijo que  “la crónica roja logra acercar a la comunidad a los problemas de la comunidad”.

No hay duda de lo difícil que es hablar y escuchar acerca de muertos y homicidios, más si son en nuestra propia ciudad. Pero, de acuerdo con algunas conclusiones del panel, debe existir la idea de que el silencio al respecto solo será una forma de complicidad con situaciones que van mucho más allá de un muerto en la calle.

 “Hay censura, y además autocensura. Pero es porque nos dejamos de preguntar por las cosas”, remató Quijano.