Playas cerradas y puertos a medio gas a un año del derrame de Repsol en Perú

Fotografía de aves en el puerto de pescadores artesanales de Ancón, el 11 de enero de 2023, al norte de Lima (Perú). EFE/ Paolo Aguilar
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Ancón (Perú), 14 ene- Las playas de Ancón, en la provincia de Lima, continúan valladas con carteles que alertan sobre la presencia de petróleo, mientras que el puerto de la localidad se mantiene a medio gas con la pérdida de la pesca de bajura tras el derrame de Repsol de 11.900 barriles de petróleo en sus costas hace un año.

Un pescador alista sus productos en el puerto de pescadores artesanales de Ancón, el 11 de enero de 2023, al norte de Lima (Perú). EFE/ Paolo Aguilar

“Playas cerradas. Altamente contaminadas por presencia de petróleo en el mar y la arena”, advierte el cartel de la municipalidad de Ancón. Alrededor, una cuadrilla de una firma especializada en la limpieza de residuos peligrosos industriales y biocontaminados se pasea con azadas para limpiar la playa, como pudo constatar EFE.

“Repsol dirá ‘no, el mar está bien’, pero cada vez que mueves el agua y tú pescas un pez y lo cocinas te saca sabor a petróleo”, cuenta a EFE Simón (27 años), pescador de bajura que trabaja desde los 15 años en el muelle de Ancón, y que ahora se ve obligado a trabajar durante semanas fuera de casa para faenar lejos de la costa.

Como él, decenas de pescadores que vivían al día con su trabajo en las playas ahora marchan durante más de dos semanas para realizar pesca de altura y descargar peces como el perico en los muelles de su ciudad.

“Yo salía a pescar de día y llegaba en la noche; me echaba a dormir en la noche, cenaba con mis hijos o salía a pasear. Ahora no”, relata Simón sobre el giro obligado que ha tenido que dar a su vida tras el vertido del 15 de enero de 2022 del buque tanque Mare Doricum de 11.900 barriles de crudo, según cifras del Ministerio del Ambiente de Perú.

Aún así, los mayores y los pecadores de cordel y anzuelo, cuenta Simón, se han visto obligados a trabajar como mototaxistas o ayudantes de albañilería porque ya no tienen fuerza para la pesca de altura.

PUERTOS A MEDIO GAS

La falta de trabajo diario se intuye desde el malecón de Ancón, donde decenas de pequeños botes esperan amarrados.

Isabelita, dueña de un huarique (restaurante popular) con su mismo nombre en el muelle de Ancón, asegura a EFE que Repsol les “arruinó la vida” y que ahora se ven obligados a trabajar “solamente para comer”.

“Estamos en desgracia, amigo. Ahorita mire los puestos, todos vacíos”, cuenta Isabelita a EFE, mientras explica que solo esperan a los pescadores de altura para poder darles de comer.

Del mismo modo, el pescador Simón lamenta el cierre de las playas y la situación que vive el puerto: “Del año pasado a acá ha cambiado harto”.

“El año pasado, recién abrieron las playas después del covid. (En la) primera semana de enero ya había harta gente. Ahora, vino petróleo y de nuevo cerraron la playa”.

LAS CONTRADICCIONES DEL DERRAME

La municipalidad de Ancón señaló a EFE que todas las playas se mantienen cerradas al baño por una “contradicción” de la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa), que asegura que tres de sus playas están abiertas pese a que no dicen que sean saludables, y por la falta de un certificado de salubridad del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA).

En ese sentido, el director de Comunicación y Relaciones Institucionales de Repsol, Luis Vásquez, asegura a EFE que, de acuerdo a los estudios encargados por la petrolera, “las playas están libres de hidrocarburos y que el mar también está libre de hidrocarburos”.

“Tenemos la evidencia técnica (…) con un muestreo de octubre donde todos los resultados dan satisfactorios para el potencial retorno de las actividades de pesca y las actividades comerciales”, garantiza Vásquez, quien al mismo tiempo solicita a la OEFA un informe actualizado de la situación marina para poner fin a la incertidumbre administrativa.

La falta de certezas tras el derrame ocurrido en la refinería La Pampilla da lugar a las pérdidas que el actual alcalde de Ancón, Samuel Daza, estima en casi 35 millones de soles (unos 9,27 millones de dólares) por la paralización de la pesca de bajura, la caída del turismo y otros sectores económicos sigan en aumento.

Daza, quien afirma que los 60.000 habitantes de Ancón son víctimas del derrame, pide a su vez que Repsol compense a todo el distrito y llama a los vecinos de la municipalidad a hacer “un plantón” en las playas de la ciudad el día 15 de enero con motivo del aniversario.

Mientras calculan pérdidas, estiman presupuestos de limpieza y reparación y aguardan a que la justicia peruana se pronuncie al respecto, los trabajadores del muelle de Ancón esperan una solución para “el peor desastre ecológico ocurrido en Lima en los últimos tiempos”, según lo catalogó Naciones Unidas.(EFE).

Pablo Fernández Cermeño

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