De 15 años, Julián Velásquez Grisales fue visto por última vez en el barrio Niquía, de Bello, el pasado 25 de febrero. Aunque ya se estableció una recompensa de diez millones de pesos para quien ayude a hallar al joven, ni las autoridades ni sus familiares están más cerca de encontrarlo, ni aún después de 63 días de búsqueda.

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De acuerdo con testigos oculares, a Julián lo raptaron tres hombres armados y no identificados a las 3:30 de la tarde del 25 de febrero de este año. El lugar donde sucedió el secuestro fue en la avenida 38 con diagonal 59 de Bello, sitio donde minutos antes había muerto Esteban Berrío, otro joven. Berrío, también conocido con el alias de Pecueca, fue señalado de haber sido miembro de la banda Niquia Camacol, y también era el primo mayor de Julián, quien acudió a la escena cuando lo asesinaron.

Los mismos hombres de «los Pachelly» que asesinaron a Esteban Berrío serían los mismos que se llevaron a Velásquez, quien no pertenece a ninguna banda. Esta versión la confirma la misma madre de Velásquez e incluso las autoridades. En la escena hubo otro joven que también iba a ser raptado, pero que en último momento logró escapar.

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Haya sido o no este un acto de represalias entre bandas, ese mismo día luego del episodio circuló por Whatsapp un mensaje en el que supuestos miembros de «los Pachelly» se regodeaban por el asesinato de quienes ellos decían eran varios integrantes de la banda Niquía Camacol.

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Las autoridades advirtieron hacer caso omiso de estos mensajes y dado el caso realizar denuncias de las amenazas que vienen allí escritos. Sin embargo, los bellanitas dicen ya están acostumbrados a este tipo de mensajes, que llegan con recurrencia a sus teléfonos informando de nuevos cambios en el poder delincuencial de los barrios. Incluso, el día de la desaparición de Julián también circuló una foto con un cráneo aplastado, acompañada con el mensaje de que este era Julián. Todo fue rápidamente desmentido por sus familiares y conocidos, pero el pánico se llegó a sembrar por un momento.  Y sigue el pánico, porque 63 días después de eso no se sabe nada de Julián.

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Las anteriores son solo algunas muestras del poder y de la influencia que pueden llegar a tener estas estructuras criminales en nuestros barrios. No es una casualidad no haber mencionado a la Policía o a alguna autoridad local en este artículo, porque hasta ahora estas se han limitado a un par de declaraciones oficiales sobre el tema de Julián. Más que la institucionalidad, en estos lugares son las bandas las que tienen el mayor control de lo que sucede, no solo con el control de territorios y espacios físicos sino hasta cierto punto también con el control del estilo de vida de sus habitantes y sus estructuras sociales y familiares.

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Las bandas criminales de Niquía Camacol y el Mesa que están aliadas enfrentando a la minoría de la banda Pachelly, tienen estructuras organizadas y armadas que se disputan territorios urbanos e incluso rurales: son en este momento algunas de las bandas con más fuerza y control en Bello, donde al ganar territorios se aseguran rutas y plazas de narcotráfico, nichos de extorsión e incluso establecimientos para procesar, almacenar o distribuir estupefacientes. Las autoridades, mientras tanto, persiguen a un enemigo que hasta ahora ha demostrado estar uno o dos pasos más adelante, y con armas vigentes como la del secuestro y la desaparición forzada para asestar golpes en la moral de sus rivales, rivales que en ocasiones terminan siendo la misma población.

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Como en muchos otros lugares del Valle de Aburrá, las confrontaciones de bandas criminales que pretenden apoderarse de territorios puede traer consecuencias tan graves como inesperadas para los terceros, que por lo general son los mismos habitantes de los barrios. Las llamadas «fronteras invisibles» sí existen todavía en el Valle de Aburrá, y las bandas tienen un poder que muchas veces la institucionalidad no sabe combatir. El caso de Julián Velásquez puede ser un daño colateral más de ese «estar en el momento menos indicado en el lugar menos indicado», pero otros casos como los de Kevin León, Jaime Manco, Andrés Vélez y Santiago Urrego demuestran que no toda Medellín es segura, ni siquiera para nuestros jóvenes.

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El brigadier general Eliécer Camacho, comandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, dijo que «nosotros tenemos claro la organización que lo tiene (a Julián). Estamos haciendo labores de inteligencia para ubicarlo». No obstante, esta declaración se dio el día tres de marzo, e incluso allí fue que se ofrecieron los 10 millones por información sobre Julián. Desde este día ninguna autoridad institucional se ha vuelto a pronunciar a pesar de que tienen claro «la organización que lo tiene», y Julián a fin de cuentas sigue desaparecido. Hay que dejar claro que es la institucionalidad la que está obligada a encontrarlo.

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Entretanto, su madre ya se expresó con preocupación por, de un lado, tener conocimiento de quiénes son los que secuestraron a su hijo («los Pachelly», según ella) y que no se lo hayan devuelto aún. Lo otro que le consterna es un trastorno físico que padece su hijo, y una medicina especial que necesita y que sabe que no debe estar recibiendo. «Debe tomar un medicamento recetado por un neurólogo», explicó. «Sin medicación puede estar muy enfermo».

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La Agencia de Prensa Análisis Urbano y la ONG Corpades abogan porque Julián este vivo y prontamente libre. No queremos que Julián sea otro desaparecido ni otra víctima más de la guerra que han desatado otros.

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Apunte Urbano

Hasta el momento la confrontación armada en el municipio de Bello se desarrolla en las comunas 7 y 8, entre la minoría de la organización Pachelly contra la alianza de El Mesa y Niquía Camacol.

La mayoría de la banda criminal de Pachelly no participa de la disputa armada al igual que no lo hacen Los Chatas, Los Triana, La Oficina del Doce, Los Peludos, El Mirador y La Oficina San Pablo, sin embargo, hay rumores de que Las AGC o Clan del Golfo estarían próximos a respaldar militar y económicamente a la minoría Pachelly con el objetivo de ejecutar una arremetida general contra los aliados, Niquía-Camacol y El Mesa, si este rumor se confirma la confrontación armada podría extenderse a otras comunas de Bello e incluso a otros municipios del norte del Valle de Aburrá como Copacabana, Girardota y Barbosa.

En el municipio de San Jerónimo ubicado en la subregión occidente de Antioquia ya se han sentido coletazos de la disputa armada en Bello, algunas personas habrían sido asesinadas al ser señaladas de tener cercanía a Las AGC o a los del Mesa.