Se le adelantó el aguinaldo a los jíbaros en Medellín

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Por Luis Fernando Quijano Moreno

 En julio de 2016 el país vivía el paro camionero por el permanente incumplimiento de los gobiernos de turno; los efectos perjudiciales de este se sentían en los diversos sectores económicos desde los procesos de producción, comercialización y exportación.

El 21 de julio de 2016, escribí el Apunte Urbano titulado: «Paro camionero también golpea a las plazas de vicio en Medellín», que mostraba cómo el crimen urbano padecía las consecuencias negativas del paro. «Las plazas de vicio no están marchando al ritmo acostumbrando porque falta materia prima para abastecerlas, “no hay con qué trabajar”, es la queja de quienes controlan el tráfico de droga en las comunas, “la cosa está tan ‘hp’ que la cripa está por las nubes, vuela por sí sola, su precio se incrementó”».

En la mayoría de las comunas y corregimientos de la ciudad se escuchaban comentarios sobre la escasez de la marihuana, al igual que en el sur y el norte del Valle de Aburrá. Fuentes consultadas por Análisis Urbano decían que el clamor era general y, como dicen los traficantes: «“en definitiva el paro nos toca y golpea a todos por igual” por ejemplo, “Un blunt que costaba $3500, hoy cuesta $5500, el proveedor, que trae de tres a cinco unidades, antes del paro  costaba $1000, hoy vale $2500”».

Igualmente, el artículo recordaba que desde el departamento del Cauca salen, aproximadamente cada mes, 60.000 libras de marihuana con destino a Medellín, de las cuales 20.000 llegan a la comuna 8, Villa Hermosa. Incluso que la cadena del narcotráfico de la cocaína —que en Medellín la vuelven perico— no estaba llegando en las cantidades requeridas. Al momento del paro más de mil plazas de vicio de Medellín y un número igual en el resto del Valle de Aburrá sentían la escasez de los productos. El crimen urbano hizo su agosto en julio, las arcas criminales se rebozaron.

Dos años después de dicho paro camionero se avizora una nueva bonanza en el tráfico de droga y en el recaudo de recursos económicos en las bandas criminales dedicadas al microtráfico; y esta vez no será por poco tiempo, como sucedió en julio de 2016. El Decreto 1844 de 2018 que «faculta a la Policía Nacional para combatir el microtráfico de drogas en espacios públicos» y que fue firmado por el presidente Iván Duque y los ministros de las carteras de Defensa, Justicia y Ministerio del Interior harían posible esta bonanza para los delincuentes.

El crimen urbano sabe que a partir del 1 de octubre de 2018 tendrán que aumentar la compra de marihuana y cocaína para abastecer más de 2000 mil plazas en el Valle de Aburrá. Los consumidores serán asediados permanentemente por los cuadrantes de la Policía que dedicaran más tiempo a mostrar los positivos exigidos por sus superiores respecto a dosis confiscadas por día.

Mientras la corrupción también aumentará a la par de los falsos positivos judiciales, se descuidarán otros asuntos importantes como la lucha contra el crimen urbano. La fiesta será doble: más ingresos y menos presión institucional. Los negocios ilegales en los territorios urbanos donde cogobiernan las estructuras paramafiosas y las bandas que están asociadas al microtráfico se harán más boyantes; e igualmente las bandas criminales independientes sentirán este regalo que les entrega el decreto presidencial de Iván Duque.

Así que quienes trabajan en el negocio ilegal de la producción cultivos de uso ilícito y el procesamiento de la hoja de coca en el departamento del Cauca y en las subregiones antioqueñas del Bajo Cauca y el Norte desde ya están preparando la estrategia para aumentar la producción de marihuana y cocaína, pues la demanda será mayor.

Cada consumidor que le sea confiscada la dosis personal, volverá a buscar cómo abastecerse. Los jibaros estarán felices porque los clientes regresaran más pronto de lo esperado e incluso se multiplicaran. Además, según la estrategia de control al microtráfico, dirigida solo a los consumidores, no se atacarán las plazas y menos a las cabezas en la cadena del tráfico de drogas interno, también conocido como narcomenudeo.

Como dice la cuña de una emisora local: «desde septiembre se siente que viene diciembre»; y así es. Se le adelantó la Navidad al microtráfico y con el decreto se dio inicio a la fiesta criminal en la ciudad: los negocios avanzan bien, los patrones acaban de coronar no uno sino varios cargamentos sin correr tanto riego. ¿Será que la alborada mafiosa o traqueta se adelanta o habrá varias hasta llegar el 1 de diciembre?

Además de esa inquietud por la fiesta de la pólvora, es bueno dejar las siguientes preguntas para ahondar en el debate público que abre este decreto: ¿cuántas libras más de marihuana ingresaran desde el Cauca?, ¿cuántos kilos de base de coca o en su defecto de cocaína llegaran a las plazas de vicio?, ¿subirá, rebajará o se mantendrá el precio de baretos, blunt y bolsa de perico?, ¿quién, además del crimen urbano, se verá favorecido con estas medidas coercitivas?

 

 

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