“Cuando nos estábamos comiendo la empanada, los policías nos pidieron la cédula, pensamos que era para revisar antecedentes judiciales. Fue en ese momento cuando dijeron que nos iban a multar por promover el desuso del espacio público”, narró Claros.
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Entretanto, la indignación crece en el país por lo absurdo del procedimiento, que parece más otra historia de Macondo o un capítulo de los Simpson.
El caso de este joven de 22 años, quien se desempeña como Analista de Pruebas en una empresa de desarrollo de software y estudia Ingeniería de Sistemas, tomó por sorpresa a muchos colombianos que no tenían la menor idea de que comprar un producto en vía pública, actividad muy cotidiana en el país, acarreaba semejante sanción.
Así lo cuenta Steven Claros quien, a la salida de su trabajo en La Castellana, compró una empanada a un vendedor ambulante sin saber que estaba cometiendo una infracción.