Un nuevo paro nacional ya se cocina (o está que se quema)

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Recordemos aquellas épocas no tan lejanas en las que podíamos salir a la calle sin tapabocas. La gente al trabajo, al colegio, a la universidad, todo a su ritmo. Ahora, si usted habita una de las grandes ciudades, alguna vez le tocó participar, ver o quejarse de alguna manifestación de algunas miles de personas que cerraron calles para dar un mensaje.

Esto ya volvió. Bogotá, Medellín, Cali y otras ciudades ya han sido testigas de manifestaciones de colectivos estudiantiles, trabajadores, sindicales, médicos y profesionales que están en contra de un número de cosas que van desde la gestión del gobierno para los recursos contra el covid hasta la voz a fuego que pide que terminen las masacres en Colombia (Análisis Urbano, solo ayer, tuvo información de por lo menos tres masacres en el territorio nacional).

Entonces la gente se cansó. Se cansó, quizás, no tanto del tapabocas como obligación sino de los mensajes indulgentes de Iván Duque todos los santos días a las seis de la tarde en todos los canales nacionales.

De acuerdo a la información que hemos recogido, la gente se cansó de no tener acceso a subsidios cuando de verdad lo necesitan mientras el gobierno entrega préstamos millonarios a una empresa registrada en Panamá (sí, Avianca).

Nos dicen que la gente se cansó de una nueva táctica maquiavélica de pasar una grupa cualquiera por Covid – 19 y así pedirle al gobierno dinero que no necesitan. Se cansó de poner trapos rojos durante semanas y cantar al ritmo de los equipos de sonidos de los vecinos mientras el gobierno saca publicidades de caritas rojas y verdes que no le solucionan nada a nadie.

Se cansaron de que en su vida diaria no tuvieran casa, carro, mercado ni billetes y que, además, ahora no tendrían ni siquiera un sistema de salud preparado para recibirlos en caso de ser portadores de un virus que está amenazando con decimar la población mundial.

Los estudiantes con los que hablamos, quienes no se han graduado todavía, ruegan que por favor el gobierno o el Congreso al menos considere la posibilidad de concretar la idea de aquello de la “Matrícula cero”, que acabaría con los problemas de educación de millones de jóvenes colombianos al ofrecerles un modo económico de madrugar a clases.

Además, estos estudiantes nos dicen que la idea de la Renta básica universal no les suena para nada mal, al proporcionarle un ingreso seguro y mensual a aquellas personas que viven y raspan en un estrato 0, 1, o 2 de Colombia, que en la práctica puede ser como vivir en un estrato -1,-2 o de ahí para abajo.

Sí, amigo lector de Análisis Urbano, aquí aún hay personas que viven en cañadas al lado de ríos, aún hay niños que se alimentan de sancochos hechos en leña en un suelo de arena y aún hay ancianos que trabajan al día para ganarse cuatro mil pesos que les alcance para el arroz y la mantequilla.

Hablamos también con asociaciones de trabajadores, sindicatos, gremios, y todos coinciden en que la reforma laboral que se está proponiendo, si bien tiene un marco teórico sólido que podría llegar a beneficiar a independientes en apuros, se vuelve una telaraña de proporciones monstruosas para los tipos de contratos que ofrecen las empresas y contratantes colombianos.

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Además, nos explicó una abogada, una reforma como la que se propone beneficiaría mucho más a un país que esté acostumbrado al teletrabajo, al trabajo por horas, a la tercerización y “cuarterización” laboral, al trabajo a través de plataformas digitales, a leyes de TIC más desarrolladas… mejor dicho, de acuerdo con la abogada, en Colombia faltan unos años para que una reforma como la que se propone pueda marchar hacia adelante.

Sectores políticos, como la Colombia Humana, a diario se manifiestan alentando a la desobediencia civil, a las marchas y a un paro nacional que se iniciaría de maneria inicial el próximo 4 de noviembre. Otros sectores, como la Unión Patriótica (encabezada por la sobreviviente Aída Avella), insisten en que el gobierno deje de un lado otras cosas para enfocarse en la supervivencia tanto humana como laboral de la gente, que en algunos casos se está muriendo de hambre o de dos balazos en la cabeza, sin que el gobierno haga nada.

Colectivos y entidades como Somos Defensores, el Proceso Social de Garantías, Redepaz (que con juicio ha documentado todas las masacres de los últimos meses), Corpvicol, el comité del Paro Cívico de Buenaventura y el Cabildo Artipaz, entre otros, se han unido en un proceso de denuncia contra todo lo que hemos mencionado atrás, en especial el tema de la seguridad.

Los cabildos indígenas, asociaciones campesinas y sociedades de territorios rurales reclaman con más ahínco que nunca que el Estado haga presencia real en la totalidad del territorio, que los considere como una voz válida dentro de la conversación nacional y que protejan el medio ambiente como si fuera sus madres, porque es el gran tesoro que Colombia tiene y necesita.

Artistas como Juanes, Endson Velandia, Alejandro Riaño, Adriana Lucía, Julián Román, Santiago Moure, Martín de Francisco y, seamos francos, miles más, se han unido como voces poderosas dentro de la opinión pública para decirle a la gente que no es hora de guardar silencio.

Medios internacionales, como The New York Times, Reuters, CNN y otras empresas informaticas de renombre mundial, continúan mandando reporteros a Colombia para hacer historias sobre Covid, violencia y corrupción, y lo que es una historia taquillera en las casetas extranjeras a las 9 de la mañana, en Colombia es un titular más que pasó por la televisión al medio día y que casi nadie recordó.

También, las víctimas y los líderes sociales exigen con insistencia aquello que Colombia firmó en el Proceso de Paz hace cuatro años, que es las garantías de reparación y sobre todo no repetición.

*Análisis Urbano se reserva el nombre de las fuentes que utilizó para este artículo ya que, para nuestra tristeza, muchas de estas personas se encuentran bajo amenaza por estar proponiendo un cambio para Colombia.

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