Un “nunca más” en el cielo de Roma en memoria de los desaparecidos

Vista del Faro, que se levanta en el monte romano del Gianicolo desde 1911, cuando fue donado por un grupo de italianos residentes en Argentina a la capital italiana, se encenderá hoy por segundo año durante el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, una jornada en homenaje a las víctimas de la última y más feroz dictadura militar en ese país (1976-1983). EFE/ Andrea Cuesta
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Roma, 24 de marzo de 2022.- Angelo Marasca, un argentino de 52 años que vive en Roma desde hace una década, se emociona al recordar a los miles de desaparecidos que dejó el Plan Cóndor, el sistema represivo urdido por varias dictaduras latinoamericanas en los años 70 y 80 del que él mismo fue víctima cuando era muy joven.

Las cicatrices que le dejó esa terrible experiencia le han llevado a impulsar una iniciativa con la que recordar a todas las víctimas: encender el Faro de Roma para iluminar el cielo de la capital con “una luz que diga nunca más a los desaparecidos y a las violaciones de los derechos humanos”, explica a Efe.

Vista del Faro, que se levanta en el monte romano del Gianicolo desde 1911, cuando fue donado por un grupo de italianos residentes en Argentina a la capital italiana, se encenderá hoy por segundo año durante el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, una jornada en homenaje a las víctimas de la última y más feroz dictadura militar en ese país (1976-1983). EFE/ Andrea Cuesta

El Faro, que se levanta en el monte romano del Gianicolo desde 1911, cuando fue donado por un grupo de italianos residentes en Argentina a la capital italiana, se encenderá hoy por segundo año durante el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, una jornada en homenaje a las víctimas de la última y más feroz dictadura militar en ese país (1976-1983).

“Para mí, ver esa luz que dice ‘nunca más’ es una sentencia moral para todas esas personas que hicieron tanto mal”, reivindica Marasca, que recuerda con amargura el episodio de violencia que vivió cuando tenía 12 años y fue amenazado por un grupo militar armado que simuló su fusilamiento para asustarlo, así como otra experiencia traumática a los 17 años.

“Estábamos mis amigos y yo en una plaza junto al colegio y vino una patrulla policial que nos secuestró: nos llevaron a una comisaría en la periferia de Buenos Aires, y allí nos desnudaron y nos torturaron. Estuvimos casi 12 horas incomunicados y era en plena democracia, en 1985”, relata.

Mientras Marasca vivió la represión en primera persona, el italiano Enrico Calamai observó esta situación desde el consulado de su país en Buenos Aires, al que llegó en 1972.

Vista de la placa conmemorativa que se encuentra en el Faro, que se levanta en el monte romano del Gianicolo desde 1911, cuando fue donado por un grupo de italianos residentes en Argentina a la capital italiana, se encenderá hoy por segundo año durante el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, una jornada en homenaje a las víctimas de la última y más feroz dictadura militar en ese país (1976-1983). EFE/ Andrea Cuesta

“En Argentina yo estaba en el consulado y mi trabajo era preparar los pasaportes y los papeles para repatriar a los italianos que estaban en el país en caso necesario”, explica a Efe el conocido como el “Schindler de Buenos Aires”, un sobrenombre que se ganó por haber ayudado a salir del país a más de 300 perseguidos por el régimen militar argentino.

En 1976, cuando la junta militar dio un golpe de Estado en Argentina -del que hoy se cumplen 46 años- y comenzó la represión, Calami, gracias a su trabajo en el consulado, pudo otorgar pasaportes italianos a quienes necesitaban escapar de las garras del Plan Cóndor urdido por los militares argentinos con los regímenes dictatoriales de sus vecinos, como Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia.

El diplomático recuerda aún a las víctimas de la represión silenciosa que se vivía en el país en esos años: “Una joven vino al consulado con su madre a hacer una denuncia porque su novio había sido secuestrado y a los pocos días la secuestraron también a ella”.

Lo que más le sorprendió de esa historia es que, aunque la chica no tenía actividad política, la torturaron: “Si eras joven eras sospechosa y te podrían hacer desaparecer. Esa era la realidad de Argentina”.

“Ella vino a su consulado para denunciar, aunque la hubiesen amenazado si lo hacía, y yo mandé toda su documentación a Roma, pero no hubo contestación” por parte de las autoridades italianas, recuerda con amargura.

Y se muestra muy crítico con el inmovilismo de Occidente ante la brutal represión del Plan Cóndor en todo el Cono Sur: “Callaron porque tenían intereses económicos, dieron prioridad a los intereses antes que a los derechos humanos”, asevera.

Aún se muestra frustrado por el proceso judicial en Italia para juzgar a más de cien militares por la desaparición de cientos de ítalo-latinoamericanos durante el Plan Cóndor y que concluyó este año tras más de dos décadas: “Una cosa es juzgar a criminales de guerra o violaciones a cualquier ser humano y otra es condenar en defensa de tus ciudadanos”.

Calami y Marasca participan hoy juntos en el acto de la iluminación del Faro de Roma para recordar a los desaparecidos y a las madres y abuelas de la Plaza de Mayo, pero también a todas las víctimas de las guerras.

Por eso la luz del Faro cobrará este año aún más importancia, cuando Ucrania es asolada por una terrible guerra, para enviar el mensaje de “un nunca más, más fuerte que nunca, a que cesen la guerra y no haya más violaciones de derecho”, dijeron a Efe ambos.

Andrea Cuesta

EFE

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