Un respiro para periodistas de «alto riesgo»

FECHA:

Madrid, 10 – Hace unos años, un grupo armado retuvo durante horas a varios periodistas en el estado mexicano de Guerrero. Entre ellos estaba el fotoperiodista Alejandro Ortiz. Ahora está en Madrid, donde toma «un respiro» lejos del clima de violencia que se vive día a día en su país, considerado el más peligroso de América Latina para ejercer la profesión.

No lo hace solo. Junto a él, la colombiana Andrea Aldana, la salvadoreña Carmen Valeria Escobar y el boliviano Juan José Toro Montoya se recuperan en la capital española del estrés que les genera ejercer el periodismo en condiciones de alto riesgo.

Los cuatro forman parte del tercer Programa de Acogida de Periodistas Latinoamericanos que Reporteros Sin Fronteras (RFS), en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, pone en marcha para que profesionales como ellos puedan, durante tres meses, hacer un paréntesis en sus vidas bajo la tensión de la amenaza y ampliar su formación.

MÉXICO, LA IMPUNIDAD QUE NO CESA

Alejandro Ortiz pasea por la capital española con la sensación de que mientras tanto nada está cambiando en México, donde los asesinatos de periodistas «quedan impunes la mayoría de las veces».

Según la organización Artículo 19, desde 2000 hasta la fecha 137 periodistas han sido asesinados en ese país en posible relación con su labor. De estos, 47 se registraron durante el mandato del expresidente Enrique Peña Nieto y 17 en el actual de Andrés Manuel López Obrador.

«Mientras no haya un castigo esto no va a cesar, la situación de riesgo va a permanecer, como ha permanecido históricamente», asegura a EFE Ortiz, quien ha sido secuestrado y amenazado de muerte en varias ocasiones por investigar el crimen organizado y sus vínculos con los poderes públicos en el estado mexicano de Guerrero.

«México vive en medio de dos flancos: uno es el crimen organizado y el otro es el gobierno, que de alguna manera van de la mano», afirma el fotoperiodista, quien apunta que le causa «cierto enojo y frustración» no poder continuar con lo que hace libremente «sin tener represalias».

PERIODISMO ENTRE LA GUERRILLA Y EL NARCO

El desgaste que supone llevar más de diez años investigando el conflicto armado derivado de las guerrillas de las FARC, las vulneraciones de derechos humanos, y las mafias vinculadas al narcotráfico en los territorios rurales de Colombia han llevado a Andrea Aldana a un retiro momentáneo en Madrid.

“¿Qué me lleva a mí a salir? Precisamente estar exponiendo o investigando los poderes estatales de mi país”, afirma a EFE la periodista, que tuvo que abandonar su país «de manera desesperada» en dos ocasiones después de sufrir agresiones físicas «brutales».

A pesar de todo, «no sé si es vocación, terquedad, obsesión o qué, pero yo siento que tengo que estar en Colombia», asegura Aldana, porque «atraviesa por un momento en el que han asesinado desde la firma del acuerdo de paz con las FARC, 400 líderes sociales, 250 firmantes de la paz… y todos estos crímenes se volvieron estadísticas”.

Poner cara a esos dramas, para que las muertes no se conviertan en un número, es fundamental para Aldana, que denuncia también el riesgo añadido que supone ser mujer para ejercer la profesión en las zonas rurales.

LOS «FALSOS ENEMIGOS DE BUKELE»

Las «verdades incómodas» que la salvadoreña Carmen Valeria Escobar ha destapado desde la revista independiente Gato Encerrado le han valido constantes amenazas, acoso en redes y represalias contra su familia.

«Mi ambiente más hostil viene de parte de la política, de las oficinas del Ejecutivo, que es el ámbito donde me muevo», asegura a EFE Escobar, quien denuncia que la libertad de prensa en su país se ha visto especialmente amenazada con la llegada a la presidencia del actual mandatario, Nayib Bukele, en 2019.

Desde hace más de un año la salvadoreña verifica las promesas y las medidas que anuncian los políticos de su país. Ha revelado, entre otras, la falta de planes en materia de salud del Gobierno de Bukele y la corrupción y malversación de fondos desde el Ministerio de Salud durante la pandemia de la covid-19.

«Este es nuestro trabajo», indica la joven periodista, que tiene muy claro que quienes corren más riesgo son las víctimas que aparecen en sus textos.

PERIODISMO CONTRA LA CORRUPCIÓN MINERA

Desde Potosí llegó a Madrid en enero el boliviano Juan José Toro Montoya para alejarse temporalmente de las agresiones y represalias que ha recibido por denunciar la sobreexplotación del Cerro Rico, un histórico yacimiento de plata que sustenta la economía local.

Desde el diario El Potosí, Toro Montoya investiga los vínculos directos entre los gobiernos locales y los empresarios mineros encargados de la explotación y que, señala a EFE, «se disfrazan de cooperativistas para trabajar en la cúspide del cerro rico y explotarlo».

Desde la tranquilidad de estos meses en Madrid denuncia las dificultades que afrontan la prensa y los periodistas en Bolivia, tanto bajo los gobiernos izquierdistas del expresidente Evo Morales y del actual mandatario Luis Arce, como durante el periodo transitorio del Ejecutivo de derechas de Jeanine Áñez.

“Es sumamente complicado explicar a la gente que (en Bolivia) estamos viviendo un gobierno que sí es democrático y legal pero que hay libertades que no se respetan, como la libertad de prensa», subraya.

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