Una “pintica” negra para los carnavaleros de la ciudad colombiana de Pasto

Grupos de personas participan en el “Día de Negritos” hoy, durante el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto (Colombia). EFE/Mauricio Dueñas Castañeda
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Pasto (Colombia), 5 de enero de 2023.- Con la icónica frase “una pintica, por favor”, cientos de personas dejaron marcar este jueves sus rostros con cosméticos color negro, al calor del cuarto día del carnaval de Negros y Blancos que esta semana celebra la ciudad de Pasto, capital del departamento colombiano de Nariño (suroeste).

En este “Día de Negritos”, las sendas y plazas pastusas se transforman en un desfile informal de transeúntes carnavaleros que, como parte de los tradicionales “juegos caricia” o “la pintica”, se divierten embadurnándose “hasta el pupo (ombligo)” de manchas negras.

Aunque existen diversas discusiones acerca del origen de este día de la festividad, los estudiosos coinciden en que ya en 1854 existía este tipo de juego, especialmente en los barrios periféricos de la ciudad.

“En la época prehispánica, ya existían algunas manifestaciones de rituales como las danzas en honor a las deidades, a modo de celebraciones. Sin embargo, estas fueron suspendidas por la cultura española y, después, aparecieron otras manifestaciones a consecuencia del sincretismo”, explicó a EFE el exgerente e investigador del carnaval Leonardo Sansón.

Al mismo tiempo, Sansón destacó la carga simbólica de esta fiesta que, para él, constituye “la más grande escuela pública abierta de formación de convivencia” en la que “se desdibujan los límites sociales haciendo que hasta el más humilde pueda llegar al rostro de la encopetada dama y acariciarla”.

LA PERSISTENCIA DEL RACISMO

Aunque el exgerente ve en los juegos del “Día de Negritos” una herramienta que contribuyó a que la región no sea “tan sectaria y racista”, participantes del carnaval como el músico de la Agrupación Los Alegres del Telembí, del municipio de Barbacoas, Javier Ortiz denuncia que en Pasto aún “hay mucho racismo”.

“Acá en Pasto, los negros somos considerados como ladrones, como ratas, como lo peor”, lamentó al tiempo que agregó que una de las principales formas de rechazo se manifiesta en forma de barreras de acceso a “trabajos grandes”.

“Los negros, pese a que nos han matado, seguimos en la lucha”, aclaró mientras recitaba uno de los versos de denuncia de sus canciones que reza: “hasta los médicos no nos brindan atención, los niños mueren y sufren por tener negro el color”.

BAILAR AL SON DEL PACÍFICO

Entre las propuestas musicales que pisaron esta mañana el escenario de la Plaza del Carnaval teñida de blanco por el polvo, el talco y la espuma arrojados por los asistentes, sonaron las marimbas, el bombo macho y hembra, los cununos (tambor) y el guasá (canuto de guadua con semillas duras en el interior), instrumentos de percusión propios de la música folclórica del Pacífico.

Entre estos artistas se destaca con sus pies descalzos y enfundado en un traje con detalles rojizos el sesentero músico procedente del municipio Roberto Payán e integrante de la Agrupación Herencia de los Ríos, Lidio Avelino Angulo.

“Vamos a tocar la música que nos enseñaron nuestros ancestros. Ellos nos enseñaron formas de cantar para despedir a nuestros difuntos antiguos y a los niños. Esto último se conoce como chigualo”, relató Angulo segundos antes de subir a la tarima.

Como propuesta de danza, los jóvenes reyes del bambuco viejo de Tumaco 2022-2023, María Catalina Zambrano y Nefer Daniel Valencia, deleitaron al público carnavalero con esta danza que se basa en el coqueteo, combinada con otro baile típico de la zona: el currulao.

“En este baile, hay algunos pasos en los que el hombre zapatea a modo de coqueteo para llamar la atención de la chica. Ella, al principio, lo ignora, pero después de que el hombre insiste e insiste, lo sigue y acepta bailar con él”, desveló Valencia.

Maribel Arenas Vadillo

EFE

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