Medellín amaneció este miércoles 3 de abril con una cifra de 163 homicidios en lo que va corrido del año. En 92 días de 2019 (con cierre estadístico el martes 2 de abril) la comuna 12, la América, es la más violenta, con 17 asesinatos.

Le siguen la comuna 10 (centro de Medellín) y la comuna 7 (Robledo) con 15 homicidios, y el corregimiento Altavista y San Javier (comuna 13) con 14 casos cada uno.

En igual periodo de 2018 (1 de enero – 2 de abril) la cifra de homicidios era de 144, 19 asesinatos menos. Es decir, que el aumento en homicidios en 2019 es del 13 %.

El promedio de asesinatos en la ciudad es de 1,777 por día, lo que significa que, haciendo una proyección (por la cual ofrecemos de nuevo disculpas), terminando el presente año habrán asesinado a 647 personas en Medellín, si las autoridades no detienen el accionar de sicarios y bandidos, empeñados estos en alterar el orden público de la ciudad.

Recordemos que el año 2018 cerró con 627 homicidios (40 mujeres), mientras que en 2017, la cifra fue de 584 asesinatos (61 mujeres). Los casos van en aumento cada año. No están lejos de la realidad quienes afirman que el alcalde actual entregará la ciudad tal como la recibió. Pero se equivocan en algo: la entregará en peores condiciones, con mayores cifras en cuanto a la inseguridad: aumento en la extorsión, conocida como “vacuna”, que hoy pocos denuncian por temor a morir baleados por un niño desescolarizado, abandonado por la familia, la sociedad y el Estado. Aumento en el hurto a celulares, vehículos, motos y personas. Incremento en los casos de desaparición y de desplazamiento.

Aumento en medidas restrictivas, como el pico y placa, porque es más fácil prohibir que atacar el problema. Y, ¿dónde está el problema? En la venta de gasolina de pésima calidad, industria que contamina con libertad gracias a que paga la multa; automotores como volquetas, camiones y buses impulsados por el venenoso Acpm, al que se cambiaron porque era más económico y ahora es igual de costoso que la gasolina; cerca de 4.000 habitantes de calle, intocables, que cada noche, sin falta, queman cables para extraer cobre, prenden plástico y madera para calentar la comida, sumados a ellos otros 18.000 habitantes en situación de calle que en promedio consumen 20 basucos diarios; los ciudadanos que fuman sus cigarrillos al aire libre, porque les es permitido; las motos dos tiempos; las motos cuatro tiempos, de las que cada año la Alcaldía autoriza vender miles que no sabemos por dónde circularán (pero para eso está el pico y placa). Sin contar que el alcalde conurbado toma la medida sin consultar y la impone 8 horas antes, sin avisar. Esa entidad administrativa sí que ha fallado: el transporte público metropolitano es un caos, la calidad del aire es pésima, la inseguridad aumentó en el Valle de Aburra, y ni hablar de la convivencia.

Todo ello afecta la seguridad, aumenta la violencia, el malestar. Celebramos que Policía Nacional, Ejército Nacional y Fiscalía General capturen a gagos, barbados, chichos, pochos. Sin embargo, el recambio es inmediato, pues ya ellos tienen el reemplazo. Y todo porque el problema, que es la venta y consumo de estupefacientes, sigue intacto. Mientras haya demanda, habrá oferta. Y la ofrecerá alias “Cualquiera”, asociado con alias “Compinche”, quienes quitarán de en medio a quien sea para mantenerse, para asegurar su fugaz reinado. Entretanto, los asesinatos, los hurtos, la extorsión y las desapariciones siguen ocurriendo en Medellín.

La estrategia estatal no está funcionando. La oferta institucional carece de eso, de ofertas atractivas. Los barrios están llenos de jóvenes que solo quieren ser bandidos. Y como ya lo dijimos antes, debe bajar el telón del show mediático y centrar de una vez la atención en la cruel y dolorosa realidad que se sufre en las comunas más pobres de Medellín: una ciudad de jóvenes desescolarizados, muchachos drogadictos, niños distribuidores de armas y droga, adolescentes que sostienen relaciones sexuales sin tapujos, sin horario, sin protección, sin educación; docentes que conocen de todo esto pero están amenazados, madres que descuidan a sus hijos para ir a conseguir el sustento, padres que abandonan a sus hijos, funcionarios que van al territorio y no deciden, funcionarios que deciden pero no van al territorio, políticas públicas que no sirven de nada y agentes que miran de soslayo la realidad, porque no les interesa una ciudad en la que no nacieron.