La hermana Martha Escobar, carmelita misionera, niega conocer a la monja uribista que con un megáfono estuvo en las afueras de la Corte Suprema de Justicia lanzando arengas a favor del senador Álvaro Uribe el pasado 8 de octubre.

Su actitud y vehemencia puso a todo el país a indagar por ella. El hábito la hace parecer monja, pero no lo es. Al ser consultada, dijo llamarse Adriana Torres, de la Congregación Misionera Carmelita, y aseguró que su trabajo misional lo desarrolla en el barrio Santo Domingo, zona nororiental de Medellín.

Durante la indagatoria al expresidente Uribe, quien asistió a una indagatoria en el proceso que se adelanta por su presunta participación en los delitos de fraude procesal y soborno, gritaba que respetaran al senador del Centro Democrático, a quien “Dios está respaldando”. “Él no es ningún paraco. Resentidos, están todos resentidos porque se les metió un campesino a la Presidencia”, dijo con el altavoz.

Al respecto, la Conferencia de Religiosos de Colombia emitió un comunicado que transcribimos a continuación:

“COMUNICADO A LA OPINIÓN PÚBLICA

Bogotá, 9 de octubre de 2019

La Conferencia de Religiosos de Colombia y la congregación de Carmelitas Misioneras, se permiten informar:

  • Que la congregación de Carmelitas Misioneras es una comunidad fundada en España en 1860 y está presente en Colombia desde 1925; cuenta, en la provincia colombiana, con 175 miembros, quienes desarrollan su actividad misionera en Colombia, Ecuador, México y Brasil.
  • Que, como todas las congregaciones aprobadas por la Iglesia católica, las Carmelitas Misioneras hacen parte de la Conferencia de Religiosos de Colombia.
  • Que las Carmelitas Misioneras, y demás religiosos y religiosas del país, fieles a las orientaciones de la Iglesia y de las congregaciones, participan de la vida política del país, ejerciendo sus derechos y deberes ciudadanos con responsabilidad, conscientes de su obligación, como cristianas/os y consagradas/os, de favorecer la paz y la reconciliación, evitando partidismos y actitudes que provoquen el enfrentamiento entre hermanos, hijos de una misma patria.
  • Que, como vida consagrada del país, rechazamos la violencia de palabra o de obra, e invitamos a todos nuestros hermanos colombianos a buscar caminos de diálogo y encuentro que permitan la construcción de la paz y la justicia”.