Escuchar el término “frontera invisible” se volvió recurrente en los últimos años en Medellín, como una forma de llamar la delimitación de territorios urbanos por parte de las bandas.

El sociólogo y politólogo Jaime Rafael Nieto se dio a la tarea de investigarlas a profundidad, y acabó de publicar el libro “Fronteras Invisibles”. Análisis Urbano habló con él para profundizar en el concepto y entender qué tan invisibles son en realidad estas fronteras.

Análisis Urbano: ¿Cómo es que las fronteras invisibles dividen territorios en Medellín?

Jaime Rafael Nieto: Las fronteras invisibles fragmentan y dividen el territorio porque responden a lógicas de micropoderes instaurados en varias territorialidades de comunas o barrios. Son formas en que esos micropoderes delimitan el control del mismo territorio y de la población como fuente de riqueza y fuente de poder.
Las fronteras invisibles, como las fronteras en la teoría política, delimitan un adentro y un afuera. El adentro significa que quien ejerce el control armado en esa territorialidad, por muy pequeña que sea, es quien impone normas, códigos de comportamiento y disposiciones de orden tributario, lo que llamamos vacunas o extorsiones. También control sobre los cuerpos y movimientos de la población, y en últimas sobre las libertades y derechos de los ciudadanos.
Pero esto siempre se da respondiendo a las lógicas de los micropoderes en disputa. Tampoco es que ellos se hayan puesto de acuerdo y hayan hecho consensos y se lo hayan repartido, la frontera corresponde más bien a relaciones de fuerza que entablan los actores en determinados ciclos de la dinámica de la confrontación violenta y armada en la ciudad. Por eso son móviles: persiste su delimitación mientras exista una determinada correlación de fuerzas.
También son temporales, y normalmente los referentes simbólicos de esas fronteras son muy visibles, conocidos por los pobladores. Por ejemplo una iglesia entre dos barrios, una escuela, una biblioteca, la cañada o la quebrada, el puente, el morro… referentes simbólicos que son parte constitutiva del paisaje histórico y geográfico constituido por las comunidades a través del tiempo.

AA: ¿Cómo aparecen y desaparecen estas fronteras en el tiempo?

JRN: Aparecen asociadas a la dinámica de la confrontación armada. Por lo general están asociadas a disputas exacerbadas entre dos o más contendientes territoriales en las comunas o barrios.
Por lo general, cuando un actor ejerce un monopolio más amplio en términos territoriales -un control armado más amplio-, o ejerce el control total sobre la criminalidad, tiende a disminuir la presencia o la operatividad de la frontera invisible.
Por ejemplo, en la época en la que alias Don Berna se alzó con el poder y monopolio de la criminalidad en la ciudad, entre el 2003 y 2004, se abrió un periodo hasta 2008 de relativa calma, porque alias Don Berna tenía el monopolio amplio sobre la cadena de la estructura criminal en la ciudad.
Eso trajo como efecto favorable la disminución de la confrontación violenta y armada entre combos, y se redujo la delimitación de fronteras puesto que buena parte de los combos respondían a esta lógica de monopolio del control territorial por parte de Don Berna. Como consecuencia también se redujeron las tasas de homicidios en la ciudad.
Por el contrario, cuando alias Don Berna fue deportado a los Estados Unidos, las bandas quedan acéfalas y se abrió una disputa entre ellas por ver quién hegemoniza sobre quiénes, y ahí se abrió un nuevo ciclo de confrontación violenta por control territorial. En este momento nuevamente cobran importancia las fronteras invisibles.
Esto se ha agravado, según las comunidades, con la incursión de actores armados que tradicionalmente no habían tenido presencia en la ciudad como la gente del Clan del Golfo o gente de Los Rastrojos. No hay una estructura que garantice un monopolio relativamente estable y extendido de la criminalidad en la ciudad.

AA: ¿Cómo una frontera invisible es la evidencia de ese poder o micropoder de los combos en la ciudad?

JRN: La frontera invisible no es solo un enunciado. No es algo que la gente diga a partir de puntos de referencia, sino que hay efectivos, los muchachos que se encargan de mostrar que es una frontera.
La presencia de estas personas demuestra que a partir de allí no puede entrar alguien impunemente. O no puede transitar así por así, tiene que pasar necesariamente por una autorización del combo o de los combos que ejercen control.

AA: ¿Qué tan invisibles son realmente estas fronteras?

JRN: Esa es la gran paradoja dentro del término de fronteras invisibles. De invisibles no tienen nada, son muy visibles. Son muy visibles al menos a los ojos tanto de los combos como de la comunidad que está bajo control.
Podrán ser invisibles para actores que están por fuera del territorio, incluso para las autoridades municipales y los organismos de seguridad del Estado en orden local.
Pero la verdad, de acuerdo con la investigación, las fronteras son muy visibles, son muy reales. De pronto la connotación de lo invisibles está en que no son fronteras explícita y públicamente reconocidas como cuando se delimitan fronteras a través de tratados. Acá no existen esos protocolos: es en la práctica, en la cotidianidad que se van corroborando que están allí presentes.

AA: ¿Cuáles son los peligros que la ciudadanía enfrenta ante las fronteras invisibles? Incluso si son las mismas personas que viven en el lugar…

JRN: El peligro más directo es el que tiene que ver con la seguridad de la vida. Transgredir una frontera de estas, pasarla sin autorización pone en riesgo la vida misma. Puede ser criminalizado de forma inmediata, aunque esto no es lo común: según los testimonios, tampoco es que haya gente lista para disparar a quien pase.
En el sentido más general, lo más ostensible es que el peligro está en la negación de las libertades, sobre todo de la libertad de libre desplazamiento por el territorio. Con ella los derechos ciudadanos.
También está el miedo, la zozobra y la intimidación. La gente vive en una situación de silencio y enmudecimiento, hasta de aislamiento. Ya no solo se habla entonces de fragmentación del territorio sino de ensimismamiento de la comunidad. Se produce hasta desconfianza para hablar incluso entre los mismos vecinos.

Ahora bien, hay que decir que en la investigación también descubrimos que la gente empezó a articular puentes de comunicación para oponerse a las fronteras, y hasta a apropiarse de la noción de fronteras para darle otro sentido: fronteras de hermandad, de visibilidad, de convivencia… las comunidades construyen formas de resistir la presencia de estas fronteras y de este control con formas creativas de comunicación, de crear lazos para la pérdida del miedo. Para ir recuperando el sentido de pertenencia del territorio.
Por muy ostensible que sea la presencia de la frontera, los actores armados tampoco llegan a tener un control absoluto del territorio y de la población.