Economía

Canadienses intensifican boicot a productos de EE.UU.

El boicot canadiense a productos de EEUU vuelve a crecer tras los nuevos aranceles de Trump, mientras supermercados facilitan identificar artículos nacionales.

Laura P 5 min de lectura
Canadienses intensifican boicot a productos de EE.UU.

CANADÁ / ESTADOS UNIDOS 29 de agosto de 2026 – El boicot de consumidores canadienses contra productos y servicios estadounidenses vuelve a tomar fuerza en medio de una nueva escalada comercial entre Canadá y Estados Unidos. La protesta, iniciada el año pasado como respuesta a los aranceles y a las declaraciones del presidente Donald Trump sobre su vecino del norte, ha terminado modificando los hábitos de compra, viajes y consumo de numerosos ciudadanos.

La tensión aumentó esta semana después de que Estados Unidos impusiera aranceles del 50 % sobre bienes canadienses valorados en unos US$20.000 millones. El primer ministro Mark Carney prometió responder con medidas equivalentes después del fracaso de las conversaciones comerciales entre ambos países.

Según información publicada por The Guardian, más de 3.500 personas de distintas regiones de Canadá respondieron a una convocatoria del medio para explicar cómo habían cambiado sus hábitos debido a las decisiones políticas y económicas de la administración estadounidense. Entre las respuestas aparece una tendencia común: priorizar productos nacionales y reducir, en la medida de lo posible, el consumo de bienes y servicios procedentes de Estados Unidos.

La protesta ya no se limita a determinados alimentos. Algunos consumidores han dejado de comprar bebidas estadounidenses, productos agrícolas, vehículos y artículos tecnológicos, mientras otros han cancelado suscripciones a servicios digitales o reducido su presencia en plataformas vinculadas con empresas de Estados Unidos.

También existe un impacto sobre el turismo. Parte de los participantes consultados por The Guardian aseguró haber dejado de viajar a Estados Unidos, incluso cuando hacerlo supone desplazamientos más largos o mayores costos. Algunos han optado por pasar sus vacaciones en Canadá, México, República Dominicana o países europeos.

La campaña ha popularizado expresiones como ABUS —“Anything but US”, cualquier cosa menos estadounidense— y ABUSA —“Anywhere but USA”, cualquier lugar menos Estados Unidos—, además del lema “Elbows Up!”, una expresión tomada del hockey que se ha convertido en una forma de reivindicar la defensa de los intereses canadienses.

El movimiento también se refleja directamente en los supermercados. La República, con información de Bloomberg, informó que Loblaw, la mayor cadena de supermercados de propiedad canadiense, decidió recuperar los carteles y etiquetas utilizados anteriormente para facilitar a los consumidores la identificación del origen de los productos.

La compañía volverá a indicar el país de procedencia en los carteles de las secciones de frutas y verduras frescas. También está utilizando el símbolo de la hoja de arce para identificar productos canadienses y facilitar a los clientes la compra de artículos nacionales.

Loblaw, que registró ventas aproximadas de US$46.100 millones durante su último ejercicio fiscal, explicó que la decisión responde a las solicitudes de los propios consumidores, interesados en apoyar a agricultores, productores, emprendedores y empresas de Canadá.

La compañía también marcará con una “T” los productos afectados por los nuevos aranceles canadienses, retomando una práctica aplicada durante la anterior escalada comercial. Entre los bienes estadounidenses que podrían encarecerse por las medidas compensatorias se encuentran alimentos y productos de consumo como pescado, mariscos, queso, leche y cosméticos.

El resurgimiento del boicot ocurre después de un periodo en el que parecía perder intensidad. Los viajes de ciudadanos canadienses hacia Estados Unidos habían comenzado a recuperarse, pero el fracaso de las recientes negociaciones comerciales y la imposición de nuevos gravámenes estadounidenses volvieron a deteriorar las relaciones.

El Gobierno de Carney respondió anunciando una lista de aranceles compensatorios sobre productos fabricados en Estados Unidos, mientras las autoridades provinciales también han aumentado los llamados para priorizar el consumo nacional.

El primer ministro de Ontario, Doug Ford, pidió a los ciudadanos revisar cuidadosamente las etiquetas y presionó a grandes cadenas como Loblaw, Walmart, Sobeys y Metro para incrementar las compras de productos elaborados en la provincia. Además, recordó a organismos gubernamentales la política que impide a empresas estadounidenses acceder a nuevos contratos de adquisición provinciales.

El alcance de la protesta queda reflejado también en los hábitos individuales recopilados por The Guardian. Algunos consumidores reconocen que evitar artículos estadounidenses puede resultar más costoso. William McDonald, mecánico de Ontario, señaló que el cambio hacia productos canadienses incrementó sus gastos, pero mantiene su decisión de priorizar lo producido en su país.

Otros han llevado el boicot hasta el sector tecnológico. El medio británico documentó casos de personas que sustituyeron dispositivos estadounidenses, cambiaron proveedores de correo electrónico y aplicaciones y abandonaron determinadas plataformas digitales. También aparecen consumidores que reemplazaron productos tradicionales de marcas estadounidenses por alternativas fabricadas en Canadá.

Las bebidas alcohólicas constituyen otro ejemplo. Un grupo dedicado a degustar whisky que gastaba alrededor de US$10.000 anuales en productos estadounidenses dejó completamente esas compras y comenzó a buscar alternativas canadienses.

La identificación del origen se ha convertido por ello en una herramienta importante para quienes participan en la protesta. Una encuesta de Angus Reid citada por The Guardian encontró en julio que el 40 % de los compradores de alimentos revisaba activamente la procedencia de los productos, y que la mayoría de quienes lo hacían intentaba evitar los estadounidenses cuando era posible.

La reacción tiene como antecedente la guerra comercial iniciada el año pasado y las reiteradas declaraciones de Trump sobre Canadá. Según La República, muchos consumidores ya habían reducido entonces sus compras de productos estadounidenses y sus viajes al país vecino, molestos tanto por los aranceles como por las afirmaciones del mandatario de que Canadá debería convertirse en un estado de Estados Unidos.

Los testimonios recopilados por The Guardian muestran que para una parte de los participantes la reacción va más allá de una protesta temporal contra determinadas medidas comerciales. Algunos consideran que la confianza histórica entre ambos países ha sufrido un deterioro profundo y aseguran que mantendrán sus nuevos hábitos incluso después de un eventual cambio político en Washington.

La nueva escalada entre Washington y Ottawa ha trasladado así la disputa comercial desde las decisiones gubernamentales hasta los supermercados y hogares canadienses. Mientras ambos gobiernos intercambian aranceles, un sector de los consumidores responde revisando etiquetas, buscando proveedores nacionales y reduciendo voluntariamente su dependencia de productos y servicios estadounidenses.

Con información de The Guardian y La República.

A.U.

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