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Nueva guerra sacude a Etiopía y aumenta el temor a un conflicto regional en África

La guerra en Etiopía vuelve a escalar tras la alianza de siete grupos armados contra Abiy Ahmed, mientras crece el riesgo de una crisis regional.

Laura P 7 min de lectura
Nueva guerra sacude a Etiopía y aumenta el temor a un conflicto regional en África

ETIOPÍA, 3 de octubre de 2026 – Etiopía vuelve a quedar al borde de una guerra de grandes proporciones después de que siete grupos armados, algunos de ellos antiguos enemigos, formaran una alianza contra el Gobierno del primer ministro Abiy Ahmed. Los nuevos enfrentamientos han alcanzado diferentes regiones del país y aumentan el temor de que la crisis termine involucrando a otras naciones del Cuerno de África.

El nuevo escenario comenzó a tomar forma el 20 de septiembre, cuando siete organizaciones anunciaron la creación de la denominada Alianza de las Fuerzas Populares Etíopes por la Supervivencia. El objetivo común declarado es derrocar al Gobierno de Abiy Ahmed y establecer una administración provisional en Adís Abeba que modifique el actual equilibrio de poder.

Tres días después, las fuerzas de Tigray tomaron los aeropuertos de Mekele, Aksum y Shire, ubicados en el norte de Etiopía. Las operaciones de la nueva alianza también alcanzaron posiciones militares y otras zonas de Tigray, Amhara y Afar.

La composición de esta coalición es uno de los elementos que mejor permite dimensionar el cambio ocurrido en Etiopía.

Miembros del Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) caminan por una carretera principal en Mekele el 23 de septiembre de 2026, mientras se intensifican las tensiones en el norte de Etiopía después de que los rebeldes tigrayanos tomaran el control de aeropuertos en la región. Rebeldes tigrayanos del norte de Etiopía se apoderaron de aeropuertos y se enfrentaron a tropas federales en la vecina región de Afar, según informaron varias fuentes a la AFP el 23 de septiembre de 2026, a medida que las tensiones latentes derivaban en un conflicto abierto. El Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) libró una devastadora guerra civil contra el gobierno federal entre 2020 y 2022, la cual causó la muerte de unas 600.000 personas, según estimaciones de la Unión Africana. Los enfrentamientos esporádicos y los ataques con drones registrados en los últimos meses han despertado temores de un retorno a la guerra. (Foto de AFP vía Getty Images)

Entre sus integrantes se encuentran el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF), el Movimiento Nacional Fano de Amhara y el Ejército de Liberación Oromo (OLA), además de organizaciones vinculadas a las regiones somalí, afar y Benishangul-Gumuz. DEF también menciona el respaldo del Frente Nacional de Liberación de Ogaden (ONLF).

Algunos de estos actores estuvieron enfrentados durante la guerra iniciada en 2020.

Las milicias Fano, por ejemplo, combatieron entonces junto al Gobierno federal contra las fuerzas de Tigray. Cuatro años después aparecen dentro de una alianza que tiene precisamente al Gobierno de Abiy Ahmed como adversario.

Sin embargo, compartir un enemigo no significa que todos los integrantes de la coalición persigan los mismos objetivos.

El Orden Mundial advierte que existen importantes diferencias entre los grupos que integran la alianza. Mientras algunos pretenden modificar la distribución del poder dentro del sistema federal y multiétnico etíope, otros mantienen aspiraciones que podrían llegar hasta la secesión de determinados territorios.

La crisis actual tiene profundas raíces en la guerra que estalló en noviembre de 2020 entre el Gobierno federal y las autoridades de Tigray.

Ese conflicto dejó una profunda crisis humanitaria y terminó formalmente con los acuerdos de Pretoria de noviembre de 2022, que establecieron un cese de hostilidades entre el Gobierno etíope y el TPLF.

El pacto, sin embargo, no resolvió todas las disputas territoriales y políticas.

DEF señala que el TPLF quedó considerablemente debilitado después de la guerra y continuó reclamando recuperar territorios de Tigray que habían quedado bajo control de fuerzas de Amhara. Las tensiones aumentaron nuevamente durante 2026 después de que una facción desplazara a la administración establecida en el marco de los acuerdos de Pretoria.

El deterioro de la situación terminó desembocando en las operaciones militares de septiembre.

La Unión Africana ha solicitado un cese inmediato de la escalada y pidió que las partes regresen a las conversaciones bajo el marco del acuerdo de Pretoria. La Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD) también llamó a los países vecinos a evitar acciones que puedan profundizar la crisis.

El riesgo, sin embargo, ya no se limita a las fronteras de Etiopía.

La posición estratégica del país, las disputas acumuladas con sus vecinos y las acusaciones cruzadas sobre apoyos a diferentes actores armados convierten la crisis en una amenaza para la estabilidad del Cuerno de África.

El Gobierno de Abiy Ahmed acusa a Eritrea, Sudán y Egipto de respaldar a la nueva alianza de grupos armados. Los tres países niegan esas acusaciones.

Las tensiones con Eritrea tienen especial relevancia dentro de este escenario regional.

La relación entre Adís Abeba y Asmara ha sufrido un fuerte deterioro después de la cooperación que mantuvieron durante la guerra de Tigray. La disputa por el acceso etíope al mar Rojo y las diferencias estratégicas entre ambos gobiernos han añadido presión a una relación ya deteriorada.

Sudán constituye otro frente de tensión.

De acuerdo con DEF, las autoridades sudanesas acusan a Etiopía de respaldar a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), que combaten al Ejército sudanés. Etiopía y las RSF rechazan esas acusaciones. Al mismo tiempo, Adís Abeba sostiene que Sudán brinda apoyo a combatientes vinculados al TPLF.

Egipto aparece igualmente dentro del complejo tablero regional debido a sus históricas diferencias con Etiopía, entre ellas las relacionadas con la gestión de las aguas del Nilo y la Gran Presa del Renacimiento Etíope.

Este entramado de rivalidades explica por qué una nueva guerra interna etíope podría tener consecuencias más allá de sus fronteras.

El Orden Mundial señala que el actual estallido tiene apoyos internacionales y capacidad para desestabilizar el Cuerno de África, una región donde ya convergen conflictos internos, rivalidades territoriales y disputas estratégicas.

La propia estructura política de Etiopía añade complejidad al conflicto.

El país está organizado como una federación multiétnica y sus disputas contemporáneas están profundamente relacionadas con las tensiones entre el poder central, las regiones y los diferentes grupos que componen el Estado.

La nueva coalición armada evidencia esas contradicciones: reúne temporalmente a organizaciones con historias, intereses territoriales y proyectos políticos distintos bajo el objetivo común de enfrentar al Gobierno de Abiy Ahmed.

Por eso, incluso una eventual consolidación militar de la alianza no significaría necesariamente el final de las disputas internas.

El desafío inmediato es evitar que los nuevos combates destruyan definitivamente el marco establecido en Pretoria y vuelvan a sumergir al país en una guerra prolongada.

La preocupación internacional se extiende, además, a la posibilidad de que las acusaciones de apoyo extranjero deriven en una participación más directa de los países vecinos.

Etiopía enfrenta así una crisis con dos dimensiones simultáneas: una lucha interna por la distribución del poder y el control territorial, y una disputa regional en la que confluyen los intereses de Eritrea, Sudán, Egipto y otros actores del Cuerno de África.

Lo que comenzó como una nueva escalada de las tensiones etíopes amenaza, por tanto, con superar las fronteras nacionales si fracasan los esfuerzos para recuperar el diálogo y contener los diferentes frentes armados.

Este artículo incluye datos e información recopiladas a partir de los reportes originales publicados por las agencias de noticias de France 24, El Orden Mundial y DEF.

A.U.

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